Tres consejos para mantener la motivación y seguir haciendo ejercicio durante todo el año

A man exercising outside
Around 80% of people will have given up on their New Year's resolutions, like exercising more, by February.Image: Unsplash/Karsten Winegeart
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  • Las investigaciones muestran que la motivación para seguir las rutinas de ejercicio emprendidas a raíz de los propósitos de Año Nuevo parece esfumarse en febrero.

  • Esto se debe a que eliges motivos equivocados, sostiene un profesor de psicología.

  • Explica que reducir el esfuerzo, elegir objetivos a corto plazo y centrarse en «ser» en lugar de «tener» son las tres claves para combatir la falta de motivación.

Febrero. El mes de los sueños y las ambiciones frustrados. Las zapatillas de deporte acumulan polvo y las chocolatinas han sustituido a las barritas de proteínas. El entusiasmo con el que nos lanzamos a cumplir los propósitos de Año Nuevo es ya un vago recuerdo.

Si está decayendo tu motivación para cumplir el propósito de hacer más ejercicio este año, no eres la única persona. Se estima que alrededor del 80 % de las personas habrán abandonado sus propósitos de Año Nuevo para febrero.

Hacer más ejercicio es el propósito de Año Nuevo más popular de 2022.Image: Statista

Pero puede que tu motivación decaiga porque, desde el principio, elegiste motivos y objetivos equivocados. Las investigaciones muestran que elegir el tipo de objetivo adecuado es clave para mantener la motivación a largo plazo.

Reduce el esfuerzo

Muchos creemos que para llevar una vida más saludable tenemos que hacer muecas, retorcernos, sudar y jadear. Por eso, a principios de enero, nos esforzamos mucho para alcanzar nuestros objetivos.

Por desgracia, nuestro cerebro nos anima a evitar el esfuerzo físico. Por eso, el esfuerzo excesivo que hacemos al ejercitarnos acaba jugando en nuestra contra y hace que, para finales de enero, tengamos menos motivación para hacer ejercicio. Nuestro cerebro vigila constantemente el cuerpo para detectar cualquier cambio con respecto al estado de reposo, que podría indicar un peligro para la salud. Cuanto más esfuerzo físico hacemos, más se activa una señal y nuestro cerebro nos dice que la actividad simplemente no compensa el esfuerzo ni el riesgo potencial.

Por eso, reducir al mínimo el esfuerzo que requiere hacer ejercicio puede ayudarnos a cumplir nuestros propósitos a largo plazo. Por ejemplo, si hasta te da pereza salir a trotar durante 15 minutos, hazlo durante cinco. O, si odias correr pero disfrutas con la zumba, opta por eso. La regla de oro es que la actividad que intentas motivarte a hacer debe ser placentera. Además, las investigaciones muestran que es mucho más probable que hagamos algo si requiere menos esfuerzo , sobre todo cuando empezamos nuevas rutinas de ejercicio.

El mismo principio se aplica a reducir el esfuerzo psicológico que exige hacer ejercicio, ya que nuestro cerebro también nos anima a evitarlo; hasta tal punto que, si podemos elegir, a menudo preferimos el dolor físico. Lo hace porque quiere reservar el esfuerzo psicológico para las situaciones de emergencia.

Al empezar una nueva rutina de ejercicio en Año Nuevo, cosas como encajar los entrenamientos en nuestro horario o levantarnos una hora antes requieren esfuerzo psicológico. Para reducirlo, puede ayudar limitar las decisiones innecesarias. Cuando llegue la hora de hacer ejercicio, elimina decisiones como si ir caminando o en coche a la clase, o deja las zapatillas siempre en el mismo sitio para no tener que buscarlas.

Reducir el esfuerzo psicológico que exige hacer ejercicio ayuda a mantener la motivación.Image: Unsplash/Bruno Nascimento

Aunque parezcan decisiones pequeñas, todas pueden sumarse y hacer que tengamos menos motivación para hacer ejercicio cuando nos toca tomarlas. Las investigaciones incluso muestran que, cuando pensamos que nuestros objetivos requieren poco esfuerzo para alcanzarlos, es más probable que los alcancemos.

Elige objetivos a corto plazo

Otro error básico de motivación que muchos cometimos en enero fue fijarnos objetivos demasiado lejanos. Mucha gente empieza a hacer ejercicio para perder unos kilos, quizá para volver a ponerse sus vaqueros favoritos. Pero, cuando el resultado queda muy lejos, nuestro cerebro no asocia la motivación (volver a ponernos los vaqueros) con hacer ejercicio, así que tenemos menos ganas de ejercitarnos.

Si elegimos un objetivo cuyo resultado sea más inmediato, nuestro cerebro asociará el resultado positivamente con el ejercicio, porque ambos ocurren al mismo tiempo. Por ejemplo, los beneficios del ejercicio para mejorar el estado de ánimo se notan más rápido que los cambios en la salud física, así que podrían ser un mejor estímulo para seguir haciendo ejercicio mucho después de enero. En resumen, haz que la razón para ejercitarte sea inmediata y alcanzable, y los beneficios a largo plazo llegarán después.

Céntrate en «ser» en lugar de «tener»

La última estrategia para motivarte consiste en cambiar el tipo de objetivo que te propones. Los llamados objetivos de «tener» sirven de poco a nuestro cerebro motivacional, que se centra en cosas más importantes, como ser eficaces en lo que hacemos y crear vínculos sociales. Un ejemplo de objetivo de «tener» sería hacer ejercicio para tener un cuerpo mejor. Nuestro cerebro considera que este tipo de objetivo es menos importante porque no nos ayuda a cumplir objetivos esenciales para prosperar.

Por otro lado, los objetivos que más probablemente mantengan nuestra motivación son los de «ser». Un ejemplo sería hacer ejercicio para estar saludable o tener más capacidad atlética. Los objetivos de «ser» son mejores porque las personas tendemos a querer estrechar lazos con otras afines a partir de nuestras identidades. Se cree que esta motivación surgió en nuestro pasado ancestral, ya que crear vínculos nos ayudaba a sobrevivir. Por ejemplo, a alguien puede resultarle más fácil perseverar en el ejercicio si lo hace para demostrar su capacidad atlética. Por eso, las personas tienen más facilidad para mantener objetivos de «ser», en comparación con otros tipos de objetivos.

Aunque a finales de enero hayas perdido un poco el rumbo, no significa que tengas que renunciar por completo a tus objetivos. Hacer algunos ajustes en ellos y en tu forma de abordar el ejercicio puede ayudarte a mantenerlos mejor durante el resto del año.

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