3 prioridades clave para evitar una catástrofe sanitaria provocada por el clima de aquí a 2050

People wade through a flooded street amid heavy rains brought by Typhoon Gaemi, in Manila, Philippines, July 24, 2024. Climate change is expected to take a huge toll on global health.
Climate change is expected to take a huge toll on global health.Image: REUTERS/Lisa Marie David
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  • 14,5 millones de personas adicionales podrían morir de aquí a 2050 a causa del calentamiento global.

  • Las personas más vulnerables del mundo serán las que paguen el precio más alto, ya que el cambio climático causa sus peores estragos en los países en desarrollo.

  • Evitar este sombrío futuro es posible, pero debemos empezar a trabajar con rapidez y de manera colaborativa, en torno a tres prioridades clave.

Si bien los efectos del cambio climático en la economía mundial y en la naturaleza están bien documentados, algunas de las consecuencias más graves del aumento de las temperaturas del planeta recaerán sobre la salud humana y el sistema sanitario mundial.

En un informe conjunto publicado en 2024 — Quantifying the Impact of Climate Change on Human Health — el Foro Económico Mundial y Oliver Wyman calcularon que hasta 14,5 millones de personas adicionales podrían morir de aquí a 2050 a causa del calentamiento global. Es probable que decenas de millones más se enfrenten a enfermedades crónicas, discapacidades y desplazamientos, a medida que sus territorios se vuelvan inhabitables por los estragos de las sequías y las inundaciones.

Otros 500 millones podrían verse expuestos a enfermedades como la malaria y el Zika, a medida que los vectores transmisores de enfermedades se extiendan hacia Norteamérica y Europa.

La economía mundial y el sistema sanitario afrontarán pérdidas superiores a 12,5 billones de dólares, lo que limitará aún más la capacidad de respuesta. Y, como si fuera poco, las poblaciones que sufren con mayor dureza las calamidades climáticas viven en las regiones del mundo que menos recursos financieros tienen para aliviar el sufrimiento y que menos responsabilidad tienen en el calentamiento.

En pocas palabras: el planeta se enfrenta a décadas de sufrimiento, desplazamientos y pérdidas económicas si no logramos avances significativos para frenar el impacto del calentamiento global en la salud.

Prepararse para un futuro de crisis sanitarias

Aunque todavía existe esperanza de reducir las emisiones, los responsables políticos y el sector sanitario deben prepararse para la probabilidad de que no logremos limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Actualmente, una trayectoria de calentamiento de entre 2,5 y 2,7 °C es el escenario más realista, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y es aquel en el que se basan las predicciones de Quantifying the Impact of Climate Change on Human Health.

Aunque a menudo no se habían tenido en cuenta en los debates sobre el cambio climático, estas visiones dantescas finalmente ocuparon un lugar en la agenda de la cumbre climática de las Naciones Unidas de 2023, cuando 123 países firmaron la primera Declaración sobre Clima y Salud de la historia y se comprometieron a destinar 1.000 millones de dólares a que los sistemas sanitarios sean más resilientes al clima. Si bien esta muestra de unidad supuso un primer paso importante, aún se necesitan muchos más.

3 estrategias que los responsables políticos deben priorizar

En noviembre, en la COP29 en Azerbaiyán y en la cumbre del G20 en Río de Janeiro, los líderes mundiales tienen dos nuevas oportunidades para impulsar la respuesta global. Dado el impacto de la salud en la capacidad de las personas para participar en la economía en general, existen tres prioridades que ayudarían a las naciones y a la economía mundial a adelantarse a la creciente calamidad de salud pública:

1. Centrarse en hacer que los sistemas sanitarios locales sean resilientes al clima;

2. Desatar la innovación en la sanidad, las ciencias de la vida y el ámbito académico orientada a las afecciones de salud provocadas por el clima;

3. Asignar recursos gubernamentales y promulgar políticas que permitan una respuesta mundial sólida tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

A continuación, se detalla cómo apoyar cada uno de estos objetivos.

Comprender la relación del clima con la salud es fundamental.Image: Foro Económico Mundial/Oliver Wyman

Prioridad 1: Sistemas sanitarios resilientes al clima

El apremiante desafío del cambio climático exige sistemas sanitarios mundiales resilientes, capaces de proteger la salud pública durante crisis sanitarias a gran escala y potencialmente prolongadas. La realidad a la que nos enfrentamos es que, incluso sin grandes fenómenos climáticos en la ecuación, muchos sistemas sanitarios de todo el mundo no se considerarían actualmente resilientes.

Definimos la resiliencia como la capacidad de un sistema para evitar y contener una crisis, estabilizarse una vez que la crisis ha golpeado y, finalmente, recuperarse de ella. Fuimos testigos directos de la falta de resiliencia durante la pandemia de COVID-19, cuando los hospitales de todo el mundo se vieron desbordados tanto por la demanda como por el ausentismo del personal.

Para volverse resilientes al clima, las localidades necesitan primero comprender cómo el clima afectará a sus sistemas. Esto puede lograrse mediante la realización de investigaciones y el uso de herramientas de simulación para evaluar el grado de preparación y ayudar a priorizar las necesidades y planificar las respuestas. Para alcanzar la resiliencia climática, los sistemas sanitarios deben reforzar su infraestructura y garantizar el suministro de recursos esenciales, lo que les permitirá limitar los efectos sobre la salud y acortar los tiempos de recuperación.

Para respaldar el desarrollo de estas capacidades, los gobiernos deben fomentar el intercambio global de conocimientos y la cooperación entre los sistemas de salud pública y organizaciones como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Centralizar la recopilación y el análisis de datos y difundir los resultados de las investigaciones puede ayudar a reducir los costes locales y proporcionar a las localidades conjuntos de datos más avanzados.

También es necesario involucrar a la ciudadanía mediante iniciativas de educación y divulgación. Ofrecer al público información oportuna y precisa permitirá a las personas adoptar medidas preventivas para proteger su salud y la de sus comunidades. Parte de este esfuerzo requiere sistemas de alerta temprana mejorados que aprovechen la tecnología y los medios de comunicación. Las pruebas de resistencia periódicas de los sistemas de salud pública, como las que se aplicaron en la banca tras la crisis financiera de 2008, también podrían detectar problemas en instalaciones específicas.

Prioridad 2: Innovación del sector privado

La innovación a través de la investigación y el desarrollo del sector privado y del ámbito académico es una piedra angular para construir sistemas sanitarios resilientes al clima y descubrir nuevas vacunas y tratamientos. Para desatarla y obtener compromisos a largo plazo del sector privado, se requieren muchas más subvenciones de investigación específicas, junto con una reducción de los trámites burocráticos en proyectos de horizonte más largo, como los esfuerzos de vacunación durante la COVID.

Los responsables políticos también deben aclarar las necesidades y prioridades en materia de innovación, garantizando al mismo tiempo el establecimiento de mecanismos de reembolso adecuados que permitan a las empresas desarrollar productos y servicios vitales que no son viables comercialmente de forma inmediata. En concreto, este tipo de políticas empezaría a abordar las desigualdades en la atención a las poblaciones de bajos ingresos que el cambio climático pondrá al descubierto.

Prioridad 3: Recursos y políticas gubernamentales

El éxito a largo plazo en la construcción de sistemas sanitarios resilientes al clima depende de una financiación gubernamental sostenible y de políticas de apoyo que reflejen los largos ciclos de innovación en la I+D de productos farmacéuticos, dispositivos médicos y tecnologías de salud digital. Para reforzar ese compromiso, los países deberían incluir entre sus contribuciones determinadas a nivel nacional para combatir el cambio climático un compromiso de apoyo para abordar los retos sanitarios y garantizar una transición climática justa.

Para fortalecer la infraestructura del mundo en desarrollo y garantizar vacunas y tratamientos suficientes y su rápido despliegue, se requerirían mecanismos de financiación mundiales y multinacionales, así como contribuciones individuales de los países desarrollados. Las asociaciones público-privadas y las colaboraciones intersectoriales son también herramientas esenciales para alcanzar estos objetivos.

El camino hacia la construcción de sistemas sanitarios resilientes al clima es complejo y requiere acciones coordinadas en múltiples ámbitos. Nos estamos quedando sin tiempo para ponerlas en marcha, por lo que los responsables políticos y la industria no deben demorarse.

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