Vivimos en una era de recursos tecnológicos, científicos y financieros sin precedentes. Con frecuencia vemos innovaciones increíbles: basta pensar en las técnicas de edición genética y en la posibilidad que ofrecen de curar, en lugar de limitarse a tratar, afecciones como la ceguera, o de responder a la creciente amenaza de la resistencia a los antimicrobianos.
Sigo siendo optimista sobre el futuro, pero los riesgos para nuestro mundo aumentan en lugar de disminuir. Son de carácter sistémico y exigen voluntad colectiva para hacerles frente. Lamentablemente, esto ocurre justo cuando crecen el nacionalismo, el proteccionismo y el populismo, y retrocede el multilateralismo basado en normas.
Temo que desaprovechemos la oportunidad de avanzar hacia un futuro más sostenible, equitativo e inclusivo. Como líder empresarial, miembro de nuestra sociedad y padre, esto me preocupa profundamente por el futuro que podríamos dejar a las generaciones venideras. Debemos actuar juntos y debemos hacerlo ahora.
Los riesgos medioambientales cobran cada vez más relevancia
Los riesgos medioambientales, cuya relevancia ha aumentado a lo largo de los 13 años de historia del Informe de riesgos globales, son motivo de especial preocupación. El Informe de riesgos globales 2018 examina cinco categorías de riesgos medioambientales: fenómenos meteorológicos extremos y temperaturas extremas; aceleración de la pérdida de biodiversidad; contaminación del aire, el suelo y el agua; deficiencias en la mitigación del cambio climático y la adaptación a este; y riesgos vinculados a la transición hacia una economía baja en carbono. Todos estos riesgos obtuvieron una puntuación alta tanto en probabilidad como en impacto.

No es de extrañar: septiembre de 2017 fue el mes con más fenómenos meteorológicos extremos registrados y, además, la temporada de huracanes más costosa en Estados Unidos desde 2005, con pérdidas económicas superiores a 300.000 millones de dólares. Estados Unidos no fue el único país que sufrió fenómenos meteorológicos extremos: Irlanda, por ejemplo, vivió su peor tormenta tropical en más de 50 años.
El año pasado también figura entre los tres más calurosos registrados y fue el más caluroso de la historia sin un episodio de El Niño. Como consecuencia, 2017 estuvo marcado por grandes incendios forestales en Estados Unidos, Chile y Portugal, que causaron importantes pérdidas económicas y, lamentablemente, más de 100 muertes solo en Portugal.
El aumento de las temperaturas supone un riesgo importante para los sistemas agrícolas, en particular para la producción de monocultivos. Ahora existe una probabilidad del 5 % por década de que desastres naturales provoquen un fracaso simultáneo de la producción de maíz en China y Estados Unidos (que juntos producen el 60 % de la oferta mundial), lo que causaría hambrunas generalizadas y graves penurias.
En 2017, investigadores alemanes descubrieron que la población de insectos esenciales para los sistemas alimentarios había disminuido un 75 % en los 27 años anteriores, lo que avivó el temor a un «Armagedón ecológico». La principal causa de la pérdida de biodiversidad sigue siendo la destrucción humana de hábitats para la agricultura, la minería, el desarrollo de infraestructuras y la producción de petróleo y gas. La creciente demanda de carne se está convirtiendo en un riesgo importante para los sistemas medioambientales y agrícolas.
Hoy, la contaminación es responsable de una de cada 10 muertes en todo el mundo, ya que el 90 % de la población mundial vive en zonas donde los niveles superan las directrices de la OMS. La creación de más megaciudades no hará sino acelerar esta tendencia.
También preocupan nuevos estudios que muestran que los residuos plásticos presentes en las aguas del mundo llegan hasta las personas. Cada vez se encuentran más fibras de microplástico en los alimentos y el agua. La preocupación es que puedan adherirse a pesticidas tóxicos o metales y servirles de vía de entrada al organismo.

En 2017, las emisiones de CO2 aumentaron por primera vez en cuatro años, ya que las temperaturas más altas elevaron el consumo de energía y las sequías extremas agravaron el cambio de la generación hidroeléctrica a la generación eléctrica con carbón. Los océanos siguen calentándose y su capacidad para absorber CO2 podría estar disminuyendo. A esto se suma que, según las investigaciones, los bosques tropicales podrían ser ahora una fuente neta de carbono, en gran medida debido a la degradación y la deforestación.
También se prevé que surjan nuevos riesgos a medida que se acelere la transición hacia un mundo bajo en carbono y ambientalmente seguro. Los cambios drásticos en la forma de producir energía probablemente desencadenarán riesgos económicos, sociales y geopolíticos en distintos países y regiones.
Lamentablemente, se ha hecho demasiado poco para mitigar el cambio climático y hay pocas esperanzas de que esto cambie pronto. Nuestro propio análisis muestra que es más probable incumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 2 °C o menos que alcanzarlo. Esto probablemente agravará el impacto de los riesgos medioambientales globales.
Aumentan los riesgos tecnológicos
El Informe de riesgos globales de este año también refleja la creciente preocupación por el impacto económico de las nuevas tecnologías, especialmente por su papel como motor de la desigualdad. Dos de los riesgos más estrechamente interconectados son las «consecuencias adversas de los avances tecnológicos» y el «desempleo estructural elevado o subempleo». Además, los patrones actuales de innovación también amenazan la viabilidad de la «escalera hacia niveles de ingresos más altos» y empujan a los trabajadores industriales hacia sectores de servicios de baja remuneración.
La inteligencia artificial (IA), por ejemplo, ofrece muchas oportunidades, pero los incentivos a corto plazo podrían llevar al uso de tecnologías emergentes de formas que causen daños irreversibles, como el uso de drones pilotados por IA para acabar con una gran parte de las poblaciones mundiales de peces. Se necesitan nuevas normas e instituciones de gobernanza mundial para impedir usos destructivos.
La IA también está vinculada a la difusión de información falsa a través de las redes sociales, una cuestión que sigue siendo muy relevante en 2018, ahora que las «noticias falsas» han adquirido alcance mundial.
Estos riesgos y otros que se analizan en el Informe de riesgos globales 2018 son tan estructurales e interconectados que amenazan el propio sistema en el que se basan las sociedades, las economías y las relaciones internacionales. En este contexto, velar por las empresas y por nuestro futuro significa tener en cuenta todo lo que pueda afectarlos. Una gestión eficaz de los riesgos exige que tengamos en cuenta las interdependencias entre ellos y requiere un enfoque verdaderamente integral, consciente de nuestros sesgos cognitivos.
No es demasiado tarde para construir un mañana más resiliente, pero debemos actuar con mayor urgencia.


