Lo que realmente dice el Informe de Riesgos Globales 2026 sobre la urgencia de las amenazas ambientales

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  • Según el Informe de Riesgos Globales 2026, los riesgos ambientales siguen estando entre las amenazas globales más graves, pero la percepción de su urgencia varía según el horizonte temporal.

  • La percepción de los riesgos a corto plazo está cambiando, no porque las amenazas ambientales estén disminuyendo, sino porque nuevos impactos compiten por la atención.

  • Los riesgos ambientales se manifiestan ahora en múltiples plazos, desde las perturbaciones inmediatas hasta la tensión sistémica a largo plazo: las respuestas deben funcionar en ambos horizontes a la vez.

Los riesgos ambientales siguen figurando entre las amenazas globales más graves en el «Informe de Riesgos Globales» del Foro Económico Mundial. Sin embargo, hay indicios de un cambio, no en la realidad subyacente de estos riesgos, sino en cómo se perciben en distintos horizontes temporales.

En la edición de 2026 del informe, los encuestados sitúan la confrontación geoeconómica y los conflictos armados entre Estados en los primeros puestos de las perspectivas de riesgos a dos años, y también destacan la información errónea y la desinformación. Los riesgos ambientales, que en los últimos años habían figurado entre las principales preocupaciones a corto plazo, han descendido ligeramente.

Esto no refleja una menor valoración del riesgo ambiental en sí. Más bien, en un momento en que quienes toman decisiones ya están gestionando múltiples crisis superpuestas, pone de relieve una brecha cada vez mayor entre la atención a corto plazo y los peligros a largo plazo, así como el hecho de que un número creciente de riesgos ambientales ya se está materializando.

Image: Foro Económico Mundial

El problema no es que hayan desaparecido los riesgos ambientales a corto plazo. Al contrario, algunos ya parecen menos amenazas futuras que realidades persistentes del presente. Los fenómenos meteorológicos extremos son un ejemplo: las pérdidas aseguradas anuales superan ahora sistemáticamente los 100.000 millones de dólares, y las pérdidas económicas más amplias alcanzan cifras mucho mayores.

Este paso de la anticipación a la experiencia de los riesgos ambientales puede ayudar a explicar por qué retroceden en las clasificaciones a corto plazo incluso cuando sus efectos se intensifican. La perspectiva a dos años del Informe de Riesgos Globales recoge aquello que más preocupa a los encuestados como detonante de una crisis global de gran magnitud.

En 2026, como era de esperar, estas preocupaciones del «aquí y ahora» se inclinan más que antes hacia la fragmentación geopolítica, los conflictos y la integridad de la información.

Por qué las clasificaciones de riesgos a corto plazo cambian rápidamente

Al repasar las ediciones recientes del Informe de Riesgos Globales, se observa que el horizonte de dos años ha respondido con gran rapidez a las crisis a medida que se desarrollan. En 2021, en plena pandemia mundial, predominaron las enfermedades infecciosas. Para 2023, la crisis del coste de la vida había pasado a primer plano.

En 2024 y 2025, la rápida difusión de la IA generativa y el aumento de las tensiones geopolíticas ya habían elevado la desinformación y los conflictos armados entre Estados en las clasificaciones. Los resultados de 2026 mantienen esta tendencia.

Esto no es un argumento a favor de la complacencia. La tendencia a la baja de los riesgos ambientales a corto plazo se produce pese al creciente volumen de pruebas científicas y económicas que apuntan a la intensificación de los efectos climáticos y al aumento de los costes de la inacción.

No debemos confundir un cambio en la atención a corto plazo con una disminución de las exposiciones subyacentes. Esto queda más claro al examinar las clasificaciones a más largo plazo del Informe de Riesgos Globales, que cuentan una historia distinta y extraordinariamente coherente.

En el horizonte de 10 años, los riesgos ambientales siguen dominando el panorama de riesgos globales, como lo han hecho desde 2017. Los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad y los cambios críticos en los sistemas de la Tierra ocupan los primeros puestos, lo que refleja su carácter acumulativo y sistémico.

Tres cuartas partes de los encuestados describen las perspectivas ambientales como «turbulentas» o «tormentosas», su evaluación más pesimista entre todas las categorías de riesgo.

Los líderes necesitan estrategias que funcionen en distintos horizontes

En conjunto, estos hallazgos apuntan a un desafío fundamental para quienes toman decisiones. Las estrategias deben ser eficaces tanto a corto como a largo plazo. Centrarse en el segundo horizonte sin atender al primero proporciona a las organizaciones un mapa y una brújula, pero ningún radar para detectar los peligros que tienen justo delante.

El desafío no consiste simplemente en proteger la ambición a largo plazo de las distracciones a corto plazo, sino en crear estrategias capaces de absorber las perturbaciones inmediatas y, al mismo tiempo, impulsar cambios estructurales.

Informe de Riesgos Globales 2026: cambio en la percepción del riesgo a corto plazoImage: Foro Económico Mundial

Transformar las infraestructuras, las cadenas de suministro y los sistemas de producción para hacer frente a los riesgos climáticos y relacionados con la naturaleza requiere plazos de planificación largos e inversiones sostenidas. Al mismo tiempo, los efectos climáticos pueden perturbar la continuidad operativa a corto plazo: dañar activos, interrumpir la logística, poner en peligro la seguridad de la plantilla y socavar la asegurabilidad.

Cabe destacar que los cambios en la percepción de los riesgos a corto plazo no se traducen en inacción. Por ejemplo, en muchos sectores las organizaciones ya están aumentando la inversión en resiliencia climática y actividades relacionadas.

Se estima que los mercados de soluciones de adaptación ya superan el billón de dólares y crecen rápidamente. Cada vez hay más pruebas de que la inversión en resiliencia climática puede amortizarse muchas veces.

Cuando los riesgos ambientales se convierten en riesgos económicos y geopolíticos

A veces se considera que los riesgos ambientales son a largo plazo porque sus efectos se desarrollan de manera desigual en los distintos sistemas. Sin embargo, este enfoque puede ocultar la rapidez con que las perturbaciones relacionadas con el clima y la naturaleza afectan a la continuidad operativa, tanto de las empresas como de las comunidades.

Las inundaciones, el estrés térmico, la escasez de agua y la degradación de los ecosistemas ya plantean riesgos importantes para las redes logísticas, la seguridad de la plantilla e incluso la estabilidad fiscal.

Al mismo tiempo, abordar estos riesgos requiere un esfuerzo sostenido y a largo plazo. La inversión temprana es importante. Diseñar, financiar y desplegar soluciones tanto de ingeniería como basadas en la naturaleza lleva años, no meses. Transformar las cadenas de suministro, las infraestructuras y los sistemas de uso del suelo no puede lograrse basándose únicamente en señales a corto plazo.

Los riesgos ambientales están profundamente interconectados con las dinámicas sociales, económicas y geopolíticas. La presión ambiental puede agravar los riesgos económicos y actuar como motor de inestabilidad social.

Las estimaciones indican que aproximadamente el 40 % de los conflictos intraestatales de las últimas décadas se han vinculado a las presiones sobre los recursos naturales, mientras que las pérdidas económicas causadas por fenómenos meteorológicos y climáticos extremos siguen aumentando (ahora ascienden a aproximadamente 500.000 millones de dólares en Europa solamente), y gran parte de los daños sigue sin estar asegurada.

Estas interconexiones refuerzan una idea central del Informe de Riesgos Globales: el futuro no está predeterminado, sino que depende de las decisiones que se tomen hoy. Los riesgos ambientales no se sitúan junto a los riesgos geopolíticos o económicos como prioridades contrapuestas.

Por el contrario, cada vez condicionan más el entorno en que se desarrollan esos riesgos. En conjunto, forman parte del contexto subyacente que definirá la seguridad, la estabilidad y el crecimiento globales en los próximos años.

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