Qué podría significar una guerra comercial entre Estados Unidos y China para el mundo

Flags of U.S. and China are placed for a meeting between Secretary of Agriculture Sonny Perdue and China's Minister of Agriculture Han Changfu at the Ministry of Agriculture in Beijing, China June 30, 2017. REUTERS/Jason Lee
The US-China diplomatic relationship has grown increasingly strained under the Trump administration.Image: REUTERS/Jason Lee
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La tensión económica entre Estados Unidos y China lleva tiempo gestándosedesde que Donald Trump llegó a la presidencia. Ahora las tensiones han estallado en una escalada de anuncios recíprocos de aranceles sobre importaciones clave. Esto es grave no solo para Estados Unidos y China, sino también para toda la economía mundial y, en particular, para el Reino Unido, que aspira a un Brexit con libre comercio. Como advirtió Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, ha advertido: el orden comercial mundial «corre ahora el peligro de hacerse añicos».

Quienes conocen el enfoque de suma cero de Trump respecto al comercio internacional no se sorprenderán por la agitación. Aunque pocos quizá habrían previsto que un presidente estadounidense arremetiera contra el modelo de libre comercio mientras el líder comunista de China salía en su defensa. Trump hizo mucho hincapié en el comercio y el déficit externo de Estados Unidosdurante la campaña electoral. Entre sus primeros actos estuvo retirarse de las negociaciones comerciales con Europa y Asia. También ha amenazado con sacar a Estados Unidos del TLCAN y ha criticado a la Organización Mundial del Comercio.

Como se refleja en el escenario del exitoso musical Hamilton, las disputas entre proteccionistas y partidarios del libre comercio tienen una larga historia en la política estadounidense. El auge de China y de otras economías emergentes plantea enormes desafíos para Estados Unidos y otras economías desarrolladas, con patrones desiguales de ganadores y perdedores económicos dentro de ellas.

La respuesta de Trump refleja la preocupación tanto por las industrias manufactureras perdidas del cinturón industrial de Estados Unidos como por el futuro: la percepción de que las prácticas comerciales de China son «injustas» y amenazan la ventaja estadounidense en los sectores de tecnología avanzada. Gran parte de la atención se ha centrado en los aranceles de Trump al acero y otros productos industriales pesados. Pero los aranceles estadounidenses también apuntan a una variedad de industrias de alta tecnología, en particular a aquellas en las que los chinosplanean convertirse en líderes mundiales durante la próxima década.

Como hanseñalado, estos aranceles no devolverán los empleos manufactureros. Los empleos que se creen en las industrias protegidas por los aranceles quedarían más que compensados por los perdidos en las industrias que utilizan esos productos y afrontan costes crecientes, así como en los sectores exportadores afectados por los aranceles de represalia de China.

Redes internacionales complejas

Estados Unidos no puede resolver los déficits comerciales de forma bilateral, especialmente con China, con quien las relaciones comerciales son particularmente complejas porque las empresas estadounidenses han trasladado su producción a China. En la práctica, el déficit de Estados Unidos con Chinaha disminuidoy las barreras de China a las importacionesse han reducido. La producción industrial moderna tiene lugar dentro de complejas redes internacionales, y el proteccionismo no hará que industrias enteras regresen a Estados Unidos.

Estos acontecimientos deben considerarse en contexto. Antes de la crisis financiera de 2007-08, el comercio mundial crecía sistemáticamente más rápido que el PIB. Desde entonces, el comercio mundial ha sido débil.

Relación entre el crecimiento del volumen del comercio mundial de mercancías y el crecimiento del PIB real mundial, 1981-2018Image: OMC

Hasta ahora, los responsables de formular políticas han evitado una respuesta proteccionista como la observada durante la Gran Depresión de la década de 1930, pero el propio sistema comercial mundial se ha debilitado, mientras aumentan las medidas proteccionistas parcialesdesde la crisis financiera.

El principio de que el comercio beneficia mutuamente a los países siempre se ha combinado con cálculos políticos nacionales en las negociaciones. Últimamente, Estados Unidos ha tratado de utilizar las negociaciones comerciales para intentar complacer a su electorado.

Malas perspectivas para el Brexit

Hasta ahora, las medidas amenazadas por Estados Unidos y las contramedidas de China siguen siendo relativamente limitadas, y puede que se trate en gran medida de posiciones iniciales de negociación. Pero si la situación evoluciona, tendrá efectos más amplios en la economía mundial. El Reino Unido, con el Brexit en el horizonte, podría verse especialmente afectado.

Gran Bretaña es una economía relativamente abierta y ha apostado mucho por un orden comercial mundial abierto. Por ello, cualquier erosión significativa de un sistema de comercio mundial basado en normas amenazaría la prosperidad británica. Aunque estos acontecimientos no lleguen a convertirse en una guerra comercial a gran escala, el paso a un orden mundial más fragmentado y proteccionista agravaría los desafíos que afronta el Reino Unido, fuera de la UE.

Gran Bretaña tiene una ventaja particular en los servicios, un ámbito comercial en el que las barreras mundialessiguen siendo relativamente elevadas. Esto significa que existe un considerable potencial para ampliar este comercio. Pero las negociaciones mundiales para liberalizar el comercio de servicios a través de la OMCllevan años prácticamente estancadas.

Las negociaciones para establecer algún tipo de acuerdo comercial preferencial entre el Reino Unido y la UE después del Brexit se han centrado en elcomercio de bienes en lugar del de servicios. Además, actualmente Gran Bretaña forma parte de los acuerdos comerciales preferenciales que la UE ha suscrito con alrededor de 50 socios más.

Se ha hablado mucho de unlucrativo acuerdo comercial entre Estados Unidos y el Reino Unido. Pero, en la práctica, Gran Bretaña negociaría con un socio mucho más grande desde una posición en la que actualmente mantiene un superávit. Estados Unidos es el principal exportador mundial de servicios y, claramente, utiliza las negociaciones comerciales para afianzar su ventaja competitiva. Por tanto, cualquier negociación con Estados Unidos probablemente sería difícil.

Las negociaciones comerciales se han vuelto cada vez más complejas, sobre todo en el ámbito de los servicios, y se centran en armonizar normas y reglamentos en lugar de limitarse a reducir aranceles. Las consecuencias podrían ser polémicas. Ya se ha hablado mucho del «pollo clorado» y la carne de vacuno tratada con hormonas como posibles condiciones de un acuerdo comercial con Estados Unidos. La apertura del comercio de servicios también podría llevar a que servicios públicos como el NHS se enfrenten a la competencia de proveedores privados.

Es probable que a un país de tamaño medio como el Reino Unido le resulte más difícil negociar acuerdos comerciales favorables en un orden comercial mundial cada vez más fragmentado, justo cuando su Gobierno apuesta por poder negociar acuerdos con países ajenos a la UE y ampliar el comercio con ellos.

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