Un nuevo modelo de gobernanza es crucial para nuestro mundo: debe centrarse en la primacía de la sociedad y la naturaleza, en lugar de priorizar el mundo empresarial y financiero.
La gobernanza mundial tiene un problema sin resolver: nuestras instituciones y nuestros líderes ya no están a la altura de su cometido.
Mientras la Cuarta Revolución Industrial y el cambio climático siguen alterando nuestras vidas, la gobernanza pública y corporativa también debe cambiar.
Cuando termine la pandemia de COVID-19, el mundo necesitará un nuevo modelo de gobernanza que difiera de sus predecesores en varios aspectos fundamentales. En particular, aunque las finanzas, la economía y las empresas siguen siendo de vital importancia, deben estar al servicio de la sociedad y la naturaleza, y no al revés.
En 2022, es posible que la pandemia de COVID-19 y la multitud de crisis que desencadenó por fin empiecen a remitir. Pero incluso en ese escenario más favorable, se vislumbra un tsunami de nuevos desafíos: desde el fracaso de la acción climática hasta la erosión de la cohesión social. Para afrontarlos, los líderes tendrán que adoptar un modelo de gobernanza diferente.
La gobernanza mundial tiene un problema sin resolver
Cuando nuestras instituciones están bien gobernadas, apenas les prestamos atención. Son simplemente una infraestructura invisible que sustenta la economía y prácticamente todos los aspectos del orden social. Además, una gobernanza «suficientemente buena» durante la segunda mitad del siglo XX permitió el crecimiento de los ingresos y la paz social.
Hoy, sin embargo, muchas personas han perdido la fe en sus líderes. Ante los riesgos crecientes y nuestro fracaso colectivo a la hora de abordarlos, hemos empezado a buscar culpables. Algunos señalan a los ineptos líderes políticos; otros culpan a los directores ejecutivos «hombres de Davos», y una minoría desesperada y cada vez mayor ve una conspiración de las élites detrás de la actual situación sombría y desesperanzadora.
La verdad es más compleja. En el centro de nuestra incapacidad para prever y gestionar los riesgos mundiales —no solo el cambio climático y la profundización de las divisiones sociales, sino también el resurgimiento de las enfermedades infecciosas, las crisis de deuda y la regulación inadecuada de la tecnología— hay un problema sin resolver de gobernanza mundial. Nuestras instituciones y sus dirigentes ya no están a la altura de su cometido.
Tres modelos distintos de gobernanza
Tendemos a ver la historia como una sucesión de grandes acontecimientos, como terremotos. Pero el deterioro de la gobernanza mundial fue, en su mayor parte, un caso de erosión gradual.
En el periodo de Gobernanza 1.0 inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, tanto la gobernanza pública como la corporativa se caracterizaban por el gobierno de «un solo hombre»: el «líder fuerte» elegido o no elegido y el «jefe». Este tipo de liderazgo funcionaba bien en una sociedad donde el costo de la información era elevado, el poder jerárquico y la gestión funcionaban con relativa fluidez, y los avances tecnológicos y económicos beneficiaban a casi todo el mundo.
El modelo de Gobernanza 2.0 que surgió a finales de la década de 1960 afirmó la primacía de la riqueza material y coincidió con el auge del economista Milton Friedman y su «capitalismo de los accionistas», así como con la progresiva financiarización mundial. La nueva clase directiva, responsable únicamente ante los accionistas, reinó sin oposición y alcanzó un ámbito mundial. Y aunque la crisis financiera mundial de 2008 asestó un duro golpe a la Gobernanza 2.0, su visión limitada siguió prevaleciendo hasta el estallido de la pandemia de COVID-19.
El brutal impacto social y económico provocado por la COVID-19 dio paso a la Gobernanza 3.0. Actualmente, la gestión de crisis domina la toma de decisiones: los líderes se centran en la gestión operativa y muestran relativa indiferencia ante las posibles consecuencias imprevistas. Este enfoque cortoplacista, basado en el ensayo y error, ha llevado a una gestión caótica de la pandemia y de sus repercusiones socioeconómicas.
¿Cómo sería la Gobernanza 4.0?
Pero, cuando termine la pandemia, necesitaremos un nuevo modelo de gobernanza. La Gobernanza 4.0 diferiría de sus predecesores en varios aspectos fundamentales.
En primer lugar, sustituiría la gestión de crisis cortoplacista actual por un pensamiento estratégico a largo plazo. La atención a problemas actuales como la pandemia, las crisis socioeconómicas y la salud mental de las personas debe complementarse con medidas para combatir el cambio climático, revertir la pérdida de biodiversidad y el daño ambiental causado por la actividad humana, y abordar desafíos sociales relacionados, como la migración involuntaria.
En segundo lugar, la Gobernanza 4.0 debe sustituir la visión de túnel y el enfoque descendente que prevalecieron en el pasado. Vivimos en un mundo muy complejo e interconectado, no en uno lineal con pocas discontinuidades. Esto también significa que deben cambiar las funciones y responsabilidades de cada actor de la sociedad. Las empresas ya no pueden ignorar su impacto social y ambiental, y los gobiernos ya no pueden actuar como si solo ellos tuvieran todas las respuestas.
En tercer lugar, debe cesar el énfasis actual en una concepción limitada de la economía y en los intereses financieros a corto plazo. En cambio, la primacía de la sociedad y la naturaleza debe estar en el centro de cualquier nuevo sistema de gobernanza, ya sea empresarial o gubernamental. Las finanzas y las empresas son de vital importancia. Pero deben estar al servicio de la sociedad y la naturaleza, y no al revés.
Los líderes deben convertirse en pioneros de una nueva era de gobernanza
El mundo ha cambiado, y la gobernanza pública y corporativa debe cambiar con él. Hoy, grandes transformaciones estructurales como la Cuarta Revolución Industrial y el cambio climático están alterando todas las industrias y los centros de poder. Tecnologías como la cadena de bloques están sustituyendo las organizaciones centralizadas y jerárquicas por entidades descentralizadas y autónomas. Además, aumentan las desigualdades sociales, económicas y digitales.
Por ahora, muchos líderes siguen anclados en la mentalidad del capitalismo de los accionistas de la Gobernanza 2.0, mientras que algunas sociedades aún favorecen el liderazgo y la estructura autoritarios de la Gobernanza 1.0. Y mientras la COVID-19 siga siendo una amenaza, la mentalidad de crisis de la Gobernanza 3.0 continuará dominando los debates de las juntas directivas y los consejos de ministros.
Pero muchos líderes ya piensan y actúan como pioneros de una nueva era de gobernanza. Entre ellos figuran directivos empresariales que promueven métricas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), y líderes políticos como el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro italiano Mario Draghi que están derribando barreras. Por encima de todo, los jóvenes exigen un futuro mejor.


