Millones de vidas, el desarrollo y el bienestar de los niños se ven amenazados por los conflictos, los desastres relacionados con el clima, la inestabilidad económica y la brecha digital.
El desarrollo sostenible, las inversiones en infraestructura pública digital y las nuevas soluciones de financiación pueden ayudar a resolver algunos de nuestros desafíos más persistentes.
Aprovechar la innovación y la rapidez del sector privado será fundamental para tender puentes y generar resiliencia en favor de la infancia en un mundo muy fragmentado.
El mundo es un lugar difícil para millones de niños que se enfrentan a conflictos, desastres relacionados con el clima, inestabilidad económica y una brecha digital cada vez mayor, todos los cuales amenazan sus vidas, su desarrollo y su bienestar.
Como muestra el informe Perspectivas Globales 2025 de UNICEF – Perspectivas para la infancia, las perspectivas para la infancia en 2025 no son mucho mejores. A solo cinco años del plazo mundial para garantizar un futuro sostenible, dos tercios de los indicadores de la infancia vinculados al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU corren el riesgo de no cumplirse a menos que se actúe de inmediato y con mayor rapidez.
La escala de las necesidades humanitarias de la infancia se encuentra en un nivel históricamente alto, y cada día afecta a más niños. En 2025 calculamos que 213 millones de niños en 146 países y territorios necesitarán asistencia humanitaria a lo largo del año, una cifra alarmantemente alta.
Crisis humanitarias y climáticas que afectan a la infancia
Esto incluye las crisis en Gaza, Sudán y Ucrania. Pero también abarca emergencias humanitarias en lugares como Burkina Faso, la República Democrática del Congo, Haití y Myanmar, lugares que no suelen aparecer en la cobertura de los medios internacionales.
Al mismo tiempo, la infancia corre un riesgo creciente debido a la intensificación de la crisis climática. Hoy en día, más de 1.000 millones de niños –casi la mitad de los niños del mundo– viven en países con un riesgo extremadamente alto de sufrir los efectos del cambio climático.
Están expuestos cada vez más a sequías y olas de calor, tormentas más intensas e inundaciones más extensas, contaminación del aire y enfermedades. Los desastres vinculados al cambio climático alteran el suministro de alimentos nutritivos y agua potable de los niños, y socavan la prestación de servicios sociales esenciales.
El cambio climático y los conflictos también obligan a los niños a abandonar sus hogares y comunidades, a menudo en múltiples ocasiones. A finales de 2023, casi 50 millones de niños se vieron desplazados a causa de conflictos, violencia y desastres naturales, lo que representa el 40 % de todas las personas desplazadas por la fuerza en el mundo.
Los fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, sequías y tormentas, desplazan a un estimado de 20.000 niños cada día. Además, de media, el desplazamiento de los niños dura cinco años, lo que significa que muchos pasan hasta una cuarta parte de su infancia en lugares de acogida, a menudo con sus derechos básicos vulnerados.
Financiación insuficiente para cubrir las necesidades humanitarias
Lamentablemente, la financiación no avanza al ritmo de las crecientes necesidades humanitarias. UNICEF depende de la financiación humanitaria flexible, es decir, de fondos que no están destinados a emergencias específicas, para responder con rapidez a las crisis emergentes, anticipar riesgos futuros y asignar equitativamente los recursos allí donde más se necesitan. Esto también es fundamental para llegar a los niños en emergencias que la comunidad internacional ha olvidado en gran medida.
El sector privado puede desempeñar un papel fundamental para revertir esta tendencia, aportando recursos flexibles y conocimientos técnicos, ambos esenciales para salvar vidas de niños y fortalecer, a largo plazo, los sistemas sociales de los que dependen.
El sector privado también puede desempeñar un papel clave para ayudar a mitigar los efectos negativos de la crisis climática en la infancia. Cuenta con la experiencia, los recursos y la capacidad para impulsar transformaciones sustanciales en la lucha contra el cambio climático, con innovación, rapidez y escala. Al aprovechar estas capacidades, podemos multiplicar el impacto de la acción climática.
La Iniciativa Hoy y Mañana (TTI) de UNICEF es la primera plataforma de financiación de riesgos climáticos para la infancia del mundo, que tiene como objetivo reducir el número de niños afectados directamente por los desastres de ciclones tropicales, al tiempo que fomenta la resiliencia de las comunidades.
Hasta 100 millones de dólares en cobertura a través de una póliza de seguro paramétrico centrada en la infancia se están proporcionando en ocho países piloto, lo que beneficia a un estimado de 13,5 millones de niños y a sus familias durante tres años. Al trabajar con más socios del sector privado en esta iniciativa, podríamos ampliar su impacto para cubrir otros desastres relacionados con el clima en más zonas geográficas.
Más allá del cambio climático y los conflictos, las crisis económicas y la pobreza también afectan la vida de millones de niños. Hoy en día, casi 400 millones de niños viven en países en situación de crisis de deuda. En 2024, los países en desarrollo destinaron el 14 % de sus ingresos públicos al pago de intereses por sí solo, el doble de lo que destinaban hace 15 años.
La crisis de la deuda, agravada por la disminución de la calidad de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), significa que los países no invierten adecuadamente en áreas como la educación y la salud, lo que socava su capacidad para pagar la deuda y crea un perjudicial ciclo de pobreza intergeneracional.
Los niños más vulnerables, incluidas las niñas y quienes tienen discapacidad, sufren de manera desproporcionada la pérdida de servicios esenciales. Este fracaso en invertir plenamente en el futuro de la infancia afecta directamente a las empresas, al limitar la disponibilidad de trabajadores cualificados y formados en el futuro. Es imperativo que el sector privado se sume a los esfuerzos de promoción de la condonación de deuda y apoye el desarrollo de mecanismos de financiación innovadores, como las asociaciones público-privadas, para garantizar la inversión en las generaciones actuales y futuras.
UNICEF está explorando cómo las soluciones de deuda soberana podrían desempeñar un papel en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la infancia mediante la reestructuración financiera, con el objetivo de permitir que los países endeudados hagan más manejable su deuda a cambio de alcanzar parámetros de referencia acordados previamente para la infancia.
Sector privado clave para la prestación de servicios digitales a la infancia
El sector privado tiene un papel fundamental en la prestación de servicios digitales a la infancia y a las familias. Hoy en día, cerca del 26 % de las personas en países de bajos ingresos está conectada a internet, frente a más del 95 % en los países de ingresos altos. Demasiados niños –especialmente niñas– siguen sin acceso a internet, lo que refleja una combinación de asequibilidad, la ausencia de infraestructura básica, incluidas la electricidad y la banda ancha, y unas escasas competencias y alfabetización digitales.
Las desigualdades digitales corren el riesgo de agravarse en un mundo en el que los servicios gubernamentales se prestan cada vez más a través de la infraestructura pública digital (IPD). El creciente interés por la IPD es un paso bienvenido hacia la transformación digital. Pero aprovechar el potencial de la IPD y reducir al mínimo los riesgos para la infancia marginada requerirá un esfuerzo concertado de los gobiernos, las organizaciones internacionales y el sector privado.
Los desafíos a los que nos enfrentamos son globales, pero las soluciones deben atender tanto las necesidades globales como las locales. Necesitamos sistemas que vayan más allá de la prestación de servicios y que generen resiliencia en todos los ámbitos de la vida de un niño, para que no solo respondan, sino que anticipen.
Esto podría incluir marcos de preparación ante desastres para proteger a las comunidades, una atención sanitaria inclusiva que responda tanto a los riesgos inmediatos como a los futuros, o sistemas educativos capaces de adaptarse durante las emergencias.
Para afrontar este entorno mundial cambiante, alcanzar las metas de los ODS relacionadas con la infancia y garantizar que podamos cumplir nuestra promesa de equidad –para cada niño, en todas partes–, debemos ampliar la escala junto con el sector privado para llevar a cabo acciones en favor de los derechos de la infancia y garantizar que los niños estén protegidos, respaldados y en condiciones de prosperar.
Ahora más que nunca, necesitamos la agilidad para actuar y aprovechar cada oportunidad: revertir las amenazas a décadas de progreso logrado con esfuerzo y elegir la humanidad frente a la fragmentación, la resiliencia frente a la fragilidad.



