En todo el mundo, la idea de la edad adulta (cuándo llega y cómo se define) está siendo cuestionada.
En Australia, Jordon Steele-John, del Partido Verde, presentó un proyecto de ley para conceder a los jóvenes de 16 y 17 años el derecho a voto; el ministro malasio Syed Saddiq Abdul Rahman anunció que el país podría reducir la edad de voto a 18 años antes de las próximas elecciones; y Japón redujo recientemente su edad de voto de 20 a 18 años en los referéndums, tras la decisión de 2016 de reducir la edad de voto en las elecciones generales.
La decisión de Japón obedeció en parte a la necesidad de combatir la apatía electoral y de lograr que los jóvenes se sintieran más implicados en la política. Pero también podría indicar que las opiniones sociales sobre el inicio de la edad adulta han cambiado.
La evolución de las definiciones de la edad adulta
Tradicionalmente, la edad adulta se ha definido por una combinación de edad y la consecución de hitos sociales. La mayoría de los países tienen una edad legalmente definida para determinar cuándo una persona se considera adulta: la mayoría de edad.
En Australia, la mayoría de los estados consideran que una persona es adulta ante los tribunales a los 18 años. La edad de 18 años también es coherente con otros privilegios de los adultos, como el derecho a comprar alcohol y a contraer matrimonio.
No obstante, los jóvenes de 17 años pueden alistarse en el servicio militar y obtener el permiso de conducir, mientras que los de 16 años pueden dar su consentimiento sexual (en la mayoría de los estados). La ley confiere la condición de adulto en función de la edad, pero también reconoce que el proceso de llegar a ser adulto implica un aumento gradual de la responsabilidad social.
Este enfoque legal de la edad adulta se reproduce en otros países, donde existen diferencias entre la mayoría de edad y las responsabilidades sociales que se conceden a los jóvenes.

Edades internacionales de responsabilidad social.
Desde el punto de vista social, los determinantes de la edad adulta tradicionalmente se centran en que una persona asuma una responsabilidad creciente sobre su vida de diversas maneras. Terminar los estudios, comenzar un empleo a tiempo completo, casarse y ser padre o madre: estos son indicadores observables que se utilizan para determinar cuándo se considera adulta a una persona (Zacares, Serra y Torres, 2015).
Sin embargo, desde la década de 1980, algunos de estos hitos observables se alcanzan a edades más avanzadas. El mayor acceso a la educación terciaria ha retrasado la emancipación de los jóvenes y el desarrollo de relaciones sentimentales. La mayor aceptación de las parejas de hecho también ha reducido la necesidad de abandonar el hogar familiar y casarse en algunas culturas occidentales.
Los cambios económicos también han provocado en algunos países mercados laborales inestables y un aumento del coste de la vida, lo que ha llevado a que muchos jóvenes permanezcan en casa y dependan de sus padres.
En 2017, el informe Household, Income and Labour Dynamics in Australia indicó que la proporción de personas de entre 18 y 39 años que son propietarias de su vivienda ha descendido del 36 % al 25 % desde 2001. Entre los jóvenes de entre 22 y 25 años, por su parte, se constató que en 2015 el 60 % de los hombres y el 48 % de las mujeres seguían viviendo con sus padres, frente al 43 % y el 27 %, respectivamente, en 2001.
Debido a estos cambios sociales, nuestras expectativas sobre los jóvenes y su nivel de responsabilidad social también han cambiado.
Perspectivas psicológicas: una edad adulta emergente
Desde el punto de vista psicológico, la edad por sí sola no es un determinante fiable de la edad adulta, ya que cada persona varía en su ritmo de desarrollo biológico, cognitivo y emocional.
Los psicólogos del desarrollo han recomendado reconocer una nueva etapa vital, la edad adulta emergente, para tener en cuenta los cambios en los hitos sociales que tradicionalmente han representado la edad adulta. El concepto de «edad adulta emergente» reconoce los distintos niveles de independencia que muestran los jóvenes y refleja el proceso de desarrollo personal y de «encontrarse a uno mismo».
Una definición subjetiva de la edad adulta está relacionada con la formación de una identidad positiva y con el bienestar. Los jóvenes que se perciben a sí mismos como adultos están más cerca de alcanzar los referentes de la edad adulta, presentan menos signos de depresión y poseen un sentido de sí mismos sólido.
¿Qué debe esperar la sociedad de los adultos?
Si se adopta una definición más dinámica de la edad adulta, ¿a qué edad es razonable asignar responsabilidad social a los jóvenes?
Los jóvenes en situaciones de alta activación corren el riesgo de tomar decisiones impulsivas hastamediados de los veinte años. Sin embargo, en momentos de baja activación emocional, las capacidades de razonamiento de los jóvenes equivalen a las de los adultos.
La evidencia psicológica sugiere que el enfoque actual de la ley, que aumenta gradualmente la responsabilidad social de los jóvenes, es prudente y refleja con precisión la naturaleza transitoria del desarrollo hacia la edad adulta.
El aumento de la responsabilidad social entre los adultos emergentes, a través de la participación cívica, también se ha relacionado con una mejora de su bienestar. La participación cívica se refiere a la implicación en la comunidad y en los sistemas sociales y políticos. Por lo tanto, la decisión de Japón de reducir su edad de voto es un ejemplo de una ley que refleja la naturaleza emergente y contemporánea de la edad adulta.


