Las lagunas en la gobernanza global están frenando la economía mundial. Así puede corregirse

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Este artículo forma parte de la plataforma Geostrategy del Foro Económico Mundial

Desde mediados del siglo XX, la arquitectura económica mundial se ha dado en gran medida por sentada, en parte debido al creciente papel de las economías desarrolladas y al impulso cada vez mayor de la apertura económica promovida por las instituciones internacionales.

Sin embargo, a lo largo de la última década, el sistema actual de gobernanza de la economía mundial comenzó a encontrar cuellos de botella y limitaciones sistémicos, como lo demuestran el aumento de la desigualdad y la disminución de las tasas de crecimiento económico. Estos acontecimientos ponen en duda la continuidad y la definitividad de la estructura actual de la arquitectura económica mundial. La pregunta que surge entonces es si el sistema actual es económicamente eficiente y qué medidas podrían adoptarse para ajustar el marco de gobernanza a los desafíos que plantean las condiciones cambiantes de la economía mundial.

De hecho, los signos de un mal funcionamiento sistémico en el marco de gobernanza global van más allá de las referencias habituales a los desequilibrios globales, la desigualdad y el «nuevo normal» de tasas de crecimiento más lentas durante más tiempo. No menos preocupantes son las lagunas asociadas a la falta de capacidad para afrontar los desafíos medioambientales y tecnológicos, así como la pérdida de impulso de la productividad. Otro problema es la falta de eficiencia en el uso de los recursos, como señala un reciente documento de investigación de Milligan et al. (2018), cuyos autores piden que los acuerdos regionales desempeñen un papel más importante para cerrar las lagunas de la gobernanza global.

Según Milligan et al. (2018), «persisten importantes lagunas en la gestión cooperativa de los recursos a través de los límites jurisdiccionales espaciales a escalas nacional, regional e internacional. Estas lagunas contribuyen a: un uso ineficiente de la tierra (UNEP, 2014a), el agua (UNEP, 2012b) y otros recursos diversos; la contaminación transfronteriza (Lee et al., 2016); la regulación descoordinada por parte de los gobiernos de los actores transnacionales; y las tensiones y los conflictos asociados a reivindicaciones competidoras o contradictorias sobre los recursos (UNFT, 2012; Schofield, 2012). Un ejemplo ilustrativo de la magnitud de los desafíos de la cooperación en materia de recursos es que 158 de las 263 cuencas hidrográficas transfronterizas del mundo carecen de cualquier tipo de marco de gestión cooperativa (WWAP, 2015)»

Otra muestra del deterioro del sistema actual es, por supuesto, la propagación del proteccionismo, el bilateralismo y el debilitamiento de las instituciones multilaterales mundiales, como la OMC. También se observan omisiones notables en la gobernanza en lo que respecta a la falta de integración de las instituciones regionales en el marco de gobernanza global, lo que limita significativamente la capacidad de la economía mundial para poner en marcha nuevas iniciativas de liberalización o un gasto coordinado para impulsar el crecimiento mundial. La falta de integración del regionalismo en el marco de gobernanza global deja demasiado margen al egoísmo nacional y limita gravemente la capacidad de la economía mundial para hacer frente a las crisis de manera coordinada y exhaustiva.

Guerras monetarias y proteccionismo

Los problemas de un sistema de gobernanza global ineficiente se ven agravados por las guerras monetarias y el creciente proteccionismo, representados por subvenciones a la exportación a gran escala, aranceles a la importación, así como una multitud de otras medidas restrictivas. Esto, a su vez, ha dado lugar a una priorización de los sectores de sustitución de importaciones y orientados a la exportación en detrimento de un mayor gasto en ámbitos como las infraestructuras o el desarrollo del capital humano. Durante el foro de alto nivel «Diálogo de continentes», celebrado en Hamburgo en octubre de este año, se debatió la cuestión de la asignación errónea de recursos en la economía mundial (en parte como resultado de los excesos de la política industrial y del proteccionismo) en relación con las posibles explicaciones del deterioro de las cifras de crecimiento de la economía mundial.

El problema más amplio para el sistema de gobernanza global, cuya estructura refleja en gran medida los fundamentos de la economía mundial de mediados del siglo XX, es la aparición de nuevos actores de alcance mundial o megarregional. La irrupción de bloques megarregionales (TPP-11, posible acuerdo sobre el RCEP, la zona de libre comercio continental africana) en los últimos años aumentará sin duda la presión para cambiar el sistema actual hacia un mayor papel de las instituciones regionales.

Corporaciones transnacionales

Otro desafío es el creciente predominio de las corporaciones transnacionales en los sectores de servicios y alta tecnología, cuya regulación hasta ahora no puede aplicarse de manera eficaz a nivel nacional, regional o mundial. Si se necesita una capa de gobernanza tecnológica completamente nueva en la economía mundial para afrontar los desafíos del poder de mercado excesivo, los desequilibrios tecnológicos, la ciberseguridad, etc., es una cuestión que los responsables políticos podrían tener que estudiar en los próximos años.

Aún más en general, ¿cuál es la prioridad clave de la comunidad mundial para renovar la arquitectura económica global? ¿Debería la eficiencia económica ser la guía predominante o debería la comunidad mundial preocuparse más por la orientación hacia la equidad, la sostenibilidad, la inclusión y otros indicadores de la «brújula moral global»? La verdad es que el marco actual presenta problemas en ambos aspectos: los indicadores de eficiencia y de sostenibilidad revelan lagunas considerables. Dados los niveles críticamente altos de desigualdad, en este momento puede ser más importante priorizar la reducción de los desequilibrios entre países y regiones; los objetivos de desarrollo de la ONU, en especial los relativos al desarrollo del capital humano, deben recibir un mayor peso.

Existe una importante brecha entre los países desarrollados y los países en desarrollo, no solo en lo que respecta a los niveles de ingresos, sino también a la magnitud de la participación en proyectos de integración en todo el mundo

En este sentido, quizá los problemas más agudos en cuanto a la sostenibilidad y la inclusión del desarrollo económico mundial estén relacionados con los desequilibrios y las desigualdades a lo largo del eje Norte-Sur, que no solo son persistentes, sino que se amplían. En cuanto a la gobernanza, las instituciones multilaterales existentes han demostrado ser lentas en ajustar el peso de los países miembros en la estructura de votación al importante aumento de la participación de algunos países en desarrollo en la economía mundial. También existe la importante brecha entre los países desarrollados y los países en desarrollo, no solo en lo que respecta a los niveles de ingresos, sino también a la magnitud de la participación en proyectos de integración en todo el mundo. El crecimiento exponencial del desarrollo tecnológico, incluida la IA, puede agravar las brechas tecnológicas y de desarrollo entre el Norte y el Sur.

En resumen, los fundamentos de la economía mundial han cambiado enormemente en las últimas décadas, y la «superestructura» de la gobernanza global debe reflejar estos cambios. Con más frecuencia de la que cabría esperar, en lugar de debates concretos sobre la transformación de la gobernanza global, se observa un anhelo tácito de volver al modelo de gobernanza que prevaleció en las décadas anteriores, quizá con la esperanza de que los vaivenes del ciclo electoral estadounidense puedan recomponer majestuosamente el orden mundial del pasado. Estas esperanzas de renunciar a cualquier cambio en la arquitectura económica mundial están mal encaminadas, dada la desconexión entre la inercia de la gobernanza global y la aceleración de la transformación tecnológica y geoeconómica de la economía mundial. En lugar de retroceder varias décadas en el tiempo, el marco de gobernanza mundial debe estar, como mínimo, en sintonía con los enormes cambios cualitativos que se han producido desde la crisis de 2008-2009.

Identificación de ineficiencias

La reforma del sistema de gobernanza global debe comenzar con el diagnóstico de las ineficiencias, así como de las lagunas en materia de desarrollo y regulación. Lo más importante es que necesitamos un marco de gobernanza global capaz de adaptar y reformar sus operaciones de manera inclusiva, teniendo debidamente en cuenta las condiciones y los fundamentos de la economía mundial, en constante cambio.

Es probable que surja un marco de este tipo a medida que la economía mundial se vuelva más multipolar y más equilibrada entre las principales regiones. Al mismo tiempo, los cambios en la gobernanza global también deben garantizar la continuidad del papel de las instituciones multilaterales, como la ONU, el FMI, el Banco Mundial y la OMC. Los nuevos elementos que se creen dentro de la arquitectura económica global deben apoyar a estas instituciones y trabajar conjuntamente para promover un sistema de gobernanza más estable e inclusivo.

Cerrar las brechas en la gobernanza global, Yaroslav Lissovolik, del Club de Debate de Valdái

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