¿Puede la UE asumir el liderazgo mundial?

European Union flags fly outside the European Commission headquarters in Brussels, Belgium, February 19, 2020.
Angela Merkel's tenure as President of the EU has begun at an opportune timeImage: REUTERS/Yves Herman
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  • La presidencia de la UE de Angela Merkel podría contribuir a ofrecer el sólido liderazgo mundial que el mundo necesita hoy.

  • Estos son dos pasos que pondrían a Europa en el camino correcto.

Los historiadores del futuro bien podrían maravillarse ante la fortuita coincidencia de un acontecimiento en 2020: el ascenso de Angela Merkel a la Presidencia de la Unión Europea (UE) el 1 de julio. Fue fruto puramente de un accidente alfabético; sin embargo, el liderazgo de Merkel al frente de la UE no podría haber llegado en un momento mejor.

El mundo clama por un liderazgo global, pero el propio término «liderazgo europeo» suele considerarse un oxímoron. Kissinger preguntó célebremente qué número de teléfono había que marcar en Europa. Hace más de una década, Gideon Rachman escribió en el Financial Times que «desde 1945, Europa se ha vuelto cada vez más próspera, pacífica y cómoda, y también irrelevante». Para ser justos, también me citó a mí. Y concluyó su artículo con una afirmación aparentemente demoledora: «Europa se ha convertido en una gran Suiza», lo que daba a entender que se había vuelto anquilosada y aburrida.

Sin embargo, un liderazgo sin brillo es precisamente lo que el mundo anhela hoy. En un momento en que el mundo lucha contra acuciantes problemas globales, como el calentamiento global y la COVID-19, necesitamos un poco de sentido común, aburrido pero necesario, para afrontar estos desafíos; y ningún líder actual posee tanto sentido común como Merkel.

Afortunadamente, Merkel no necesita reinventar la rueda para arreglar el mundo. Podrían darse dos pasos sencillos, especialmente en cooperación con el presidente francés, Emmanuel Macron. Todos giran en torno a la palabra favorita de Macron: multilateralismo.

El primer paso puede ser el más difícil de dar, pero puede darse a puerta cerrada, lejos de la mirada pública. Europa debería reconocer en privado que fue un error, durante las últimas décadas, haber sido cómplice silenciosa de sucesivas administraciones estadounidenses que han tratado progresivamente de debilitar las organizaciones multilaterales, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estados Unidos y la UE debilitaron la OMS privándola de una financiación segura a largo plazo, que solo puede proceder de contribuciones obligatorias evaluadas. La profesora Kelley Lee ha documentado cómo las contribuciones obligatorias a la OMS cayeron del 62 % en 1970/71 al 28 % en 2006/7, mientras que las contribuciones voluntarias aumentaron del 18 % al 72 %. Ninguna organización puede elaborar planes creíbles a largo plazo basados en contribuciones voluntarias, que naturalmente fluctúan.

Afortunadamente, esta es una inversión de tendencia fácil de llevar a cabo. La actual administración estadounidense, que anunció en mayo que recortaría sus vínculos con la financiación de la OMS, quizá no esté de acuerdo, pero un sucesor bien podría atender el consejo de Bill Clinton, quien afirmó que interesaba al largo plazo de Estados Unidos «crear un mundo con normas, asociaciones y hábitos de comportamiento» en el que los estadounidenses se sintieran más cómodos viviendo cuando su país ya no sea la potencia mundial dominante.

La UE ha liderado la financiación de la respuesta a la COVID-19. ¿Puede hacer lo mismo en otros ámbitos?Image: Statista

El segundo paso, sencillo también, consiste en poner en marcha un proyecto piloto para revitalizar y fortalecer las principales organizaciones multilaterales. En un mundo que todavía lucha con las sacudidas de la COVID-19, las dos organizaciones multilaterales más críticas que deben revitalizarse mediante un proyecto piloto son la OMS y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Seamos claros en una cosa: revitalizarlas redundaría en interés a largo plazo de Europa, y la gran mayoría de los 7800 millones de habitantes del mundo también anhelan instituciones mundiales más sólidas.

Entiendo perfectamente por qué los europeos se muestran reacios a discrepar públicamente de Estados Unidos; pero todo lo que tienen que hacer es reafirmar con firmeza su apoyo a la OMS y a la OMC, tanto con palabras como con hechos.

Por último, hay un paso que Merkel no debería dar. Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ha recomendado que la OTAN se amplíe para incluir a Estados no europeos. Pocos países asiáticos o africanos apoyarán esto. A medida que avanzamos hacia un mundo multipolar, la solución es fortalecer organizaciones multilaterales con legitimidad global, no las centradas en Occidente, para afrontar los desafíos mundiales. Esto también es sentido común. Afortunadamente, Merkel es la maestra global en este ámbito.

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