Pese a la turbulencia geopolítica mundial, las iniciativas regionales están demostrando ser eficaces para impulsar prioridades compartidas.
El Área de Libre Comercio Continental Africana, el próximo Pacto Industrial Limpio de Europa y los marcos digitales de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático muestran avances en economía, clima y tecnología.
Este artículo se publicó originalmente en Yicai Global, léalo aquí.
El mundo atraviesa una turbulencia geopolítica justo cuando se necesitan enfoques multilaterales para impulsar prioridades compartidas fundamentales. Las temperaturas alcanzaron niveles récord el año pasado, el crecimiento económico es incierto y persisten las dudas sobre cómo aprovechar los beneficios de las tecnologías de vanguardia y, al mismo tiempo, minimizar los riesgos asociados, mientras se intensifican la competencia y la confrontación geopolíticas.
Aunque en este contexto difícil los enfoques cooperativos pueden parecer inalcanzables, hay señales importantes de que la colaboración continúa, sobre todo a nivel regional. Las iniciativas regionales para fortalecer las economías, impulsar la energía y la acción climática, y desarrollar ecosistemas digitales equitativos han avanzado recientemente y no solo ofrecen buenas noticias, sino que también pueden servir de modelo para avanzar en los objetivos globales pese a las adversidades.
En el ámbito económico, las proyecciones actuales muestran unas perspectivas históricamente moderadas, con un crecimiento mundial del 3,3 % durante los próximos cinco años, según el Fondo Monetario Internacional. Un factor que puede ayudar a impulsar el crecimiento tanto a nivel local como mundial es una mayor integración regional.
En este sentido, los avances en África muestran cómo los países colaboran para facilitar los flujos de comercio, capital y personas. Creada en 2021, el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) incluye a 54 de las 55 naciones de África y abarca una población de 1.400 millones de personas y un producto interno bruto combinado de 3,4 billones de dólares.
El acuerdo está llamado a integrar las economías, aumentar las exportaciones en 560.000 millones de dólares, impulsar la inversión extranjera directa dentro de África en un 68 % y la inversión externa en un 122 %, y crear 18 millones de nuevos empleos en todo el continente para 2035. Por eso, la ONU lo ha calificado como «un posible cambio radical para promover el crecimiento inclusivo y el desarrollo sostenible de África».
Aunque aún quedan varios obstáculos antes de la implementación plena, entre ellos la necesidad de mejorar las infraestructuras comerciales y facilitar las conversiones de divisas, el año pasado se lograron avances importantes. En particular, la Iniciativa de Comercio Guiado —un esfuerzo de la Secretaría de la AfCTA para facilitar el flujo de mercancías a nivel intrarregional— se amplió a 39 países e incluye a las mayores economías del África subsahariana: Sudáfrica y Nigeria.
En materia de clima y energía, el mundo acaba de vivir el año más caluroso del que se tiene registro, y se necesitan medidas aceleradas para evitar consecuencias climáticas aún peores. Los compromisos climáticos de Europa son los más ambiciosos del mundo, pero análisis recientes muestran que el objetivo de neutralidad climática para 2050 sigue fuera de alcance, principalmente debido a la complejidad interna de la UE en ámbitos como los mercados de la energía y la electricidad, los mercados de capitales y, por último, aunque no menos importante, un panorama regulatorio sumamente fragmentado.
Sobre la base del Pacto Verde Europeo, lanzado en 2020, se espera que el próximo Pacto Industrial Limpio brinde la oportunidad de armonizar las políticas climáticas e industriales en toda la Unión Europea. Su objetivo es orientar a la industria europea hacia una producción más limpia mediante la reducción de los precios de la energía y el aumento de la proporción de fuentes de energía limpias y renovables.
Además de promover la colaboración dentro de la UE, incluida la creación de una unión energética que priorice las inversiones en infraestructura y tecnologías de energía limpia, se recurrirá a una nueva modalidad de acuerdos de asociación para garantizar un suministro estable de materias primas.
Estos ejemplos prometedores de cooperación entre África, Europa y Asia muestran cómo los enfoques regionales pueden contribuir a alcanzar objetivos globales en un momento de turbulencia geopolítica.
En materia de tecnología, el mundo está al borde de una nueva era, ya que se prevé que las tecnologías de vanguardia aporten más de 4 billones de dólares de valor a la economía mundial. Sin embargo, miles de millones de personas no tienen acceso a internet o tienen un acceso limitado, y no se podrán materializar los verdaderos beneficios de las nuevas tecnologías si no se establecen salvaguardias adecuadas para minimizar los riesgos.
En este sentido, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) ofrece un ejemplo importante de cómo un enfoque regional puede contribuir a impulsar objetivos globales en materia de tecnología. Sus 10 miembros han establecido numerosas medidas y marcos normativos para promover el comercio y los intercambios digitales, entre ellos el Plan Maestro de Conectividad de la ASEAN 2025 y el Acuerdo Marco e-ASEAN.
Estas iniciativas están eliminando obstáculos al crecimiento económico en este segmento empresarial fundamental, desde garantizar un entorno en línea seguro y fiable que las personas estén dispuestas a utilizar hasta reforzar la integración digital en la región para ayudar a las microempresas y pequeñas y medianas empresas a participar en la economía digital.
Pero, sobre todo, se espera que las negociaciones sobre el Acuerdo Marco de Economía Digital de la ASEAN (DEFA) concluyan este año. Esto ofrecerá una hoja de ruta para empoderar a las empresas y acelerar el crecimiento en un entorno en línea abierto, responsable y equitativo.
Estos ejemplos prometedores de cooperación entre África, Europa y Asia muestran cómo los enfoques regionales pueden contribuir a alcanzar objetivos globales en un momento de turbulencia geopolítica. Funcionan porque se centran en misiones concretas, se adaptan para impulsar avances en cuestiones específicas y se diseñan en consecuencia. A medida que dan resultados, pueden generar un círculo virtuoso y servir de faro para otras regiones.


