¿Puede la ONU restablecer la paz internacional? Quizá, pero solo desde las bases

The United Nations headquarters building is pictured though a window with the UN logo in the foreground in the Manhattan borough of New York August 15, 2014.
The United Nations has been around since 1945. Reforms are long overdueImage: REUTERS/Carlo Allegri
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Al intervenir en Davos a comienzos de año, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, expuso una visión de la naturaleza interconectada de los conflictos actuales y pidió a la ONU un «enfoque integral» que reúna todos los pilares de la organización. Es una buena medida para una organización profundamente fracturada.

Pero al aspirar a grandes metas y centrarse en unir las principales piezas de la arquitectura de la ONU, se corre el riesgo de seguir pasando por alto las dinámicas locales cruciales de los conflictos. Cada una de las principales instituciones de la ONU —paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo— tiende marcadamente a trabajar a escala nacional y en el plano institucional del Estado. Ninguna cuenta con mecanismos adecuados para vincular lo nacional con lo local. Y aunque revisiones recientes de las políticas y el propio Guterres han pedido un enfoque centrado en las personas, no está tan claro cómo se logrará. Estas son tres maneras concretas de combatir la tendencia a centrarse en el ámbito nacional y arraigar firmemente en el terreno local la gestión de conflictos de la ONU.

Operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas

Las nuevas tecnologías, un multiplicador de fuerza para prevenir conflictos

En Davos, Guterres subrayó que la innovación y las nuevas tecnologías pueden desempeñar un papel decisivo para hacer frente a las crisis mundiales. Los riesgos asociados a las nuevas tecnologías son bien conocidos: desde la inminente amenaza que representa la capacidad de los drones en manos de terroristas hasta las amenazas de pandemias provocadas por modificaciones genéticas, pasando por el uso de las redes sociales por parte de ISIS como herramienta de reclutamiento. Como señalaron Anja Kaspersen y Jean-Marc Rickli, en un artículo anterior de Agenda, esto ha permitido que muchos más actores no estatales accedan a las herramientas del conflicto.

Pero las modernas tecnologías de comunicación también ofrecen a la ONU la oportunidad de mantener vínculos más estrechos con las poblaciones, comprender los posibles factores que impulsan los conflictos y transmitir mensajes más eficaces para contrarrestarlos.

La ONU ha dado algunos pasos positivos para incorporar mediante la tecnología las perspectivas de los actores locales. Por ejemplo, esto incluye el uso de redes sociales en las zonas orientales de la República Democrática del Congo para identificar dónde es probable que se produzcan incidentes violentos, así como una supervisión más sistemática de las redes sociales en Kosovo. Sin embargo, son pasos menores cuando se necesita uno decisivo, y las iniciativas suelen encontrarse en partes relativamente poco conocidas del sistema. Imaginemos que la ONU hubiera podido procesar sistemáticamente la enorme cantidad de datos de redes sociales procedentes de la plaza Tahrir, en El Cairo, en 2012 (en vez de depender de unos pocos miembros del personal que informaban de lo que alcanzaban a ver desde las ventanas de sus dormitorios). Cuando en 2015 se lanzó un misil SCUD desde Yemen hacia Arabia Saudita, las primeras noticias llegaron de civiles que tuiteaban desde el terreno, no de una fuente estatal ni de la ONU. En el caso de Siria, un civil apodado «Brown Moses» se convirtió en una autoridad internacional porque descubrió cómo usar múltiples fuentes de información en Twitter y Facebook para validar las denuncias sobre el uso de armas por las partes sobre el terreno.

La ONU cuenta con personal sobre el terreno en 193 países, pero su labor suele estar limitada por lo que puede ver y por las personas que conoce. Destinar recursos significativos a aprovechar el enorme potencial de las redes sociales y los macrodatos —tanto para obtener información como para comunicarse con mayor eficacia con las poblaciones afectadas— sería un multiplicador de fuerza inmediato para la ONU y acercaría su trabajo a la gente.

Análisis de origen local

Al examinar los conflictos, la gran mayoría de los análisis relacionados con la ONU se centra en datos socioeconómicos (tasas de desempleo, aumento de precios) o en cuestiones políticas nacionales (constituciones, elecciones). Como resultado, las intervenciones suelen centrarse en fortalecer las instituciones estatales, sin tener suficientemente en cuenta cómo podría afectar una nueva intervención a las dinámicas de poder subyacentes.

Decidir dónde construir una carretera, qué escuelas recibirán financiación, qué grupos participarán en un proceso político o si se apoyarán las elecciones: todo ello repercute en el tejido social. Ninguna de estas decisiones es neutral. De hecho, unas instituciones estatales más capaces pueden aumentar las tensiones si refuerzan prácticas estatales depredadoras o no prestan servicios de forma equitativa a los distintos grupos.

El llamamiento a adoptar un enfoque que abarque todos los pilares en materia de conflictos es acertado, pero el secretario general también debería exigir que se incluya de forma más sistemática a las partes interesadas locales —incluidos los líderes empresariales— en la elaboración de análisis y planes, y empoderar al personal de la ONU para que establezca las relaciones anticipatorias que sustentan toda labor eficaz de prevención.

Esto es particularmente pertinente en países donde aún no hay una misión de la ONU, pero el riesgo de conflicto es alto. En general, allí se considera que los actores de desarrollo y humanitarios de la ONU son «apolíticos» y llevan a cabo sus programas sin adentrarse en las turbias aguas de la resolución de conflictos (aunque el uso de asesores de paz y desarrollo en algunos países ha sido útil). También son los ojos y oídos de la ONU y a menudo están más directamente al tanto de lo que ocurre en el país. Si Guterres quiere hacer realidad su visión de una plataforma más proactiva para prevenir conflictos, este es un buen momento para actuar con decisión y reformar el sistema de coordinadores residentes a fin de dotarlo de las herramientas y capacidades necesarias para prevenir conflictos con eficacia y exigir a los líderes nacionales que rindan cuentas ante su pueblo.

No sigas un rumbo fijo: navega a favor del viento

La ONU también debería abandonar su enfoque lineal, centrado en el Estado, que supone que dinero + institución = estabilidad. Los conflictos surgen dentro de sistemas políticos complejos, donde los intereses individuales se entrecruzan con los comunitarios, nacionales e incluso transnacionales. El factor clave es la voluntad política: ¿qué incentivos tienen las personas en el poder para optar por una vía pacífica y cómo se entrecruzan los intereses de los grupos clave en torno al conflicto? Por ejemplo, que el presidente Kabila decida dejar el cargo de jefe de Estado de la República Democrática del Congo depende por completo de su percepción personal de seguridad y de los intereses que ve para sí mismo y para su red más amplia, incluidas las comunidades locales. Un enfoque que construye instituciones estatales sin tener esto en cuenta equivale a intentar navegar en un barco en línea recta contra el viento.

Se ha dedicado mucha reflexión a cómo intervenir en sistemas políticos complejos, incluso en zonas propensas al conflicto. El llamamiento del secretario general a adoptar un enfoque completamente nuevo en materia de prevención brinda una excelente oportunidad para incorporar esas reflexiones al corazón de la ONU: al analizar un conflicto, la pregunta debería ser «¿cuál es la teoría del cambio y cómo podemos influir en la voluntad política de quienes participan?». Una vez más, esto requiere un análisis impulsado desde el ámbito local y una mejor comprensión de cómo circulan el dinero y el poder por un sistema. La idea principal es que no hay una línea recta hacia la paz ni un presupuesto basado en resultados que incluya la prevención como producto concreto; por ello, la planificación de la ONU debería volverse más flexible y centrarse más en las personas.

Mientras Guterres intenta poner de acuerdo a todos y lograr que el sistema de la ONU funcione de forma más eficaz, habrá una tendencia a centrarse en los actores de mayor peso. La diplomacia marco, los grupos de amigos y las alianzas regionales e internacionales son elementos necesarios de una plataforma eficaz de prevención. Sin embargo, las actitudes, los patrones de conducta y los intereses de las personas son los que impulsan y perpetúan los conflictos, y por eso deberían ocupar un lugar central en la labor preventiva de la ONU. Los acontecimientos de 2016 ponen de manifiesto los peligros de ignorar los temores y deseos de la gente. Ahora es el momento adecuado para arraigar la labor de la ONU en las personas a las que sirve.

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