Por qué necesitamos reconstruir nuestro contrato social con los niños del mundo

In 2024, we must get back on track with our SDG commitments to children.
In 2024, we must get back on track with our SDG commitments to children.Image: UNICEF/UNI444234/Andriantsoar
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  • 2023 ha sido uno de los peores años para la infancia, con 1000 millones de niños que viven ahora en países con un riesgo extremadamente alto de cambio climático y 460 millones que viven en zonas de conflicto.

  • En 2024, las asociaciones público-privadas, las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial y el creciente liderazgo de la infancia y la juventud podrían cambiar nuestro rumbo para mejor.

  • Son muy pocas las movilizaciones colectivas en el mundo cuyos resultados y efectos valgan tanto para toda una generación de personas.

Al terminar 2023, tres hitos importantes harán de 2024 un año decisivo para reconstruir el camino hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para la infancia en todo el mundo.

En primer lugar, la Cumbre de los ODS convocada por el Secretario General de la ONU nos recordó que el mundo se está quedando atrás en el cumplimiento de la mayoría de nuestros objetivos mundiales fundamentales y los países renovaron su compromiso con un plan de acción acelerado.

En segundo lugar, la COP28, por primera vez, subrayó los efectos únicos y desproporcionados del cambio climático en la salud y el bienestar de la infancia con 1000 millones de niños que viven ahora en países con un riesgo extremadamente alto.

Y, en tercer lugar, al terminar 2023 reconocimos que este ha sido uno de los peores años para la infancia, con 460 millones que viven en zonas de conflicto, donde se enfrentan no solo a un peligro claro e inminente para sus vidas, sino también a un futuro incierto en el que se ha roto la confianza entre la infancia y los sistemas que deberían protegerla.

Es hora de reconstruir esa confianza y reparar nuestros caminos hacia el futuro. Debemos empezar por un contrato social renovado para la infancia.

Enfoques colaborativos

A comienzos de 2024, al reflexionar sobre el mundo que heredarán los niños de hoy, lo hago con una profunda sensación de esperanza. Aunque una tormenta perfecta de fragmentación y policrisis pone en peligro los avances, logrados con esfuerzo, que hemos conseguido para la infancia en décadas anteriores, también reconozco que las fuerzas positivas (en particular, las nuevas formas de construir asociaciones y coaliciones público-privadas, las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial y el creciente liderazgo de la infancia y la juventud) podrían cambiar nuestro rumbo para mejor en 2024.

Perspectiva Global 2024 de UNICEF pone de relieve hasta dónde podemos llegar juntos, mediante un enfoque colaborativo y basado en las alianzas. Esto es fundamental en la medida en que organizaciones, empresas y gobiernos cocrean soluciones para conectar a más niños con servicios básicos, aprendizaje de calidad y atención sanitaria asequible. También es igualmente fundamental en sentido amplio, ya que la fragmentación económica amenaza los medios de vida de las familias, el crecimiento de la infancia y el empleo juvenil.

Nuestro nuevo contrato social para la infancia en pro de los ODS debe basarse en la solidaridad económica, la colaboración de mercado y un compromiso compartido de invertir en las competencias del futuro para salvaguardar los derechos y el porvenir de la infancia. Debemos priorizar a la infancia en la formulación de la política comercial para garantizar un acceso más equitativo a bienes y servicios esenciales. La reestructuración de la deuda puede equilibrar los imperativos económicos con las inversiones sociales (más protección social, servicios básicos más asequibles y de mejor calidad, y llegar a los niños que están más rezagados) para blindar a toda una generación frente a la próxima crisis mundial.

La Cuarta Revolución Industrial

La inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías tienen el potencial de mejorar los resultados de la generación totalmente digital de niños del mundo. Ya sea mediante una tutoría inteligente y personalizada, la diversificación del acceso al aprendizaje o una mejor nutrición gracias a mejores rendimientos de los cultivos, la IA puede ayudarnos a procesar cifras en el último kilómetro.

Durante una reciente visita a la India, vi cómo los agentes comunitarios de salud utilizan una aplicación móvil, el POSHAN Tracker, para registrar datos que ayudan a la comunidad a seguir la nutrición de la infancia. UNICEF ha respaldado a socios para desarrollar en Guatemala un prototipo de respuesta de emergencia con drones que puede ayudar en emergencias climáticas, y UNICEF está invirtiendo, a través de su fondo de capital riesgo, en soluciones de código abierto basadas en IA para abordar los riesgos digitales que afectan a la infancia.

En esta etapa temprana tenemos la oportunidad de diseñar una revolución de la IA y la tecnología que sea equitativa, inclusiva y segura para la infancia. Conocemos los importantes riesgos que las tecnologías no controladas pueden tener para el bienestar de la infancia, así como los retos en materia de regulación y rendición de cuentas, para la privacidad y los datos de la infancia y derivados del sesgo algorítmico.

Esta organización ha enseñado a 1 millón de niños cómo innovar para salir de la pobreza.
Esta organización ha enseñado a 1 millón de niños cómo innovar para salir de la pobreza.
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Pese a ello, la mayoría de las estrategias nacionales de IA y de las directrices éticas no se centran suficientemente en la infancia y sus necesidades. Ni los gobiernos ni las empresas tecnológicas cuentan con procesos sólidos para involucrar a las personas, especialmente a la infancia, en la elaboración de políticas y productos de forma colaborativa. Pero esto puede y debe cambiar. Ahora es el momento de trabajar juntos para garantizar que las políticas de IA conecten con la infancia y sus experiencias, y sirvan verdaderamente a sus necesidades y esperanzas.

Tenemos dos caminos por delante: uno con una mayor colaboración y alianzas a escala mundial, que puede amplificar los beneficios de la tecnología, el comercio y la innovación mediante el intercambio de conocimientos y un crecimiento equitativo; y otro menos unido, menos próspero, que debe afrontar las consecuencias del cambio climático, los conflictos por los recursos y las políticas proteccionistas.

Al prever estas trayectorias futuras divergentes, los responsables de políticas, los líderes empresariales y las partes interesadas pueden anticiparse a los retos y aprovechar las oportunidades para forjar un mundo más seguro y equitativo para la infancia. Estos beneficios tendrán un efecto en cadena en sus familias, en sus comunidades y, con el tiempo, en las economías.

Partiendo de los éxitos pasados

Hay muchos ejemplos exitosos del pasado de este enfoque colaborativo. Por ejemplo, cuando la comunidad mundial se unió para reducir a la mitad las tasas de mortalidad de niños menores de cinco años entre 2000 y 2021; o el más de 2000 millones de personas que han accedido a servicios de agua y saneamiento gestionados de forma segura desde 1990.

La cooperación mundial ha provocado una fuerte reducción de las tasas de mortalidad infantilImage: Our World in Data

Reflexiono sobre la enorme entereza y la colaboración que hicieron falta para que estas cosas sucedieran, y considero igualmente lo poco que cuesta invertir en este futuro. El presupuesto anual integrado de programas de UNICEF para 191 países, que abarca una cartera de nutrición, educación, salud, respuesta a emergencias, protección social, protección de la infancia, agua y saneamiento, y programas transversales, supera apenas los 5000 millones de dólares cada año; a modo de comparación, el presupuesto municipal de la ciudad de Nueva York es de 95 000 millones de dólares.

Son muy pocas las movilizaciones colectivas en el mundo cuyos resultados y efectos valgan tanto para toda una generación de personas, tanto en términos materiales de cifras de alcance como por el valor incalculable de un futuro sano, cualificado y empoderado.

Con la Cumbre del Futuro de 2024, debemos unirnos y redoblar nuestras acciones e inversiones, situando a la infancia, sus intereses y sus voces en el centro de las negociaciones sobre nuestro futuro compartido. Para los líderes empresariales, integrar los derechos de la infancia en el núcleo de sus estrategias de sostenibilidad y ESG no solo es esencial para mejorar la huella social de sus empresas y, al mismo tiempo, respetar los derechos y el bienestar de la infancia actual; también es determinante para dar forma al futuro de quienes heredarán y dirigirán el mundo mañana.

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