La fijación de precios del carbono se considera una de las herramientas más poderosas para ayudar a los países a limitar las emisiones de CO2 y alcanzar los objetivos de cero emisiones netas.
Dinamarca ha aprobado un nuevo impuesto al carbono para las empresas que será el más alto de Europa.
Algunos de los mayores emisores de CO2 del mundo no han impuesto un impuesto al carbono o, en su lugar, han introducido sistemas de comercio de emisiones.
En la carrera hacia las cero emisiones netas, cada vez más países buscan formas de reducir sus emisiones de CO2.
La fijación de precios del carbono es una de las opciones que utilizan los gobiernos para ayudar a reducir la contaminación causada por los combustibles fósiles y fomentar la inversión en tecnologías más limpias.
Se aplica un impuesto al carbono a las emisiones de carbono necesarias para producir bienes y servicios. Por lo general, solo abarca las emisiones de CO2, pero también puede aplicarse a otros gases de efecto invernadero, como el metano o los óxidos de nitrógeno, gravando las emisiones en función de su potencial para contribuir al calentamiento global.
Según el Banco Mundial, hay 68 instrumentos directos de fijación de precios del carbono en funcionamiento a junio de 2022 en 46 jurisdicciones nacionales en todo el mundo. Estos comprenden 36 regímenes de impuestos al carbono y 32 sistemas de comercio de emisiones (ETS). Se trata de sistemas de permisos negociables que fijan un límite a la cantidad de gases de efecto invernadero que se pueden emitir. Las empresas y entidades tienen la flexibilidad de comprar y vender unidades de emisiones.
¿Qué están haciendo los mayores emisores de CO2 del mundo respecto a la fijación de precios del carbono?
Unión Europea
El Parlamento danés ha aprobado recientemente un nuevo impuesto al carbono para las empresas que, según se prevé, será el más alto de Europa. Dinamarca ya se ha fijado el ambicioso objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 70% respecto a los niveles de 1990 para 2030. El Gobierno danés afirma que el impuesto se aplicará a las empresas tanto dentro como fuera del sistema de cuotas de carbono de la UE.
El ETS de la UE es el mayor sistema de comercio de emisiones multisectorial del mundo. Incluye 11.000 centrales eléctricas e instalaciones industriales en toda la UE y funciona en todos los Estados miembros, así como en el Reino Unido, Noruega, Islandia y Liechtenstein. Según el principio de «tope y comercio» se establece un límite máximo al derecho a emitir ciertos contaminantes, y las empresas pueden intercambiar derechos de emisión dentro de la zona.
China
El mayor emisor de CO2 del mundo puso en marcha el mayor mercado de carbono del mundo en 2021 —tres veces el tamaño del de la Unión Europea—. El sistema de comercio de emisiones de China se basa en un modelo de tope y comercio que inicialmente incluye centrales energéticas de carbón y gas. El país prevé incorporar pronto la industria pesada y la manufactura al sistema, que abarcaría más emisiones que todos los demás mercados de carbono del mundo juntos. China tiene el objetivo de alcanzar el máximo de emisiones en 2030 y la meta de llegar a cero emisiones netas para 2060.
Estados Unidos
A pesar de ser uno de los mayores emisores de CO2 del mundo, Estados Unidos actualmente no tiene un impuesto al carbono a nivel nacional. Sin embargo, varios estados, entre ellos California, Oregón, Washington, Hawái, Pensilvania y Massachusetts, han introducido sistemas de fijación de precios del carbono que abarcan las emisiones dentro de sus territorios. El presidente Biden se ha comprometido a reducir las emisiones un 50% para 2030 y alcanzar las cero emisiones netas para 2050. Sin embargo, su administración considera que la idea de un impuesto al carbono es políticamente arriesgada y difícil de aprobar en el Congreso de Estados Unidos.
India
India aporta aproximadamente el 7% de las emisiones mundiales de CO2, lo que la convierte en el tercer mayor emisor del mundo, después de China y Estados Unidos. No grava directamente las emisiones de carbono, pero desde 2010 aplica un impuesto al carbón importado y al producido en el país. El carbón genera más de la mitad de la electricidad del país.
La fijación de precios del carbono es compleja
Otros países están considerando introducir alguna forma de impuesto al carbono, pero hay muchas razones por las que los gobiernos podrían mostrarse reacios. Establecerlos puede ser políticamente difícil, porque algunos sectores del mundo empresarial y sus aliados podrían oponerse por motivos económicos. Los impuestos al carbono también suelen considerarse regresivos, ya que pueden perjudicar a los miembros más pobres de la sociedad al contribuir al aumento de los precios. Otro factor que complica la situación es el problema de la llamada «fuga de carbono» cuando las empresas pueden intentar trasladar sus operaciones a otros países con políticas de emisiones menos estrictas. Esto podría aumentar las emisiones totales de esos países.
Corresponde a las naciones más ricas, que son las que más emisiones generan, dar ejemplo, afirma el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann: «Las economías del G20 están elevando sus ambiciones y esfuerzos, entre otras vías, mediante la fijación explícita e implícita de precios a las emisiones de carbono. Sin embargo, los avances siguen siendo desiguales entre países y sectores, y la coordinación mundial no es suficiente. Necesitamos un enfoque más coherente a escala mundial que permita a los países elevar sus ambiciones y esfuerzos al nivel necesario para alcanzar las cero emisiones netas a escala mundial para 2050».




