Dar nueva vida a un sistema basado en normas: una estrategia global

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Este artículo forma parte de la plataforma de Geoestrategia del Foro Económico Mundial

Estados Unidos y sus aliados victoriosos en la Segunda Guerra Mundial lideraron la construcción del sistema internacional en el que vivimos hasta hoy.

Tras dos devastadoras conflagraciones mundiales, idearon un sistema de reglas y normas, respaldado por alianzas e instituciones internacionales, que ofrecía foros para que los Estados resolvieran disputas políticas y ayudaran a las sociedades a recuperarse de la depresión económica y la guerra.

Este sistema internacional basado en normas resultó ser un éxito que superó incluso las expectativas de sus artífices. En las últimas siete décadas, el mundo se ha vuelto mucho más pacífico, próspero y democrático que en cualquier otro momento de la historia.

Sin embargo, hoy este sistema afronta nuevos desafíos. La distribución mundial del poder está cambiando. Estados autocráticos revisionistas buscan desestabilizar o desplazar el sistema vigente. El capitalismo de Estado autoritario desafía el modelo occidental de mercados libres y política como la mejor manera de organizar la sociedad.

Tecnología disruptiva

Además, han surgido nuevas cuestiones, como las tecnologías disruptivas emergentes, para las que el sistema original nunca fue concebido. En todo Occidente se ha perdido confianza en el propio modelo político. El aumento de las desigualdades lleva a muchos a cuestionar la economía de mercado abierto y provoca una reacción contra el compromiso global.

Todo esto ocurre mientras Estados Unidos, principal defensor y promotor de este orden, muestra una incertidumbre cada vez mayor tanto sobre su capacidad como sobre su voluntad de seguir desempeñando el papel tradicional de impulsar el sistema basado en normas.

Ante estos desafíos, muchos analistas han sugerido que el sistema basado en normas tal como lo hemos conocido está destinado a deteriorarse. Según este argumento, Estados Unidos y sus aliados y socios democráticos ya no cuentan con la influencia mundial ni con el respaldo político interno necesarios para determinar decisivamente los resultados internacionales. Concluyen, por tanto, que Estados Unidos y sus aliados no tienen más opción que reducir sus ambiciones globales y encontrar maneras de acomodar a las grandes potencias rivales en un nuevo sistema mundial menos liberal.

El orden posterior a la Segunda Guerra Mundial ha demostrado ser insuperable en su capacidad para garantizar la paz, la prosperidad y la libertad mundiales. Sería imprudente abandonarlo

Otros sostienen que los problemas recientes del sistema basado en normas pueden atribuirse en gran medida a perturbaciones políticas pasajeras, como la ola populista que se extiende por muchas democracias de todo el mundo. Según esta interpretación, una vez superados estos obstáculos temporales, Estados Unidos y sus aliados podrán desempolvar el antiguo manual y volver al modelo tradicional de actuación.

Ambas perspectivas están equivocadas.

El orden posterior a la Segunda Guerra Mundial ha demostrado ser insuperable en su capacidad para garantizar la paz, la prosperidad y la libertad mundiales. Sería imprudente abandonarlo —o reducir significativamente su alcance— porque está sometido a nuevas presiones. Al mismo tiempo, es imposible volver a un mundo que ya no existe.

Las condiciones mundiales han cambiado profundamente, y tiene poco sentido aferrarse a un sistema estático y anticuado frente a las nuevas realidades. Estados Unidos y sus aliados democráticos deben encontrar un nuevo camino que evite los peligros alternativos del derrotismo y la nostalgia. Este documento estratégico propone revitalizar, adaptar y defender un sistema internacional basado en normas.

Valores liberales

En lugar de replegarse, Estados Unidos y sus aliados y socios de todo el mundo deben redoblar sus esfuerzos y aprovechar el momento actual como una oportunidad para ampliar y profundizar un sistema internacional basado en normas, asentado en valores y principios liberales.

De hecho, pese a las ideas erróneas habituales en sentido contrario, Estados Unidos y su extensa red de aliados y socios siguen contando con la preponderancia de poder necesaria para impulsar un sistema liberal basado en normas.

Además, la ciudadanía de las democracias está mucho más dispuesta a apoyar el compromiso global de lo que sugiere la opinión generalizada, siempre que sus líderes la guíen con una visión convincente del futuro.

Un enfoque basado en normas puede seguir funcionando e incluso prosperar, pero hace falta una nueva estrategia. La tarea que tenemos por delante quienes estamos «presentes en la recreación» consiste en traducir los principios perdurables sobre los que se construyó el orden de posguerra en un sistema profundamente rediseñado, capaz de afrontar los desafíos y las oportunidades del siglo XXI.

En primer lugar, Estados Unidos y sus aliados democráticos deben actuar para revitalizar el apoyo a los principios de un sistema basado en normas. Un sistema mundial sostenible exigirá reafirmar los valores democráticos y profundizar la cooperación entre las democracias del mundo, al tiempo que se construye un marco inclusivo que garantice que todas las grandes potencias mundiales, incluida China, puedan contribuir al éxito del sistema y beneficiarse de él.

Image: Atlantic Council

En un sistema revitalizado, Estados Unidos debería seguir liderando, pero garantizará un equilibrio de poder favorable al mundo libre conectando de forma más proactiva a sus aliados y socios democráticos e impulsando la colaboración entre ellos. Estas potencias democráticas fundamentales, unidas en torno a la nueva Declaración de Principios, deberían asumir la responsabilidad de impulsar y dirigir colectivamente un sistema revitalizado basado en normas. A ellas deberían sumarse las democracias emergentes del mundo, como India, Brasil, México y Sudáfrica, para colaborar más estrechamente en la promoción y defensa de los valores comunes que las unen.

Hay que convencer a la ciudadanía de las democracias, especialmente de Estados Unidos, de las ventajas de comprometer los recursos necesarios para mantener el liderazgo mundial. Al mismo tiempo, un sistema así debe trascender el núcleo democrático y procurar la participación activa o, como mínimo, la aquiescencia de las grandes potencias autocráticas.

Nos guste o no, Rusia y China tienen el poder de perturbar el funcionamiento de un sistema eficaz, y hay que hacerles ver las ventajas de contribuir a un sistema mundial pacífico y estable.

Valores fundamentales

El mundo libre debería colaborar con Rusia y China para identificar normas y principios compartidos y forjar un conjunto acordado de reglas internacionales. El mundo libre puede y debe entablar un diálogo pragmático sin comprometer sus valores fundamentales.

Por ello, este documento estratégico propone un enfoque de dos vías. Las democracias integradas del mundo libre deberían ejercer un liderazgo sistémico coherente y basado en principios para impulsar un sistema basado en normas, mientras buscan identificar intereses comunes y ampliar los ámbitos de cooperación a un grupo más inclusivo de potencias mundiales.

En segundo lugar, el sistema basado en normas actual debe adaptarse y rediseñarse de manera significativa para abordar sus deficiencias y reflejar las nuevas realidades, incluida la difusión del poder mundial y la aparición de tecnologías disruptivas.

Image: Atlantic Council

Estados Unidos y sus aliados democráticos necesitan un esfuerzo ambicioso para recrear y actualizar, no abandonar, las instituciones que unen el núcleo democrático del sistema.

Este documento propone varias adaptaciones: reinventar el Grupo de los Siete (G7) como un nuevo «D10» de mayor nivel que sirva de comité directivo de las democracias; forjar una Alianza de Naciones Libres (AFN) nueva, mundial y formal; y negociar un Acuerdo de Libre Comercio del Mundo Libre (FWTA) que conecte las economías del mundo democrático.

Al mismo tiempo, los intereses de todos los Estados, incluidas las autocracias, deben estar representados en un sistema mundial renovado. Esta estrategia no se centra en construir instituciones en el mundo democrático excluyendo a las autocracias. Al contrario, es necesario construir un orden inclusivo que incorpore a otras grandes potencias.

El Grupo de los Veinte (G20) debería asumir un papel más amplio como órgano mundial de toma de decisiones en una gama más extensa de asuntos políticos, económicos y de seguridad. Dentro del marco del G20 deberían establecerse nuevos diálogos para que las grandes potencias encuentren puntos en común sobre las nuevas tecnologías y la reforma del sistema comercial mundial.

Image: Atlantic Council

Mientras tanto, las Naciones Unidas —en particular, el Consejo de Seguridad— deberían seguir sirviendo de foro universal para el diálogo y la cooperación entre todos los Estados. Con ambas vías firmemente ancladas en un sistema internacional revitalizado, las principales potencias mundiales podrán empezar a elaborar las nuevas reglas y normas necesarias para responder a las exigencias del siglo XXI.

Por último, este sistema revitalizado y adaptado debe defenderse.

Las principales potencias deben establecer un enfoque más sistemático para vigilar el cumplimiento de las reglas fundamentales, incentivar a los Estados a respetarlas y desarrollar medidas para sancionar a los principales adversarios del sistema. A corto plazo, esto significa que las democracias que constituyen el núcleo del sistema basado en normas deben prepararse para una nueva era de competencia entre grandes potencias. También deben defender la democracia frente al retroceso autocrático y las injerencias.

Al mismo tiempo, un grupo más amplio de potencias mundiales debe procurar cooperar para hacer frente a los peligros que plantean la proliferación nuclear, el terrorismo, las tecnologías disruptivas y otras amenazas globales.

A algunos, la estrategia aquí expuesta puede parecerles poco realista. Sin embargo, el enfoque sí refleja las realidades geopolíticas actuales y resulta adecuado para afrontarlas. Estados Unidos y sus aliados y socios conservan la capacidad y el apoyo político interno necesarios para liderar un sistema internacional revitalizado, y Rusia, China y otras grandes potencias comprobarán que sus intereses estarán mejor atendidos si participan en este esfuerzo en lugar de quedar aisladas de él.

A fin de cuentas, esta estrategia tendrá éxito si logra convencer a todos los Estados principales de que la mejor manera de promover sus intereses es dentro de un sistema basado en normas. No solo pueden esperar beneficios sustanciales por participar en el nuevo sistema, sino que sabrán que cualquier esfuerzo significativo por desafiarlo o socavarlo será inútil.

Presentes en la recreación: una estrategia global para revitalizar, adaptar y defender un sistema internacional basado en normas, Ash Jain y Matthew Kroenig, el Atlantic Council

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