La presencia de saldos comerciales bilaterales grandes y crecientes ha suscitado preocupación por que los obstáculos asimétricos al comercio puedan distorsionar el sistema comercial internacional. Sin embargo, en lugar de centrarse en los saldos bilaterales, los economistas suelen tratar de comprender los saldos comerciales agregados (es decir, la suma de los saldos comerciales bilaterales de un país con todos los demás países) y sus determinantes macroeconómicos (por ejemplo, Obstfeld, 2012; para una excepción, véase Davis y Weinstein, 2002). Esto plantea la cuestión de si los saldos comerciales bilaterales son el enfoque adecuado para los debates de política.
En un estudio reciente (FMI, 2019), analizamos en profundidad esta cuestión de gran relevancia política, centrándonos en tres preguntas. En primer lugar, nos preguntamos qué impulsa los saldos comerciales bilaterales. En segundo lugar, ¿cuál es la relación entre los saldos comerciales agregados (y sus impulsores) y los saldos comerciales bilaterales? En tercer lugar, cuando se elevan los aranceles bilaterales con el objetivo de incidir en un saldo comercial bilateral específico, ¿cuáles son las consecuencias para los países involucrados y qué efectos de derrame surgen para otros países al tener en cuenta la presencia de cadenas globales de valor?
Los impulsores de los saldos comerciales bilaterales
Una primera aproximación a los saldos comerciales bilaterales sugiere una serie de fuerzas impulsoras. La Figura 1 muestra el saldo comercial agregado y los tres mayores saldos comerciales bilaterales de algunos países grandes en 1995 y 2015. En general, los países presentan saldos comerciales bilaterales tanto positivos como negativos, lo que refleja la organización internacional de la producción: los costes comerciales más bajos permiten a los países especializarse en aquello que hacen mejor y comerciar entre ellos. No obstante, hay casos en los que la mayoría de los saldos comerciales bilaterales son unilaterales, ya sea en el lado negativo (por ejemplo, en Estados Unidos) o en el positivo (por ejemplo, en Alemania). Suelen estar acompañados de grandes saldos comerciales agregados que tienden a estar determinados por factores macroeconómicos, como la demanda y la oferta agregadas.

Para cuantificar la importancia relativa de los impulsores de los saldos comerciales bilaterales, recurrimos al modelo de gravedad, herramienta básica para las exportaciones bilaterales. Este modelo, que cuenta con sólidos fundamentos microeconómicos, distingue tres grupos de impulsores de los flujos comerciales bilaterales, en línea con nuestras observaciones de la Figura 1: los factores macroeconómicos, los costes comerciales y la composición sectorial de la demanda y la oferta. Los factores macroeconómicos están representados, esencialmente, por el nivel de demanda y oferta agregadas de cada uno de los socios comerciales. Los costes comerciales incluyen los aranceles bilaterales y los indicadores aproximados de otros costes comerciales (por ejemplo, la distancia), así como los costes medios de importación y exportación de cada país (es decir, los «términos de resistencia multilateral»). Por último, la dimensión sectorial nos permite captar los posibles efectos de las características y transformaciones estructurales en la configuración de la composición sectorial de la demanda y la oferta de los países y, por tanto, de la organización internacional de la producción.
El modelo puede aplicarse tanto a las exportaciones como a las importaciones bilaterales, lo que permite obtener resultados para los saldos comerciales bilaterales (véase Davis y Weinstein, 2002, para un enfoque similar). Se estima sobre una muestra amplia compuesta por 63 países, 34 sectores y el periodo 1995-2015.
Constatamos que los cambios en los saldos bilaterales en las últimas dos décadas han estado impulsados, en gran medida, por factores macroeconómicos, es decir, por la evolución relativa de la demanda y la oferta agregadas en ambos socios comerciales. Por ejemplo, los factores macroeconómicos explican el 20 % del cambio en el saldo comercial entre Estados Unidos y Alemania, pero más del 95 % del cambio en el saldo comercial entre Estados Unidos y China (Figura 2). En este último caso, esto reflejó un aumento mayor de la oferta agregada que de la demanda agregada en China y, en menor medida, un aumento mayor de la demanda agregada que de la oferta en Estados Unidos.

El impacto directo de los cambios en los aranceles bilaterales desempeñó un papel reducido, lo que refleja el hecho de que los aranceles ya se encontraban en niveles relativamente bajos en 1995 en muchos países y que las reducciones arancelarias recíprocas posteriores tuvieron efectos compensatorios en los saldos comerciales bilaterales.
La relación entre los saldos comerciales bilaterales y agregados
Bajo supuestos moderados, la ecuación de gravedad puede transformarse para mostrar de forma más formal que el saldo comercial bilateral entre dos países es función de los saldos comerciales agregados de los dos socios comerciales (que reflejan el desequilibrio entre demanda y oferta en cada país) y de un factor de intensidad del comercio bilateral que resume cómo una relación comercial específica se ve afectada por los costes comerciales bilaterales y multilaterales y por otros determinantes de la ventaja comparativa y la especialización sectorial. La lógica subyacente al modelo de gravedad también sugiere que, para evaluar mejor la evolución del saldo comercial bilateral a lo largo del tiempo, este debe ponderarse por el producto de las producciones de los dos países (en relación con la producción mundial), para reflejar el hecho de que, a medida que los dos países crecen, en igualdad de condiciones, su saldo comercial bilateral tendería a aumentar en valor absoluto.
Aplicando esto a la evolución del saldo comercial bilateral entre Estados Unidos y China se desprenden dos hechos interesantes. En primer lugar, el saldo comercial bilateral entre Estados Unidos y China se amplió desde mediados de la década de 1990 hasta mediados de la de 2000, pero desde entonces se ha ido reduciendo (Figura 3). En segundo lugar, la evolución del saldo comercial bilateral debidamente ajustado refleja la ampliación de los desequilibrios externos de Estados Unidos y China antes de la crisis mundial y su posterior reducción. Manteniendo constante la intensidad del comercio bilateral, gran parte de la evolución del saldo comercial entre Estados Unidos y China puede explicarse por la evolución de las ratios entre el saldo comercial agregado y el PIB de ambos países (línea «prevista»).

Desde una perspectiva de política, es, por tanto, importante comprender qué impulsa el desequilibrio macroeconómico entre oferta y demanda en cada país, que también se refleja en su saldo comercial agregado. Entre los impulsores se encuentran factores fundamentales, como la demografía y el nivel de desarrollo económico e institucional, pero también las políticas macroeconómicas, en particular la política fiscal y los ciclos crediticios, y, en algunos casos, las políticas cambiarias y las políticas domésticas de oferta (por ejemplo, subvenciones generalizadas a los costes de producción) (por ejemplo, FMI, 2018). Por ejemplo, se ha señalado que los estímulos fiscales procíclicos son una fuente de un déficit exterior excesivo de Estados Unidos, mientras que China se cita como un ejemplo en el que podrían estar en juego políticas de oferta generalizadas, como las subvenciones a la producción y las políticas regulatorias, que elevan artificialmente la oferta agregada.
Un análisis más detallado de los aranceles y sus efectos de derrame
Si bien el impacto directo de los aranceles sobre la evolución de los saldos comerciales bilaterales ha sido reducido en comparación con los factores macroeconómicos, esto no significa que los aranceles carezcan de importancia. Los cambios amplios y sostenidos en los aranceles y en otros costes comerciales pueden moldear la organización internacional de la producción en cadenas globales de valor, con consecuencias importantes para la productividad agregada y el crecimiento de la renta. De hecho, desde mediados de la década de 1990, las reducciones significativas de los costes comerciales (aranceles, transporte y costes de comunicación) han ido acompañadas de un aumento de la integración en las cadenas globales de valor

La naturaleza integrada del actual sistema comercial mundial sugiere que un aumento brusco de los aranceles podría tener efectos de derrame significativos al propagarse a través de las fronteras por los vínculos de cadenas globales de valor ascendentes y descendentes. Para evaluar esta posibilidad, nuestro trabajo combina un enfoque empírico con el uso de modelos cuantitativos estructurales. Utilizando un amplio conjunto de datos de panel de 35 países y 13 sectores manufactureros, calculamos los aranceles ascendentes y descendentes mediante la fórmula arancelaria acumulada derivada por Rouzet y Miroudot (2013), y constatamos que los aranceles impuestos más arriba o más abajo en la cadena de valor tienden a perjudicar la producción, el empleo y la productividad nacionales. Así pues, los aranceles perjudican la actividad económica no solo de los países que los imponen y los sufren directamente, sino también de otros países situados aguas arriba y aguas abajo de la cadena de valor. Las simulaciones (basadas en estimaciones parciales de equilibrio por país y sector) muestran que el coste en términos de producción de un aumento generalizado de 1 punto porcentual en los aranceles manufactureros sería mayor hoy que a mediados de la década de 1990, especialmente para los países muy integrados en las cadenas de suministro manufactureras (por ejemplo, Corea y Alemania).

Sin embargo, cuando los aumentos arancelarios no se aplican de manera generalizada, sino que se dirigen a socios específicos, la desviación del comercio puede beneficiar a países que no son objetivo directo de los aranceles, ya que aumenta la demanda de sus bienes. Los efectos de desviación del comercio sugieren que los intentos de incidir sobre un saldo comercial bilateral concreto mediante aranceles bilaterales u otras distorsiones probablemente se encontrarán con cambios compensatorios en los saldos comerciales con otros socios, un punto que abordamos a continuación.
Guerras arancelarias bilaterales
Se utilizan tres modelos diferentes de equilibrio general para simular un aumento arancelario bilateral hipotético del 25 % sobre todos los bienes comercializados entre Estados Unidos y China (Cáceres et al., 2019; Hunt et al., de próxima publicación). Las simulaciones sugieren tres conclusiones principales.
En primer lugar, muestran que Estados Unidos y China serían los países que sufrirían las mayores pérdidas de producción (Figura 6).
En segundo lugar, aunque su saldo bilateral disminuye algo, el cambio en sus saldos comerciales agregados es insignificante, ya que la demanda de cada país se desvía hacia otros socios comerciales. Así pues, los aranceles bilaterales no solo son costosos para los países implicados, sino que además es probable que sean ineficaces para corregir sus desequilibrios externos.
Por último, aunque países como México, Canadá y, en menor medida, el este de Asia se benefician algo de la desviación del comercio, la economía mundial sale perjudicada. Es probable que estas pérdidas estén infraestimadas, ya que no tienen en cuenta el coste que las tensiones comerciales generan en la confianza, ni los costes de ajuste asociados a las reasignaciones sectoriales nacionales e internacionales de las cadenas globales de valor.

Implicaciones para las políticas
De nuestros hallazgos se desprenden dos conclusiones principales de política.
En primer lugar, los factores macroeconómicos son impulsores cruciales tanto de los saldos comerciales bilaterales como de los agregados. A menos que cambien las condiciones macroeconómicas, utilizar aranceles bilaterales para incidir en un saldo comercial bilateral específico probablemente dará lugar a ajustes compensatorios en otros saldos comerciales bilaterales debido a la desviación del comercio, lo que dejará el saldo comercial agregado del país en gran medida sin cambios. Por tanto, el debate sobre los desequilibrios externos debería centrarse en evitar las políticas macroeconómicas que generen distorsiones en el saldo comercial agregado, como las políticas fiscales procíclicas o la fuerte subvención de los sectores exportadores.
En segundo lugar, las reducciones multilaterales de los aranceles y de otras barreras no arancelarias beneficiarían al comercio y, a largo plazo, mejorarían los resultados económicos. Los responsables de la formulación de políticas deberían seguir promoviendo la apertura comercial, anulando los aranceles promulgados recientemente y redoblando los esfuerzos para reducir las barreras comerciales existentes. Al mismo tiempo, nuestra constatación de que los cambios arancelarios pueden dar lugar a reasignaciones potencialmente grandes de la producción entre sectores y países también sirve de advertencia sobre los posibles efectos secundarios tanto de los incrementos arancelarios como de las liberalizaciones comerciales: las políticas comerciales pueden imponer ajustes costosos a algunos trabajadores y comunidades, a los que los responsables de la formulación de políticas deben hacer frente.
Las opiniones expresadas en este documento son las de los autores y no deben atribuirse al FMI, a su Directorio Ejecutivo ni a su dirección.


