Cómo ayuda la IA a los diplomáticos a ampliar la inclusión en las negociaciones climáticas mundiales

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  • En julio de 2025, un grupo de negociadores climáticos de nueve países africanos se reunió en el campus de la CMNUCC en Bonn.

  • Con el apoyo de la IA, participaron en un proceso colaborativo en tiempo real que les ayudó a estructurar prioridades, identificar puntos en común y acelerar la convergencia.

  • Si la diplomacia ha de seguir siendo una herramienta para la paz, la inclusión y el progreso, debe volverse más humana, no a pesar de la IA, sino con su apoyo.

A medida que los desafíos mundiales se interconectan cada vez más, los procesos diseñados para resolverlos están bajo presión. Las negociaciones climáticas, por ejemplo, pueden abarcar ahora más de 120 puntos del orden del día concentrados en unos pocos días. Los delegados se enfrentan a más de 100.000 páginas de material, a menudo con apoyo limitado y aún menos tiempo. En medio de esta creciente complejidad, la diplomacia se define cada vez más no por el desacuerdo, sino por la falta de alineación.

En julio de 2025, un grupo de negociadores climáticos de nueve países africanos —que representan a más de 178 millones de personas— se reunió en el campus de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Bonn para probar algo nuevo. Con el apoyo de la inteligencia artificial (IA), participaron en un proceso colaborativo en tiempo real que les ayudó a estructurar prioridades, identificar puntos en común y acelerar la convergencia.

No se trataba de una simulación. Era un proyecto real codirigido por el Centro de Negociaciones Multilaterales (CEMUNE) y ComplexChaos, una empresa emergente que gestionamos, con sede en Silicon Valley y respaldada por un fondo de capital riesgo presidido por Reid Hoffman y financiado por Bill Gates, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, además de inversores ángeles como los cofundadores de WhatsApp, Google Assistant y OpenGov.

«Lo que vimos fue el poder de una coordinación temprana y plenamente inclusiva», afirmó Huw Davies, director general de CEMUNE.

En las sesiones, los participantes utilizaron la IA para generar preguntas estructuradas, sacar a la luz perspectivas pasadas por alto y sintetizar aportaciones a las negociaciones en tiempo real. La experiencia ayudó a transformar una preparación fragmentada en un proceso más inclusivo y seguro. Según los comentarios posteriores a las sesiones, el 91% de los participantes afirmó haber descubierto ideas que de otro modo se les habrían escapado; la sensación de presencia compartida se triplicó durante la preparación individual; la empatía aumentó un 35%; y el tiempo de coordinación se redujo un 60%.

Sambou Kinteh, del Ministerio de Medio Ambiente de Gambia, está siendo entrevistado por un facilitador de IAImage: Andrei Turn

«Sentí que tenía a alguien conmigo en la sala, aunque estuviera negociando a solas», afirmó Sambou Kinteh, del Ministerio de Medio Ambiente de Gambia, que aparece en la foto de arriba. «Esta herramienta te ayuda a entender tu postura, pero también las perspectivas de los demás, lo que facilita llegar a compromisos», añadió Esther Mireku, de la Autoridad de Protección Ambiental de Ghana.

«La IA ofrece algo poco común: la posibilidad de nivelar el terreno de juego», señaló Cecilia Njenga, directora de la Secretaría de la CMNUCC, en sus palabras de apertura del panel que inauguró la sala de demostración de IA. «Puede reforzar la capacidad de las voces infrarrepresentadas y hacer que las negociaciones sean más inteligentes e inclusivas».

Una tendencia más amplia: la IA como infraestructura para la participación

En distintos sectores están surgiendo iniciativas para replantear cómo se coordinan y toman decisiones los grupos grandes y diversos, especialmente cuando hay poco tiempo.

Un artículo reciente de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional describió cómo la IA puede liberar la «sabiduría pública» al sintetizar las aportaciones colectivas y respaldar procesos deliberativos. De manera similar, el Proyecto de Inteligencia Colectiva, una organización sin ánimo de lucro centrada en la innovación en materia de gobernanza, está desarrollando un conjunto de herramientas de interés público que incluye:

• Sistemas de alineación constitucional de código abierto.

• Interfaces de deliberación con apoyo de IA.

• Modelos que simulan los intereses de las generaciones futuras o de partes interesadas no humanas.

Otras organizaciones, entre ellas Talk to the City (Instituto de Objetivos de IA), ThinkScape, CrowdSmart y Janars, están experimentando con ciclos de retroalimentación en tiempo real, inteligencia de enjambre y modelos de diálogo basados en agentes. Aunque sus formas varían, comparten un objetivo: transformar la IA, de herramienta para la productividad individual, en un medio para lograr claridad colectiva.

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La brecha de coordinación

La promesa de estos sistemas no reside en reemplazar el juicio humano, sino en mejorar las condiciones en que se ejerce. En la diplomacia —como en la estrategia empresarial, la filantropía o la gobernanza municipal— persiste la misma pregunta fundamental: ¿cómo podemos alcanzar la convergencia ante la complejidad, de forma rápida y justa?

«Hoy, los negociadores se enfrentan no solo a la complejidad técnica, sino también a una sobrecarga de información», afirmó Pedro Ivo Ferraz da Silva, en representación de la Presidencia brasileña de la COP30. «La IA debe utilizarse para fortalecer la diplomacia, no para reemplazarla».

La realidad es que muchas de nuestras instituciones no se diseñaron para el nivel de interdependencia actual. Nuestras herramientas de coordinación —hojas de cálculo, presentaciones y bandejas de entrada— suelen ser frágiles bajo presión. El resultado es un proceso en el que muchos actores sienten que no se les escucha y muchas estrategias son reactivas por defecto.

La IA ofrece una nueva capa de infraestructura que ayuda a los grupos a escuchar mejor, centrarse más rápido y documentar la convergencia a medida que surge. Cuando eso ocurre, los resultados mejoran, no solo porque son más sólidos desde el punto de vista técnico, sino porque más personas se sienten representadas en el proceso.

«Es inspirador ver cómo empresas como ComplexChaos aprovechan nuestros avanzados modelos de IA para simplificar información compleja y multifacética», afirmó Emmanuel Lubanzadio, responsable para África de OpenAI. «Este enfoque no solo mejora los resultados de las negociaciones, sino que también garantiza una mayor inclusión y equidad en la diplomacia mundial».

Del diálogo a la implementación

El trabajo en Bonn forma parte de una iniciativa más amplia: #Geneva10, un grupo de altos profesionales de la Organización Mundial del Comercio, el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones, la Organización Internacional del Trabajo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Geneva Science and Diplomacy Anticipator y otras entidades, que exploran cómo podrían utilizarse estas herramientas más allá del ámbito climático para apoyar la coordinación en salud pública, migración y recuperación tras conflictos.

Estas conversaciones no son teóricas. Los sistemas mundiales —desde la respuesta humanitaria hasta la financiación climática— requieren algo más que nuevas políticas. Requieren una comprensión compartida. Al hacer que la convergencia sea más transparente y reproducible, la facilitación con apoyo de IA ofrece una alternativa al modelo de «carrera de última hora» que caracteriza hoy muchos procesos internacionales.

¿Qué viene ahora?

Ahora tenemos la oportunidad de ampliar estos métodos con cuidado. ComplexChaos y CEMUNE están planificando nuevas implementaciones antes de la COP30 e invitan a colaborar a gobiernos, ONG y alianzas intersectoriales que afrontan desafíos complejos relacionados con las partes interesadas.

El trabajo de diseñar herramientas para la inteligencia colectiva apenas comienza. Pero su rumbo está claro. Si el siglo XX estuvo definido por instituciones de difusión —parlamentos, medios de comunicación y juntas multinacionales—, el siglo XXI estará marcado por sistemas participativos capaces de avanzar al ritmo de la complejidad.

Eso no se logrará únicamente con IA. Pero, si se implementa con criterio, la IA puede ayudar. Si la diplomacia ha de seguir siendo una herramienta para la paz, la inclusión y el progreso, debe volverse más humana, no a pesar de la IA, sino con su apoyo.

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