Cómo pueden las mujeres de África impulsar la 4RI

Entrepreneur and farmer Kofoworola Durosimi-Etti works in her greenhouse farm in Ikorodu on the outskirt of Nigeria's commercial capital Lagos, Nigeria May 11, 2017. REUTERS/Akintunde Akinleye - RC1BB7623B00
Harvesting the gains of the 4IR? An agri-tech entrepreneur in Lagos, NigeriaImage: REUTERS/Akintunde Akinleye
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En 2019, entramos en un período apasionante de la historia en el que el mundo espera equilibrio. Sabemos que un mundo más equilibrado y menos sesgado es mejor.

En la última década, han aumentado rápidamente la financiación colectiva y la colaboración colectiva, así como la colaboración y la innovación abierta. Las empresas se están alejando de un modelo en el que sus productos y servicios se crean mediante un proceso cerrado, jerárquico y dirigido por expertos, y se orientan hacia otro que incorpora estrategias abiertas impulsadas por los usuarios. Las organizaciones sin fines de lucro, los filántropos, las fundaciones y los grupos comunitarios abordan problemas urgentes en un mundo cada vez más complejo y globalizado, y cada vez más adoptan la cocreación como solución.

Las empresas nacen globales porque nacen digitales. El mundo actual exige que aprendamos a colaborar de forma sostenida y que lo hagamos con rapidez. Cuando la gente piensa en la globalización, suele imaginar fábricas que trasladan sus operaciones logísticas, almacenes e instalaciones de producción a China, India o México. Pero, en realidad, la globalización es un intercambio voluntario y mutuamente consentido de bienes y servicios entre un comprador de un país y un vendedor de otro.

El auge de las plataformas digitales puede crear nuevas oportunidades para las mujeres o dejarlas aún más rezagadas. La iniciativa liderada por la Corporación Financiera Internacional Digital2Equal reúne a 17 empresas tecnológicas líderes para impulsar las oportunidades de las mujeres en los mercados emergentes.

Aishat, propietaria de Aeesha Collections en Lagos y una de las emprendedoras formadas en el programa Women Entrepreneurs and Mobile Value Added Services de la Youth for Technology Foundation (YTF), suele expresar su frustración por la dificultad de conseguir localmente los materiales para sus productos. Si una plataforma pudiera conectar a los vendedores con proveedores fiables, podría ayudar a las emprendedoras de los mercados emergentes a acceder a recursos y capital, aliviando las dificultades iniciales de sus negocios. Las ventajas de ampliar el acceso a internet son claras. Las investigaciones indican que el PIB de 144 países en desarrollo podría aumentar hasta en 18.000 millones de dólares al año si 150 millones de personas tuvieran acceso a internet. Las mujeres y las niñas tienen un 50% menos de probabilidades de acceder a internet y un 14% menos de probabilidades de tener acceso a teléfonos móviles. Reducir las barreras de acceso hará que más personas utilicen plataformas en línea: una situación beneficiosa tanto para las empresas como para las emprendedoras como Aishat, en los mercados emergentes.

La Globalización 4.0 trata del equilibrio. Exigirá que nos comuniquemos entre culturas y compartamos creencias y enfoques. Exigirá que nos desenvolvamos en estructuras de poder muy centralizadas y las comprendamos, así como en movimientos sociales y normas sociales en constante cambio. Exigirá que utilicemos capacidades que muchas mujeres poseen: una elevada inteligencia emocional y la capacidad de comprender el lenguaje corporal y las percepciones de otras personas. La capacidad de comunicarse bien, de hacerlo entre zonas horarias y de trabajar de maneras menos jerárquicas. La capacidad de generar consenso y orientar a otras personas: todas esas capacidades que aportamos como mujeres por ser quienes somos.

El célebre escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke dijo una vez: «Hay un simbolismo esperanzador en el hecho de que las banderas no ondeen en el vacío». El pleno poder y potencial de los ideales y las ideas solo puede hacerse realidad cuando muchas fuerzas distintas —algunas de ellas opuestas— contribuyen a su desarrollo. En esencia, eso es lo que exigirá la Globalización 4.0. Exige que trabajemos de distintas maneras con nuevos grupos.

Hoy podemos ver esta colaboración entre sectores. Por ejemplo, el Grupo Banco Mundial colabora con LinkedIn para proporcionar información sobre las competencias que probablemente se demandarán en el futuro. La tecnología financiera y la cadena de bloques permiten a las empresas ofrecer servicios bancarios a quienes no los tienen más rápido que nunca. Las aplicaciones móviles y los drones proporcionan información sobre el terreno en zonas de conflicto y permiten a las organizaciones llevar tratamientos que salvan vidas a zonas remotas. La enseñanza asistida por ordenador y las plataformas digitales pueden transformar el sector educativo: la primera, al mejorar la eficacia del profesorado, y las segundas, al ampliar el acceso a conocimientos de vanguardia. Para funcionar correctamente, estas tecnologías disruptivas suelen requerir conocimientos especializados, datos y capital compartidos, por lo que se benefician de las alianzas entre los sectores público y privado.

También aumenta la demanda de las llamadas competencias técnicas que complementan estas tecnologías, pero igualmente crece la necesidad de competencias cognitivas y socioemocionales que permitan a las personas adaptarse a lo que puedan exigir los empleos del futuro. Estas competencias interpersonales son más difíciles de aprender.

África tiene un futuro especialmente prometedor. Los países desarrollados de todo el mundo se enfrentan a una inminente escasez de competencias, ya que sus poblaciones envejecen más rápido de lo que crecen. La OCDE concluyó que actualmente el 40% de las empresas estadounidenses afrontan escasez de competencias. En Japón, esa cifra es del 81%. Mientras tanto, la población de África crecerá de 370 millones en 2010 a 600 millones en 2030. Si cuentan con la combinación adecuada de competencias interpersonales y competencias técnicas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), los trabajadores africanos bien podrían convertirse en la fuerza impulsora de las organizaciones globales.

El Informe sobre el futuro del empleo del Foro Económico Mundial señala que la tecnología podría crear 58 millones de nuevos empleos para 2022, pero que el 54% de los empleados necesitará reciclarse profesionalmente para aprovechar el potencial de la Cuarta Revolución Industrial. Otro informe del Foro, Hacia una revolución del reciclaje profesional, indica que, aunque se prevé que la tecnología y otros factores transformen 1,4 millones de empleos solo en Estados Unidos de aquí a 2026, el 95% de los trabajadores con mayor riesgo podría encontrar empleos de calidad y mejor remunerados en sectores en crecimiento si recibiera una formación adecuada. Entonces, ¿cómo podemos ayudar a los jóvenes a reciclarse profesionalmente para afrontar estos cambios, cuando las máquinas realizan la mayoría de los trabajos que antes hacían las personas?

El índice de capital humano muestra que los países de todo el mundo atraviesan una crisis de capital humano: saben que la naturaleza del trabajo cambiará, pero desconocen cuántos empleos actuales se perderán. Muchos no ofrecen a sus jóvenes la educación que necesitarán para prosperar en el nuevo entorno. Nuestro trabajo en Youth for Technology Foundation ha demostrado que debemos enseñar a las mujeres y a los jóvenes a aprender y adaptarse a una economía cambiante. Iniciativas como 3D Africa les ayudan a familiarizarse con un enfoque de la globalización centrado en el capital humano y a desarrollar competencias para empleos que aún no existen. Estamos promoviendo un enfoque en el que el sector privado, el mundo académico y los jóvenes comparten la responsabilidad.

Competencias como la empatía se convertirán en factores diferenciadores a medida que la inteligencia artificial y el aprendizaje automático asuman otras tareas. En general, estas competencias interpersonales se han considerado menos importantes que las técnicas, pero en la Cuarta Revolución Industrial serán más valiosas. Aún estamos lejos de que las máquinas puedan empatizar de verdad. Como dijo Teddy Roosevelt: «A nadie le importa cuánto sabes hasta que sabe cuánto te importa». Para 2030, se automatizará hasta el 47% de los empleos. Esto podría suponer un riesgo especial para las niñas y las mujeres, que no siempre han tenido las mismas oportunidades de estudiar ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) y han tenido que afrontar prejuicios culturales que las disuaden de adquirir esas competencias en sus estudios y carreras. Si no actuamos de forma proactiva, la era de la automatización podría dejarlas aún más rezagadas. Sin embargo, es importante comprender que, a medida que desaparezcan empleos antiguos, también se crearán otros nuevos que requieran pocos conocimientos de STEM o ninguno. Estos puestos los ocuparán personas con las competencias interpersonales necesarias para enseñar a las máquinas a parecer algo más humanas.

Al entrar en esta nueva era, no podemos permitirnos depender de un solo grupo de organizaciones o una coalición de intereses para tomar las decisiones correctas y lograr los resultados adecuados. Debemos ser pragmáticos y radicales a la vez: trabajar con lo que existe y, al mismo tiempo, apoyar, alentar y reforzar nuevas formas de organización que cobrarán importancia a medida que avance la Globalización 4.0 y empecemos a presenciar equilibrio e igualdad para un mundo mejor.

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