4 preguntas que debemos plantearnos a medida que los valores pasan al centro de la agenda comercial

Global trade is undergoing a shift, with non-economic considerations moving up the agenda.
Global trade is undergoing a shift, with non-economic considerations moving up the agenda.Image: REUTERS/Yoruk Isik
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  • Se está produciendo un profundo cambio en el comercio mundial, que se aleja de las consideraciones exclusivamente económicas y avanza hacia un enfoque del comercio basado en valores.

  • Aunque a menudo tiene buenas intenciones, esto también conlleva complicaciones importantes más allá de las evidentes repercusiones económicas.

  • Debemos preguntarnos estas cuatro cuestiones para garantizar que el comercio siga siendo el bien global que ha sido durante décadas.

Tradicionalmente, la búsqueda de mayores eficiencias económicas ha sido el principal motor de las relaciones comerciales. El deseo de una producción optimizada y de una mayor rentabilidad para las empresas, así como de precios más bajos y una oferta de productos más amplia para los consumidores, junto con las oportunidades de desarrollo que aporta un comercio ampliado, ha determinado en gran medida la base sobre la que nos relacionamos en el comercio.

Hoy en día se está produciendo un profundo cambio. El comercio ya no se limita al comercio y la eficiencia económica. Ahora también se utiliza como herramienta para promover una serie de objetivos ajenos al comercio (NTO, por sus siglas en inglés), que a menudo incluyen cuestiones más amplias de carácter social, ideológico, estratégico e incluso filosófico, como la identidad.

La búsqueda de objetivos ajenos al comercio

En muchos casos, estos NTO incorporan juicios cargados de valores. Estos juicios son evidentes en cuestiones complejas como los derechos humanos, las respuestas adecuadas al cambio climático, los derechos laborales, la libertad religiosa, los modelos de gobernanza, los derechos de los pueblos indígenas y la diversidad y la inclusión, todas ellas cuestiones que ocupan un lugar cada vez más destacado en la agenda comercial. Es importante señalar que este mayor énfasis en los valores no es simplemente un caso de gobiernos que incorporan estas cuestiones a los acuerdos comerciales; muchas empresas privadas han asumido un papel de liderazgo al llevar a cabo sus operaciones de manera que se alinea con muchos de los mismos valores subyacentes.

Si bien algunos NTO, como los derechos laborales y la sostenibilidad, llevan décadas en la periferia del panorama comercial, hoy existen dos factores importantes que marcan la diferencia. En primer lugar, el alcance de los NTO cargados de valores se ha ampliado de forma notable para incluir cuestiones controvertidas y, en segundo lugar, la disposición de los países a imponer restricciones o conceder preferencias basadas en valores también ha crecido significativamente.

No existe una respuesta única a por qué esto está ocurriendo ahora. En cada situación concreta en la que se utilizan los valores para condicionar el acceso a los mercados, este cambio podría deberse a una combinación de factores diferentes.

Por qué los valores importan ahora

En algunos casos, el énfasis en los valores responde a creencias progresistas liberales sinceramente arraigadas, según las cuales determinadas normas y conductas sociales que antes se toleraban ya no se consideran aceptables.

En otros casos, el énfasis en los valores también podría responder a una buena dosis de cinismo. A los negociadores comerciales les gusta contar con influencia y, en la medida en que los valores pueden proporcionarla, la mayoría de los negociadores está encantada de utilizarlos. En los casos más extremos, también puede intervenir el proteccionismo encubierto.

En las democracias de los países desarrollados, también es necesario responder a las bases políticas que exigen que “se haga algo” sobre determinadas cuestiones polémicas, como la esclavitud moderna. Esto encaja convenientemente con la necesidad política (especialmente en Estados Unidos y en otros países donde se cuestionan los beneficios del comercio) de transmitir a los votantes que el país ya no persigue un libre comercio sin reservas, y prefiere en cambio producir más en casa o comerciar con “amigos” que comparten “nuestros valores”.

Esta creciente inclinación se ve reforzada por la realidad de que las líneas divisorias que se trazan en torno a los valores coinciden con frecuencia con las que trazan quienes perciben que el mundo está inmerso en una lucha entre “democracia y autoritarismo”.

Sin embargo, independientemente de las motivaciones subyacentes, abundan los ejemplos de valores que se introducen en las relaciones comerciales. Estados Unidos, la UE, Japón e India colaboran en varios consejos tecnológicos que sitúan la promoción de “valores democráticos” compartidos como objetivo principal de su cooperación comercial. La UE ha adoptado una directiva sobre diligencia debida en materia de sostenibilidad empresarial que exige auditorías exhaustivas de las cadenas de suministro para garantizar el cumplimiento de los parámetros de derechos humanos y medioambientales establecidos en Bruselas. El Parlamento Europeo, recientemente reforzado, parece impulsar una vinculación más estrecha entre los valores y el comercio.

Las consideraciones geopolíticas y de seguridad nacional son quizá los NTO más explosivos que irrumpen en el ámbito comercial. Una época de creciente tensión geopolítica se ha superpuesto a un periodo de profunda integración comercial. Inevitablemente, el comercio se ha convertido en otro escenario en el que se disputan las diferencias geopolíticas. Los avances tecnológicos no han hecho sino avivar las llamas. La preeminencia económica y militar en las décadas venideras dependerá en gran medida del dominio de tecnologías estratégicas como la IA, la computación cuántica, la microelectrónica y los semiconductores que hacen funcionar estas tecnologías. Estas realidades están impulsando una proliferación de restricciones comerciales y de inversión. La geopolítica, el comercio y los valores nunca han estado completamente separados, pero hoy están más estrechamente vinculados que nunca.

Cuatro preguntas clave sobre el futuro del comercio

Dejando de lado los méritos relativos de cualquiera de los NTO cargados de valores que pasan al centro de las agendas comerciales, debe reconocerse que la creciente imbricación entre valores y comercio tiene implicaciones significativas y plantea una serie de desafíos. Estas son cuatro preguntas clave que debemos responder sobre el futuro del comercio.

1. ¿Estamos dando paso a un sistema comercial fragmentado?

La incorporación de valores a las relaciones comerciales impulsa a excluir a los socios que no comparten nuestros valores y a estrechar lazos con los que sí los comparten, es decir, a tender hacia el llamado “friend-shoring” (relocalización entre países afines). Esto podría dar lugar a una mayor fragmentación, lo que iría directamente en contra del objetivo de la posguerra de crear un sistema comercial multilateral y globalizado.

2. ¿Corremos el riesgo de ahondar las líneas divisorias?

La búsqueda de NTO cargados de valores en las relaciones comerciales podría estar agravando la desconfianza entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo. Muchos lo consideran una forma más de “proteccionismo encubierto”, una excusa apenas disimulada para bloquear las importaciones procedentes del mundo en desarrollo.

3. ¿Cómo navegan las empresas por este terreno?

Las empresas encuentran cada vez más difícil encontrar el equilibrio, conciliando el deseo de eficiencia económica y rentabilidad con la necesidad de tener en cuenta las consideraciones de valores y las crecientes tensiones geoestratégicas. Las decisiones de abastecimiento y producción ya no pueden basarse principalmente en realidades comerciales. La geopolítica y los valores forman ahora parte integral de la ecuación.

4. ¿Podemos utilizar los valores para mejorar el comercio?

Aunque gran parte del impulso para utilizar el comercio con el fin de promover valores responde a intenciones positivas, debe lograrse de un modo que mejore y facilite el acceso al comercio, en lugar de generar cinismo y barreras. Para ello, deberemos encontrar un equilibrio matizado y cuidadoso entre nuestro deseo de promover valores verdaderamente universales y la necesidad de garantizar que el potencial transformador del comercio siga abierto a todos, especialmente a quienes más lo necesitan.

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