El 31 de julio de 1983 fue un día oscuro para Sri Lanka: fue el inicio de los violentos disturbios contra la población tamil del país, que culminaron en un amargo conflicto de tres décadas. Cuando en mayo de 2009 se declaró el fin de la guerra, los jóvenes despertaron en una nación que ya no estaba en conflicto. Y, sin embargo, a menudo se olvida a esta generación.
Soy miembro de lo que llamo la «generación del conflicto». Cuando nací, en 1991, el conflicto civil que asolaba Sri Lanka llevaba ya una década; habían tenido lugar dos insurrecciones encabezadas por jóvenes, y las semillas de la división del pueblo de Sri Lanka habían echado raíces y empezaban a florecer. Durante los 18 años siguientes, para mí la vida normal consistía en mostrar mi documento nacional de identidad en los controles de seguridad, en la cancelación de clases debido a explosiones de bombas, en que el norte del país estuviera vedado y en una docena de factores más. Así que, en 2009, adaptarnos a una nación que ahora necesitaba que la ayudáramos a sanar y reconstruirse fue un desafío que ni siquiera sabíamos que nos habían encomendado.
Muchas personas subestiman el papel de los jóvenes en la reconstrucción de las comunidades tras un conflicto. A menudo, ni siquiera habían nacido cuando empezaban a sembrarse las semillas; y, cuando nacieron, lo hicieron en un mundo de disparos y desconfianza. ¿Cómo, preguntan, se puede ayudar a arrancar un árbol si ni siquiera se sabe cuándo empezó a crecer?
Permítanme responder: las raíces de este árbol crecieron mucho antes de que llegáramos; no han encontrado el camino hasta nuestras almas, como sí lo han hecho hasta las suyas. Puede que no comprendamos el dolor, la ira y la desconfianza que hicieron que creciéramos con infancias amargas y ensangrentadas, pero eso significa que estamos mucho más dispuestos y somos más capaces de perdonar. No llevamos las cicatrices del distanciamiento de décadas; podemos tender la mano y ver más similitudes que diferencias en los ojos de los demás. Y, como crecimos en medio del conflicto, sabemos que nunca queremos someter a nuestros hijos a él, como nuestros padres nos sometieron a nosotros.
Hace unos años conocí a un niño en el norte de Sri Lanka que había perdido a familiares en la brutal guerra y que, según todos los indicios, debería haber clamado venganza. En cambio, se unió a nosotros en un grupo que trabajaba para fomentar la reconciliación y el entendimiento entre las comunidades divididas. Cuando le pregunté qué lo impulsaba a hacerlo, dijo: «Sabemos lo que puede hacer el odio y la pérdida que puede inspirar. Nuestros padres optaron por recurrir al odio, y si continuamos el ciclo, serán nuestros hijos quienes sufran».
Me llegó al alma: es cierto que los jóvenes han sufrido, pero son lo bastante jóvenes e inexpertos como para creer en la esperanza, el optimismo y la naturaleza humana. Sin esta creencia, no se puede reconstruir la confianza en situaciones de conflicto y el ciclo de dolor e ira continuará.
Quienes hemos crecido en situaciones de conflicto somos los supervivientes. Hemos sobrevivido con el alma intacta. Lo sé porque, cuando miro a mi alrededor en mi país y más allá, veo a miembros de mi generación trabajar desinteresada e incansablemente para garantizar que nadie pase por lo que nosotros vivimos.
Tenemos el optimismo, la fe y la energía para tender la mano y reparar los lazos desgastados y rotos. Si no lo hacemos, serán nuestros hijos quienes lloren. Como nuestros padres, que nos dejaron una tierra devastada por la guerra, nosotros dejaremos a nuestros hijos una nación que será solo una sombra de sí misma.
Shaping Davos es una serie de eventos en directo organizados por la comunidad Global Shapers del 19 al 24 de enero. Cuarenta ciudades de todo el mundo se conectarán mediante tecnología de transmisión en directo bidireccional y difusión por satélite para debatir 10 temas relacionados con el tema de la Reunión Anual 2015 del Foro Económico Mundial en Davos-Klosters. Únete a la conversación en shapingdavos.org
Autor: Sharanya Sekaram es analista de investigación en el Lakshman Kadirgamar Institute for International Relations and Strategic Studies y Global Shaper del Colombo Hub.
Imagen: Un niño da una voltereta en la playa al atardecer en Colombo, Sri Lanka, el 25 de abril de 2013. REUTERS/Dinuka Liyanawatte

