La mayor parte del crecimiento demográfico mundial tendrá lugar en África, y se prevé que el continente represente más de la mitad de la población mundial en 2100.
Esbien sabido que el mayor desafío de desarrollo de África consiste en crear suficientes empleos de calidad ytrabajo decente para absorber este crecimiento demográfico, en particular entre la población joven.
La ya considerable brecha de empleo seguirá creciendo si no se adoptan las medidas políticas adecuadas, pues el contexto actual se caracteriza por el desempleo masivo, el predominio de una economía informal y una prestación insuficiente de servicios. Esto tiene importantes consecuencias para el bienestar y la calidad de vida de las personas, así como para las preocupaciones de los responsables políticos occidentales en torno a la migración y la militarización asociadas.

Se han propuesto muchas estrategias para aprovechar el potencial del dividendo demográfico de la fuerza laboral de más rápido crecimiento del mundo: desde construir infraestructura adecuada y apoyar sectores competitivos a escala mundial e intensivos en mano de obra hasta impartir formación profesional. En el debate no se ha abordado cómo integrar mejor a las mujeres —más de la mitad de la creciente población africana— de una manera que vaya más allá de las cuotas y los objetivos, que a menudo no logran abordar las causas estructurales de la desigualdad de género.
Las limitaciones actuales que afrontan las mujeres, desde el ámbito privado del hogar hasta el ámbito público de la política, perjudican considerablemente el desarrollo económico del continente y el proceso de crecimiento inclusivo; en este sentido, el empoderamiento de las mujeres va mucho más allá de generar ingresos.
Una poderosa fuerza económica
Se ha calificado a las mujeres africanas como «una poderosa fuerza económica aún sin aprovechar» y su papel será absolutamente esencial para abordar los desafíos de desarrollo que afronta África. El cambio estructural y sistémico es fundamental para lograr un desarrollo del sector privado con mayor igualdad de género, ya que los esfuerzos de la comunidad internacional por integrar la perspectiva de género, aunque bienintencionados, se centran con demasiada frecuencia en cambios superficiales, mientras la arquitectura de las desigualdades y el neoliberalismo patriarcal permanece intacta.
Las mujeres se enfrentan a sesgos de género en los marcos jurídicos y macroeconómicos, y disponen de menos recursos humanos, sociales y financieros que los hombres. En la actualidad, las mujeres africanas constituyen la mayoría de la fuerza laboral de la economía informal, y solo alrededor de un tercio de las mujeres del continente participa en la actividad económica formal.
Las normas culturales y sociales a menudo no favorecen la participación de las mujeres en los negocios, y muchas emprendedoras potenciales carecen de acceso a redes de apoyo y mentores, así como de capacidad de negociación en sus hogares y comunidades locales. La naturaleza no remunerada del trabajo de cuidados provoca que las mujeres dispongan de menos tiempo y soporten una doble carga de trabajo en comparación con los hombres.
El impulso de las pequeñas empresas
Las pequeñas y medianas empresas (pymes) son los principales motores de creación de empleo en toda África; se estima que representan más del 90 % de todas las empresas de la región fuera del sector agrícola. Actualmente, las mujeres son propietarias formales de alrededor de un tercio de todas las pymes registradas en África, y las pymes propiedad de mujeres tienen más probabilidades de registrar menores ventas y facturación anual, contar con menos empleados y ser de menor tamaño que las empresas propiedad de hombres.
El apoyo gubernamental a las pymes propiedad de mujeres es especialmente importante debido a las brechas de género que caracterizan al sector de las pymes y a las limitaciones que afrontan las mujeres al crear, gestionar y ampliar sus empresas. Estos desafíos solo pueden abordarse a gran escala mediante esfuerzos deliberados en programas gubernamentales y políticas aplicadas. Como ocurre en otros sistemas de relaciones de poder, las instituciones y normas patriarcales no se reforman sin esfuerzos conscientes para integrar las cuestiones de género; por tanto, el cambio a gran escala de las jerarquías de poder solo puede hacerse realidad mediante acciones deliberadas de los actores gubernamentales que sitúen la igualdad de género entre sus máximas prioridades.
Encontrar el equilibrio adecuado en las políticas
Muchos gobiernos africanos ya cuentan con programas considerables de apoyo a las pymes, pero a menudo estos se caracterizan por políticas que ignoran las cuestiones de género y mantienen el statu quo o, en los peores casos, por políticas perjudiciales para la igualdad de género que refuerzan las desigualdades. LaDivisión de Pequeñas y Medianas Empresas de la Autoridad de Inversiones de Uganda es un buen ejemplo del apoyo disponible para las pymes, mediante programas que incluyen formación empresarial, incubación de empresas y espacios de trabajo para pymes, redes de mentoría, formación en habilidades técnicas para añadir valor y representación de los intereses de las pymes, además de otros programas.
Hasta ahora, el impacto y el alcance de estos importantes programas han sido limitados debido a que ignoran las cuestiones de género: las mujeres no se mencionan ni se priorizan en la planificación. Hay muchas maneras de abordar este problema: fijar objetivos de participación de las mujeres en programas de emprendimiento juvenil; recopilar e incorporar datos desglosados por sexo en las bases de datos de pymes; y colaborar con organizaciones de afiliación de mujeres, como la Asociación de Mujeres Empresarias de Uganda (Uganda Women’s Entrepreneurs Association Limited) (UWEAL), además de comunicar mejor a las mujeres de todo Uganda la información sobre estos programas.
Más allá de las cifras
Aprovechar el dividendo demográfico de África depende en gran medida de la plena inclusión de las mujeres en las esferas política, social y económica, que se entrecruzan. Estos cambios más profundos son complejos y políticos, y giran en torno a la reforma deliberada de estructuras de poder arraigadas.
Esta transformación sistémica va mucho más allá de las cuotas, los porcentajes y los objetivos que caracterizan al sector del desarrollo internacional. Se encuentra, en cambio, en las luchas —más difíciles de cuantificar— por aumentar la capacidad de acción, la voz y el poder en los ámbitos privado y político.
El apoyo gubernamental al crecimiento de las pymes con perspectiva de género será fundamental para estos procesos, ya que solo se podrá aprovechar el potencial del dividendo demográfico en África si se promueve a las mujeres como ciudadanas económicas de pleno derecho dentro del proceso de crecimiento inclusivo.

