Ayer, la Organización Mundial de la Salud publicó el Informe mundial sobre el paludismo de 2014 y anunció que el número de niños que mueren de malaria cada año ha disminuido más del 50 % desde 2000.
Es un hito extraordinario en la lucha contra una enfermedad que sigue siendo una de las principales causas de muerte entre los menores de cinco años en África y Asia. Demuestra lo que los socios mundiales pueden lograr cuando nos fijamos grandes objetivos y nos centramos en eliminar las desigualdades en salud que siguen impidiendo que millones de niños de países en desarrollo tengan un comienzo saludable en la vida.
Es apropiado que el informe se haya publicado en Londres, porque la generosidad del pueblo británico ha desempeñado un papel importante en cambiar el rumbo de la malaria. Se han salvado más de 4 millones de vidas en las últimas dos décadas gracias al trabajo del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID), la Iniciativa contra la Malaria del Presidente de EE. UU. (PMI) y el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (Fondo Mundial) en colaboración con los gobiernos de los países donde la enfermedad es endémica.
Un factor decisivo para este éxito ha sido el aumento drástico del acceso a intervenciones sencillas, de bajo costo y que salvan vidas:
El porcentaje de hogares africanos con acceso a mosquiteros ha aumentado de apenas un tres por ciento a casi un 50 por ciento,
El número de personas protegidas contra los mosquitos mediante la fumigación residual en interiores se ha más que duplicado, de 55 millones a 123 millones, y
El número de personas con acceso a pruebas diagnósticas rápidas y a tratamientos combinados eficaces basados en artemisinina ha aumentado más de diez veces.
La rápida ampliación de las estrategias integradas de control de la malaria también empieza a allanar el camino para eliminarla en varias regiones del mundo. El 24 de noviembre, durante la reunión de la Cumbre de Asia Oriental en Myanmar, los jefes de Estado de Asia y el Pacífico se comprometieron a eliminar la malaria de su región para 2030. Los líderes deocho países del sur de África asumieron un compromiso similar a través de la Iniciativa E8, y los líderes de América Central y el Caribe están trabajando con el Fondo Mundial para que América del Norte sea el tercer continente en lograr la eliminación de la malaria (después de Europa y Australia). Con enfoque, determinación y colaboración, podríamos eliminar la malaria de otros 40 países en los próximos 15 años.
Pero no podemos depender de esfuerzos aislados para reducir la extensión de la malaria con las herramientas y estrategias existentes. Si creemos que todos los niños merecen la oportunidad de llevar una vida saludable y productiva, necesitaremos nuevas herramientas y estrategias para acabar con la amenaza mortal de la malaria en todas partes y para siempre.
Como demuestra la historia, la malaria no admite soluciones a medias. Cuando dejamos de preocuparnos por ella, vuelve con fuerza. Además, es una enfermedad que evoluciona rápidamente y que, inevitablemente, hará inútiles todas las herramientas que podamos emplear contra ella, si se lo permitimos. Por eso debemos seguir invirtiendo en investigación y desarrollo para garantizar tratamientos, diagnósticos, vacunas y métodos de control de mosquitos de nueva generación que puedan acelerar los esfuerzos por erradicar la malaria a mediados de este siglo.
Los logros de la última década me dan plena confianza en que podemos vencer la malaria. Estamos a medio camino. Ahora debemos centrarnos en terminar el trabajo.
Este artículo se publica en colaboración con Impatient Optimists. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: El Dr. Alan Magill es director del Programa contra la Malaria de la Fundación Bill y Melinda Gates.
Imagen: Christian LaVallee prepara soluciones para pruebas de reacción en cadena de la polimerasa en la Agencia de Protección de la Salud, en el norte de Londres, el 9 de marzo de 2011. REUTERS/Suzanne Plunkett.


