Por qué Occidente necesita el TTIP

Por qué Occidente necesita el TTIP
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A medida que las negociaciones entre la Unión Europea y Estados Unidos sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) avanzan hacia un acuerdo definitivo, los detractores del pacto propuesto alzan cada vez más la voz. Criticar cualquier cambio importante en la política económica es natural, pero no alcanzar un acuerdo sobre este pacto sería un error histórico que Europa pronto lamentaría. De hecho, el TTIP podría convertirse en el baluarte más importante de la unidad transatlántica desde que el Tratado del Atlántico Norte estableció la OTAN en 1949.

Al considerar la importancia del tratado propuesto, es importante recordar que la integración europea comenzó con la creación de un mercado común del carbón y el acero. Los padres fundadores de lo que hoy es la UE eran muy conscientes del potencial estratégico a largo plazo de lo que muchos consideraban entonces una medida tecnocrática insignificante. La integración de los mercados de materias primas se extendió gradualmente a la liberalización del comercio, la creación de un mercado común y, finalmente, el establecimiento de instituciones políticas conjuntas.

Hoy, América del Norte y Europa representan cerca de la mitad de la producción total mundial. Se prevé que el establecimiento de una zona de libre comercio entre ambos bloques genere 100.000 millones de euros adicionales (107.000 millones de dólares) al año a cada lado del Atlántico, además de crear millones de nuevos empleos.

Pero los beneficios económicos son solo una parte del panorama. Así como el libre comercio y los mercados abiertos estimularon la cooperación política en Europa, el TTIP tiene el potencial de contribuir a la unidad estratégica a ambos lados del Atlántico, un objetivo tan importante ahora como lo ha sido siempre.

Los detractores del tratado han intentado atemorizar a la opinión pública europea con escenarios funestos sobre lo que ocurrirá si se aprueba el TTIP. Según ellos, se desmantelarán las normas de seguridad alimentaria. Se dejarán de lado las protecciones laborales y los derechos sociales. Se socavarán los servicios públicos y las regulaciones medioambientales. Los bienes culturales quedarán desprotegidos.

No todas las preocupaciones sobre el impacto del tratado carecen de fundamento. Por ejemplo, existen inquietudes legítimas acerca de la competitividad del sector agrícola europeo y de los retos técnicos que supone armonizar una larga lista de normas y estándares. Sin embargo, los problemas que sí existen pueden resolverse, siempre que haya suficiente voluntad política a ambos lados del Atlántico.

No es casualidad que la variopinta alianza de ultranacionalistas, populistas y proteccionistas que se oponen al tratado coincida en gran medida con quienes ahora respaldan las aventuras militares del presidente ruso Vladímir Putin en Ucrania. Les preocupa en común una mayor integración y el fortalecimiento de Occidente. Saben que el potencial del TTIP para impulsar la innovación y el crecimiento económico, si se materializa, aumentaría el peso y el poder geopolíticos de sus países miembros.

Al mismo tiempo, el TTIP podría resultar sumamente beneficioso para la OTAN, al dar un nuevo sentido a la raison d’être de la Alianza: unir a países con valores compartidos para cooperar en su defensa mutua. Dada la naturaleza delicada de las adquisiciones militares, ambas partes han acordado —al menos por ahora— excluir el sector de defensa de las negociaciones. Pero los Estados miembros de la UE perderían una oportunidad si no se comprometieran a destinar una parte de las ganancias del acuerdo a aumentar sus presupuestos de defensa, mitigando así el marcado desequilibrio que existe actualmente entre Europa y Estados Unidos en cuanto a contribuciones y capacidades militares.

Los principales competidores estratégicos de Occidente —China y Rusia— observan con creciente preocupación la aparición de un posible factor de cambio global, y no es de extrañar. El TTIP obstaculizaría los esfuerzos por dividir a sus países miembros o alterar las instituciones, reglas y normas del orden internacional liberal. De hecho, la aplicación exitosa del tratado ayudaría a refutar el argumento simplista del Kremlin y sus acólitos de que el orden liberal se ha vuelto disfuncional. Quizá lo más importante sea que Europa tendría menos necesidad de mirar hacia el este en busca de oportunidades de crecimiento económico y podría depender menos de los suministros energéticos rusos, sobre todo a medida que Estados Unidos flexibiliza la prohibición de exportar sus recursos de petróleo y gas.

Es difícil exagerar el potencial estratégico del TTIP. Es fundamental que las objeciones técnicas, las consideraciones tácticas o los instintos proteccionistas no eclipsen la importancia geopolítica del proyecto. No aprovechar las posibilidades que crea el tratado sería un terrible error económico. También supondría un importante retroceso para las relaciones transatlánticas en un momento en que Occidente menos puede permitírselo.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Jiří Šedivý, exministro de Defensa checo, es embajador de la República Checa ante la OTAN.

Imagen: Un buque portacontenedores zarpa. REUTERS/Andy Clark.

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