¿Por qué acoger a refugiados sirios será bueno para la seguridad de Europa?

¿Por qué acoger a refugiados sirios será bueno para la seguridad de Europa?
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Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate.

Europa y Estados Unidos deberían abrir sus puertas a los refugiados sirios e iraquíes. Son víctimas del Estado Islámico y del brutal régimen del presidente sirio, Bashar al-Asad. El terrorismo ha destruido sus países de origen. Ofrecerles refugio no solo es lo correcto; también es bueno para nuestra seguridad.

Los ataques del Estado Islámico en París en noviembre pretendían generar miedo al llevar los crímenes de lesa humanidad del grupo al corazón de Europa; y los políticos, al equiparar a los refugiados con terroristas, les están haciendo el juego. Se están levantando vallas de alambre de púas y barreras políticas en el camino de los solicitantes de asilo.

En la batalla por las mentes y los corazones, tachar a los refugiados de amenazas para la seguridad —como hacen los políticos a ambos lados del Atlántico— solo alimenta la intolerancia y da a los terroristas una poderosa herramienta de reclutamiento para convencer a los jóvenes musulmanes de que Occidente no tiene lugar para ellos.

Esta es una batalla de valores que deberíamos estar ganando. La Europa moderna se construyó sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto. Los valores de Europa —y los de su principal patrocinador de la posguerra, EE. UU.— son la tolerancia, la diversidad y los derechos humanos.

Europa tiene una vasta experiencia con los refugiados. Millones de europeos huyeron de la violencia y la persecución durante la Segunda Guerra Mundial y después de ella. En los años noventa, un conflicto genocida en los Balcanes obligó a cientos de miles de residentes de la región a buscar refugio en países del norte. El éxodo masivo desde Oriente Medio, en el que cientos de miles huyen de la guerra y el terror, es solo el último capítulo de la larga historia de Europa como destino de refugiados.

Mientras tanto, desde hace más de un siglo, Estados Unidos, en palabras de la poeta Emma Lazarus, ha ofrecido refugio a «masas hacinadas que anhelan respirar libres». Las preocupaciones de seguridad se han abordado con la llegada de cada nueva oleada. Más de un millón de vietnamitas fueron reasentados en Estados Unidos durante y después de la guerra de Vietnam, y casi 400.000 refugiados de países de mayoría musulmana han sido acogidos por Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Es esta orgullosa historia la que los políticos europeos y estadounidenses están ignorando. Hungría y otros países de Europa Central han sellado sus fronteras, y partidos políticos de derecha en toda Europa han avivado la manía antimusulmana. En Estados Unidos, los republicanos —congresistas, gobernadores y candidatos presidenciales— intentan frustrar el reasentamiento de un número ínfimo de refugiados sirios (solo 10.000) en el país. En definitiva, las políticas occidentales contrarias a los refugiados están haciendo el juego directamente a los propagandistas del Estado Islámico.

Los líderes occidentales no pueden simplemente hacer desaparecer la crisis de los refugiados dando la espalda a quienes huyen del terror. Los solicitantes de asilo seguirán llegando a Europa en gran número, y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados prevé un aumento del 44 % para el próximo año. Se necesita con urgencia una gestión global para evitar una catástrofe humanitaria.

La Unión Europea y Estados Unidos deben elaborar una estrategia coordinada para hacer frente a la crisis. En primer lugar, el esfuerzo humanitario internacional de ayuda debe intensificarse considerablemente. Los organismos de la ONU encargados de proporcionar productos de primera necesidad a los refugiados están gravemente infrafinanciados y no pueden atender más del 40 % de la demanda. Los enormes campamentos de refugiados en Turquía, Jordania y el Líbano carecen de alimentos, agua, saneamiento, atención médica y educación suficientes. En parte, son estas condiciones desesperadas las que empujan a los refugiados hacia Europa y más allá.

En segundo lugar, Estados Unidos debería liderar un esfuerzo internacional para coordinar el reasentamiento de refugiados sirios e iraquíes cualificados y sometidos a control de seguridad. La canciller alemana, Angela Merkel, ha adoptado una postura valiente al acoger a más de 700.000 solicitantes de asilo este año, 70 veces la cifra que Estados Unidos ha propuesto aceptar. Impulsada por Merkel, la UE ha desarrollado un sistema de cuotas para repartir a los refugiados. Estados Unidos debería ayudar a compartir la carga aceptando 100.000 refugiados el próximo año y utilizando su influencia para convencer a otros países de sumarse a una iniciativa internacional de reasentamiento.

Por último, Estados Unidos y Europa deberían intensificar los esfuerzos diplomáticos para lograr un alto el fuego y un fin negociado de la guerra en Siria. Esto implicará trabajar con Rusia e Irán en la divisiva cuestión de quién gobernará Siria cuando termine la guerra, así como ampliar la coalición internacional para derrotar al Estado Islámico.

Los terroristas como los que atacaron París quieren destruir nuestros valores porque saben que estas son nuestras armas más eficaces contra ellos. Por eso Estados Unidos y Europa deberían abrir sus puertas a las víctimas del terror en Oriente Medio.

La publicación no implica el respaldo a las opiniones del Foro Económico Mundial.

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Autor: John Shattuck, exsecretario adjunto de Estado para la Democracia, los Derechos Humanos y el Trabajo, es presidente y rector de Central European University.

Imagen: Migrantes de pie a bordo del buque de la Marina italiana Chimera antes de ser desembarcados en el puerto sur de Salerno. REUTERS/Ciro De Luca.

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