La semana pasada, Mali anunció un plan estratégico nacional para ampliar la cobertura de los trabajadores comunitarios de salud en todas las regiones del país. Esta iniciativa tiene el potencial de salvar decenas de miles de vidas, incluso al reducir significativamente el riesgo de una epidemia de ébola.
¿Cómo se logró? Retrocedamos unos años y conozcamos a Djeneba, una niña que vivía en Yirimadjo. Hoy va a la escuela, pero en otro tiempo su vida estuvo en peligro. Djeneba empezó a tener fiebre alta, pero sus padres no tenían dinero suficiente para pagar la atención médica. Intentaron bajarle la fiebre bañándola con remedios herbales y comprando productos farmacéuticos no regulados, pero la fiebre persistió y se agravó cada vez más.
Por fortuna, Djeneba vivía en una comunidad donde se implementó Muso, un proyecto piloto de salud presentado en el Informe de seguimiento mundial (GMR). Sira, una de las trabajadoras comunitarias de salud formadas por Muso, se enteró de la situación de Djeneba después de que esta tuviera una fiebre especialmente intensa y la envolvió en toallas húmedas para estabilizarle la temperatura. Envió a Djeneba en ambulancia a un hospital de Bamako, la capital, donde le diagnosticaron malaria cerebral y recibió tratamiento integral. Durante los primeros 10 días de su estancia en el hospital estuvo en coma. Pero, tras tres semanas, salió feliz y sana.
La historia de Djeneba es algo extrema, ya que tuvo que ser enviada de inmediato a un hospital para recibir atención urgente. La gran mayoría de los niños a quienes ayuda Muso no están tan enfermos, pero esto se debe a que Muso interviene pronto y, de ese modo, reduce la necesidad de tratamientos costosos. El programa está en primera línea en la prestación de atención sanitaria oportuna y proactiva a comunidades pobres y poblaciones de difícil acceso, para que puedan salvarse las vidas de niños como Djeneba. Las investigaciones indican que funciona. Muso ha recibido varios premios internacionales y un estudio en PLoS ONE documenta que, tres años después de su lanzamiento, la mortalidad infantil en la zona de intervención era diez veces menor.
Para quienes tengan interés, se ha publicado un relato más detallado de la historia de Muso en el blog de Rotarian Economist, donde se explica cómo funciona Muso, cómo se está ampliando el proyecto piloto y cómo se ha financiado el proyecto piloto (en parte, por Rotary). Resumiré aquí las características principales del modelo de Muso, los factores que han facilitado su ampliación y su relevancia para la lucha contra la epidemia de ébola.
Muso trabaja en las comunidades mediante un enfoque de cuatro etapas. La primera consiste en movilizar el sistema existente de prestación de atención sanitaria. Esto incluye seleccionar, formar, contratar y supervisar a personas de la localidad que van de puerta en puerta e identifican a niños enfermos de malaria y otras enfermedades. Estos trabajadores comunitarios de salud diagnostican la malaria en los hogares y tratan los casos sencillos. La segunda etapa consiste en eliminar las barreras que impiden que las personas accedan a la atención cuando la necesitan. Al suprimir los pagos de los usuarios en el punto de atención, Muso garantiza que incluso las personas más pobres puedan beneficiarse de una atención integral y universal que salva vidas, ya sea en el hogar, en centros de salud comunitarios o en hospitales de referencia. La tercera etapa consiste en crear redes de derivación rápida mediante la formación de las comunidades para identificar riesgos para la salud, priorizar el tratamiento rápido y orientarse en el sistema sanitario. La última etapa consiste en fortalecer la capacidad clínica. A medida que Muso elimina sistemáticamente las barreras de acceso para lograr la cobertura sanitaria universal, refuerza la capacidad del sector público para prestar atención de calidad a sus pacientes.
Muchas intervenciones piloto en salud se llevan a cabo sin llegar nunca a ampliarse, por lo que sus beneficios para el conjunto de la población de un país pueden ser limitados. No es el caso de Muso, que lleva siete años trabajando con el Ministerio de Salud. Gracias a esta colaboración, Muso ha podido prestar asistencia técnica para ayudar al Ministerio a elaborar un plan nacional de ampliación del modelo de trabajadores comunitarios de salud.
Cuatro factores contribuyeron al éxito de esta colaboración y al anuncio de la semana pasada del Ministerio de Salud de Mali sobre la ampliación del modelo. En primer lugar, Muso inició pronto su colaboración con el Ministerio de Salud y centró su intervención en las prioridades de este. En segundo lugar, el Ministerio trabajó con varias ONG —entre ellas, no solo Muso, sino también Médicos Sin Fronteras— para probar el modelo de trabajadores comunitarios de salud remunerados y profesionalizados, lo que contribuyó a generar confianza en el impacto del modelo. En tercer lugar, varias organizaciones multilaterales apoyaron la adopción y expansión del modelo por parte del Ministerio de Salud. Por último, desde el principio, la colaboración con el Ministerio de Salud se concibió como una cooperación a largo plazo, lo que permitió estrechar las relaciones entre responsables de políticas e investigadores.
¿Qué relación tiene todo esto con el ébola? Además de su función en la prevención y el tratamiento de la malaria y otras enfermedades comunes, los trabajadores comunitarios de salud son esenciales en la lucha contra el ébola. Son fundamentales porque suelen ser miembros de confianza de sus comunidades. No solo pueden ayudar a proporcionar información sobre el ébola y promover conductas adecuadas, sino también a localizar y vigilar a quienes hayan estado en contacto con el virus. Esto debe hacerse durante al menos 21 días —el periodo en que aún no aparecen los síntomas— y debe continuar después si las personas enferman. En los demás países afectados por el virus —entre ellos Guinea, Liberia y Sierra Leona—, los trabajadores comunitarios de salud ya desempeñan esa función vital.
Según Ari Johnson, cofundador de Muso junto con Jessica Beckerman, «existe un verdadero potencial para que los trabajadores comunitarios de salud aceleren los esfuerzos para detener el ébola en África Occidental, apoyando la vigilancia epidemiológica, el seguimiento de contactos, la vigilancia de viajeros que regresan, la participación comunitaria y la orientación preventiva».
Esta publicación apareció originalmente en el blog del Banco Mundial
Autor: Quentin Wodon es asesor del Departamento de Educación del Banco Mundial.
Imagen: Un trabajador sanitario toma la temperatura a un bebé que entra en Mali desde Guinea por la frontera de Kouremale, el 2 de octubre de 2014. REUTERS/Joe Penney

