LA Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha lanzado una advertencia de que las proyecciones de producción de alimentos para África de este año son probablemente mucho más bajas que las del año pasado, y se espera que la mayoría de las regiones registren cosechas de cereales reducidas.
En el África austral, se prevé que la producción de cereales disminuya un 17 % debido a lluvias estacionales irregulares y a una prolongada sequía, que se ha descrito como la peor de la región en dos décadas.
Lo que más contribuye a esta caída es la cosecha de maíz de Sudáfrica, cuya producción se estima en 10,5 millones de toneladas, lo que supone una fuerte reducción del 30 % con respecto a la cosecha del año pasado.
Se calcula que las cosechas de maíz de 2015 en Zambia y Malaui son un 21 % y un 26 % inferiores a las de 2014, y las lluvias escasas han afectado gravemente a la producción de maíz en Lesoto, Namibia, Botsuana y Suazilandia, con descensos que oscilan entre el 13 % y el 43 %.
Pero el país más golpeado probablemente sea Zimbabue, que depende de las importaciones y obtiene la mayor parte de sus cereales de los países vecinos, principalmente Sudáfrica, Zambia y Malaui. Se espera que la producción nacional de maíz de Zimbabue caiga nada menos que un 50 %.
En África oriental, las lluvias tardías e irregulares desde el inicio de la temporada de cultivo en marzo han deteriorado las perspectivas de producción.
Sudán del Sur se encuentra en una situación especialmente grave: la FAO destaca las condiciones de seguridad alimentaria «alarmantes» en las zonas afectadas por conflictos, donde el número de personas con inseguridad alimentaria grave casi se ha duplicado, hasta un total estimado de 4,6 millones desde comienzos de 2015.
En conjunto, África Occidental registrará un ligero aumento de la producción, pero la media oculta los problemas locales de seguridad alimentaria, según indica el informe de la FAO.
Las estimaciones más recientes sitúan la producción total de cereales de 2014 en los nueve países del Sahel en 21 millones de toneladas, aproximadamente un 7 % más que la media quinquenal, gracias a los sólidos resultados de Malí y de otros países costeros.
Sin embargo, en el Sahel occidental se han registrado fuertes descensos de la producción de cereales debido a las malas condiciones meteorológicas.
En comparación con la media quinquenal, se estima que la producción de cereales cayó en 2014 un 83 % en Cabo Verde, un 28 % en Gambia, un 33 % en Guinea-Bisáu y un 17 % en Senegal.
También se vieron afectadas grandes zonas de Chad, Mauritania y Níger.
Y, aunque se prevé que África Central tenga lluvias mejores de lo habitual, la continua inseguridad civil en la República Centroafricana afectará negativamente a la temporada de cultivo actual.
El informe señala también con preocupación los conflictos en Burundi: desde comienzos de abril, más de 140 000 refugiados y solicitantes de asilo burundeses han cruzado la frontera hacia países vecinos (la República Democrática del Congo, Tanzania y Ruanda), lo que ejerce presión sobre un ecosistema ya frágil.
Las tendencias en materia alimentaria sin duda pondrán nerviosos a los gobiernos africanos. Si les prestan atención, sus implicaciones son más amplias de lo que a primera vista parece.
El Foro Económico Mundial identifica las crisis alimentarias como uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta África en 2015 y a los que los gobiernos no han prestado suficiente atención. Se pidió a los encuestados que seleccionaran tres riesgos mundiales para los que consideraban que su región estaba menos preparada, y las crisis alimentarias ocuparon el segundo lugar, después del desempleo y por delante de la propagación de enfermedades infecciosas.
En mayo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, amalgamó el cambio climático, la seguridad alimentaria y el terrorismo, afirmando que, bajo su mandato, el Pentágono había empezado a identificar el cambio climático como un «multiplicador de amenazas» en los conflictos mundiales.
Aunque tuvo cuidado de no atribuir toda la culpa al cambio climático, Obama afirmó que la grave sequía «contribuyó a crear la inestabilidad en Nigeria que fue aprovechada por el grupo terrorista Boko Haram», y que la sequía, las malas cosechas y los altos precios de los alimentos contribuyeron a alimentar los primeros disturbios en Siria, que derivaron en una guerra civil en esa región.
Hace cuatro años, los alimentos fueron el principal factor que impulsó los primeros disturbios en Egipto, mientras se desarrollaba la Primavera Árabe.
Egipto es el mayor importador de trigo del mundo, y en 2010 una sequía en Rusia, principal proveedor de trigo de Egipto, había acabado con el 40 % de la cosecha de trigo. Los gobiernos del norte de África subvencionan en gran medida el precio del trigo, pero ni siquiera eso bastó para contener los precios: el índice de precios de los alimentos venía subiendo desde comienzos de 2009 y, cuando alcanzó su máximo en febrero de 2011, había registrado un aumento del 68,3 %.
El índice de precios de los cereales subió aún más, un 75,5 %, en un período más corto, desde un mínimo en junio de 2010 hasta un máximo en abril de 2011. Con ello, las masas salieron a las calles reclamando pan, y las protestas se extendieron hasta convertirse en un movimiento más amplio que exigía cambios políticos y económicos.
Afortunadamente, los precios internacionales de los alimentos no son (todavía) motivo de alarma: el índice de precios de los alimentos de la FAO se sitúa ahora un 21 % por debajo del de hace un año y se encuentra en su nivel más bajo desde septiembre de 2009.
La caída del índice de precios de los alimentos de la FAO se debe principalmente a un descenso del 6,6 % en el precio del azúcar y del 4,1 % en el de los productos lácteos, que más que compensaron un repunte de las cotizaciones del aceite de palma y del trigo.
Si África puede acceder a los mercados mundiales para comprar alimentos y compensar las inminentes malas cosechas, el riesgo de hambre podrá evitarse. Pero, en el contexto africano, el problema es que la infraestructura y la logística son tan deficientes que, para cuando los alimentos se importan y se transportan al interior del país, la ventaja de precio desaparece.
Un informe del Banco Mundial indica que, a lo largo de los principales corredores de transporte de África oriental, hay un puesto de control cada 30-50 km. Los sobornos pagados en los puestos de control y en las básculas de pesaje por camión oscilaban entre 2,40 y 16,80 dólares y, si a los costes de los controles se suman los retrasos, los precios de los alimentos básicos aumentan considerablemente para los consumidores locales.
Este artículo se publica en colaboración con Mail & Guardian. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para estar al día de la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autoría: Christine Mungai es escritora y periodista de Mail & Guardian Africa.
Imagen: Una instalación de cactus relacionada con la sequía, llamada «Desierto de Cantareira». REUTERS/Nacho Doce


