¿Por qué los países de la UE tienen actitudes tan distintas hacia el trabajo?

¿Por qué los países de la UE tienen actitudes tan distintas hacia el trabajo?
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Las diferencias en el desempeño económico entre los países europeos están en el centro de los problemas que experimenta la eurozona. Las diferencias en los mercados laborales son especialmente importantes y socialmente disruptivas. Mientras que Grecia tuvo una tasa de desempleo juvenil del 65 % en 2013, la de Alemania no ha superado el 10 % desde 2010. Estos diferenciales, junto con la enorme variación en la deuda pública, el gasto y las tasas de crecimiento del PIB, están poniendo a prueba el compromiso de los países de permanecer dentro de una única área monetaria. La reciente crisis económica ha agravado esta situación, ya que los países se han recuperado a velocidades muy diferentes.

La explicación más ampliamente aceptada entre economistas y responsables políticos sobre los dispares resultados de los mercados laborales de los países de la UE desde la década de 1980 se refiere a las instituciones y políticas establecidas en la década de 1970, algunas de las cuales perduran hasta hoy. Algunas de estas instituciones limitan la flexibilidad salarial a la baja, reducen la rotación laboral y desalientan el esfuerzo individual en la búsqueda de empleo. Las diferencias entre países en los marcos institucionales generan grandes diferenciales de empleo en toda Europa.

Más recientemente, sin embargo, varias aportaciones han señalado que no solo las instituciones, sino también los valores, actitudes y creencias relacionados con el trabajo difieren profundamente en toda la UE, y que estos también pueden afectar a los resultados de empleo. Por ejemplo, los lazos familiares fuertes (Alesina y Giuliano 2010) y las culturas laborales y familiares tradicionalmente conservadoras (Giavazzi et al 2013) desalientan la participación en el mercado laboral de los jóvenes y las mujeres (Fernández 2007). Crecer en zonas económicamente desfavorecidas o durante recesiones económicas afecta a las creencias socioeconómicas individuales (Giuliano y Spilimbergo 2014), a las aspiraciones laborales y a la percepción de seguridad en el empleo, y puede crear una «norma social» de desempleo (Clark et al 2010). Alesina et al. (2006) planteó la hipótesis de que las propias instituciones, al haber inducido una reducción de las horas de trabajo durante la década de 1970, crearon una «cultura del ocio» en Europa, en el sentido de que los rendimientos individuales del ocio aumentaron a medida que más personas trabajaban menos.

Inmigrantes y preferencias transmitidas culturalmente

En un artículo reciente, analizamos en qué medida las preferencias por el trabajo frente al ocio son responsables de los distintos resultados de empleo en Europa (Moriconi y Peri 2015). Para avanzar en esta cuestión, utilizamos datos de la Encuesta Social Europea. Este conjunto de datos abarca a personas de 26 países europeos entre 2002 y 2012 y contiene información detallada sobre la situación de los individuos en el mercado laboral y sus características demográficas, así como sobre preferencias, valores y creencias. En particular, extraemos información sobre las preferencias entre trabajo y ocio a partir del grado de acuerdo con la siguiente afirmación de la encuesta: «Me gustaría tener un trabajo remunerado incluso si no necesitara el dinero.»

La encuesta también recoge información sobre el país de nacimiento del encuestado y de su padre y de su madre. Esto nos permite aplicar un llamado «enfoque epidemiológico» para identificar el efecto causal de las preferencias entre trabajo y ocio sobre los resultados de empleo individuales. Nos centramos en inmigrantes e hijos de inmigrantes que viven y trabajan en un país europeo distinto de su país de origen. Estas personas están expuestas a una variedad de instituciones y entornos económicos diferentes de los de su país de origen. Sin embargo, si un componente «transmitido culturalmente» de sus preferencias refleja las actitudes del país de origen, al analizar los resultados de empleo de individuos de la misma «cultura» de origen en distintos países de residencia (así como de distintas culturas de origen en el mismo país de residencia), podemos conocer el efecto de las preferencias transmitidas culturalmente sobre la probabilidad de empleo y las horas trabajadas.

Preferencias de la cultura de origen y su persistencia

Para identificar las preferencias por el trabajo específicas del país de origen de cada individuo, estimamos la intensidad media de la preferencia por el trabajo de los nativos en cada país; es decir, la proporción de nativos que «están totalmente de acuerdo» con la afirmación anterior. Después, asignamos estas preferencias específicas de cada país a los migrantes de primera y segunda generación procedentes de ese país que trabajan en cualquier lugar de Europa. Denominamos a esta preferencia por el trabajo «de la cultura de origen». La figura 1 muestra la correlación entre las preferencias por el trabajo de la cultura de origen (en el eje horizontal) y las preferencias de los emigrantes de ese país en cualquier lugar de Europa (en el eje vertical), una vez controladas las características de su país de residencia.

En la figura observamos una correlación positiva estadísticamente significativa (coeficiente igual a 0,12 y error estándar igual a 0,06) entre la cultura de origen y las preferencias de los emigrantes. Al construir la variable del eje vertical, incluimos únicamente a los migrantes fuera del país de origen; por tanto, la correlación no se debe a la exposición a condiciones comunes del mercado laboral ni a instituciones comunes. Dicha correlación debe derivar del hecho de que los emigrantes comparten preferencias con los nativos de la misma cultura de origen.

Figura 1. Preferencias trabajo-ocio de la cultura de origen y preferencias individuales de los migrantes

Efecto de las preferencias sobre los resultados de empleo

Tras establecer que existe una correlación sólida entre las preferencias por el trabajo de la cultura de origen y las preferencias de los emigrantes de ese país, investigamos si las preferencias de la cultura de origen importan para los resultados de empleo de los emigrantes. La figura 2 ofrece una visión de esta cuestión. Muestra la correlación entre las preferencias por el trabajo de la cultura de origen (como en la figura 1) y la tasa de empleo de los emigrantes de la misma cultura de origen, agregando todos los destinos. Aunque hay una gran cantidad de ruido y variación producida por muchos otros factores de confusión, la figura muestra una correlación positiva. Esto indica que los emigrantes (varones en edad de trabajar) procedentes de países con preferencias trabajo-ocio más altas tienen una mayor probabilidad de estar empleados en el extranjero, dondequiera que se encuentren.

151023-empleo preferencias de ocio migrantes Europa VoxEU

Esta asociación positiva se aprecia con mayor claridad en la regresión (véase Moriconi y Peri 2015). Esta regresión tiene en cuenta todos los factores de confusión asociados al entorno local del país de destino, las características observadas y no observadas de los inmigrantes (por ejemplo, relacionadas con las competencias) y otras actitudes individuales de los emigrantes que pueden correlacionarse con sus preferencias por el trabajo. Al estimar estos efectos, comprobamos que la cultura de origen tiene siempre un efecto positivo muy significativo sobre la probabilidad de empleo y sobre las horas trabajadas.

Después mostramos que el efecto de las preferencias de la cultura de origen sobre los resultados de empleo se debilita a medida que los inmigrantes se integran más en el país de acogida. Por ejemplo, un período más largo en el país de acogida atenúa el efecto en los inmigrantes de primera generación. En la segunda generación, tener un progenitor nativo (especialmente una madre nativa) atenúa sustancialmente la influencia de las preferencias de la cultura de origen.

También investigamos la correlación entre las preferencias por el trabajo de la cultura de origen y otros comportamientos sociales y económicos de los individuos, como la preferencia por la redistribución y las instituciones redistributivas, como los sindicatos o el seguro de desempleo público. Como señalan Luttmer y Singhal (2011), las preferencias por la igualdad, la protección social y la redistribución son dimensiones importantes de la transmisión cultural. Encontramos indicios de una asociación negativa entre las preferencias por el trabajo y las actitudes redistributivas: los individuos con preferencias más orientadas al ocio son más propensos a afiliarse a un sindicato y consideran más deseable que el gobierno desempeñe un papel activo en la garantía de la protección social y la redistribución.

¿Cuán grandes son estos efectos?

Aunque hemos comprobado que las preferencias, y en particular las transmitidas culturalmente, influyen en el comportamiento laboral de los individuos, es importante comparar la magnitud de su impacto con el de las instituciones del país de acogida (como el seguro de desempleo, la densidad sindical y la fiscalidad), que se ha demostrado que son relevantes para explicar las diferencias entre países europeos (véase Arpaia y Mourre 2012, Lehmann et al 2015). Comprobamos que la magnitud del impacto de las preferencias por el trabajo sobre la tasa de empleo es considerable, pero mucho menor que el de las instituciones y las políticas. Utilizando los efectos estimados de las preferencias trabajo-ocio específicas de cada país sobre la probabilidad de empleo, podemos explicar alrededor del 24 % de la diferencia entre el percentil 90 y el percentil 10 en las tasas de empleo entre los países de la UE. Se trata de una cantidad significativa, pero mucho menor que el impacto estimado del seguro de desempleo y de la fiscalidad media, cada uno de los cuales puede explicar la totalidad de la diferencia entre el percentil 90 y el percentil 10.

Por tanto, las preferencias culturales por el trabajo o el ocio son lo bastante importantes como para que los países de la UE quizá nunca converjan en la misma tasa de empleo, incluso con condiciones económicas e instituciones idénticas. Sin embargo, si fueran los únicos determinantes de las diferencias, nuestras estimaciones sugieren que el rango de variación de las tasas de empleo sería solo una cuarta parte de su nivel actual.

Referencias

Alesina, A y P Giuliano (2010) «The power of the family», Journal of Economic Growth, 15(2): 93-125.

Alesina, A, E Glaeser y B Sacerdote (2006) «Work and leisure in the US and Europe. Why so Different?», NBER Macroeconomics Annual 2005, 20: 1-100.

Arpaia, A y G Mourre (2012) «Institutions and performance in European labour markets: Taking a fresh look at evidence», Journal of Economic Surveys, 26(1): 1-41.

Clark, A, A Knabe y S Ratzel (2010) «Boon or bane? Others’ unemployment, well-being and job insecurity», Labour Economics, 17(1): 52-61.

Fernandez, R (2007) «Women, work, and culture», Journal of the European Economic Association, 5(2-3): 305–332.

Giavazzi, F, F Schiantarelli y M Serafinelli (2013) «Attitudes, policies and work», Journal of the European Economic Association, 11(6): 1256-1289.

Giuliano, P y A Spilimbergo (2014) «Growing up in a Recession», The Review of Economic Studies, 81(2): 787-817.

Lehmann, E, C Lucifora, S Moriconi y B Van der Linden (2015) «Beyond the labour tax wedge: The unemployment reducing effect of tax progressivity», International Tax and Public Finance(de próxima aparición).

Luttmer, E F P y M Singhal (2011) «Culture, context and the taste for redistribution», American Economic Journal: Economic Policy, 3: 157-179.

Moriconi, S y G Peri (2015) «Country-specific preferences and employment rates in Europe», NBER Working Paper 21561.

Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Simone Moriconi es profesor asistente en la Universidad Católica de Milán. Giovanni Peri es catedrático de Economía y director del Migration Research Cluster de UC Davis.

Imagen: Trabajadores en una cadena de montaje. REUTERS/Chris Keane.

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