Al ritmo actual, la demanda de agua aumentará un 55 % a nivel mundial para 2050, según las proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El aumento procederá principalmente de la industria manufacturera (+400 %), la electricidad (+140 %) y el uso doméstico (+130 %). De hecho, el Banco Mundial ha señalado que para 2030 habrá un déficit mundial del 40 % entre la demanda prevista y el suministro de agua disponible. Si se suma la competencia de la agricultura para alimentar a poblaciones en crecimiento, la brecha entre la oferta y la demanda tendrá consecuencias muy difíciles.
Esto significa que el agua ha pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda de riesgos empresariales —según el Informe de riesgos globales 2015 del Foro Económico Mundial— y constituye una preocupación importante para la sociedad en su conjunto. Dado que las empresas comparten el agua con comunidades, industrias, agricultores y otros usuarios, garantizar la calidad y cantidad adecuadas de agua en el momento oportuno se perfila como un serio problema de producción y reputación.
El informe de PwC, Colaboración: preservar el agua mediante alianzas eficaces , analiza los riesgos empresariales asociados al agua y cómo colaborar con las partes interesadas para alcanzar un objetivo común: compartir el agua con éxito.
Los riesgos empresariales derivados de tener demasiada o muy poca agua, de que esté demasiado contaminada o sea demasiado cara, van en aumento. Se utiliza para enfriar, calentar o limpiar, además de como ingrediente, y también es un factor crítico en la cadena de suministro; asimismo, puede ocasionar interrupciones en el almacenamiento, dañar las existencias y perjudicar la distribución. Incluso los servicios financieros se ven afectados por el agua, al invertir en empresas con una exposición desconocida o no cuantificada al riesgo hídrico y asegurarlas. El agua está presente en todo el mundo.
La gestión eficaz y continua del agua es cada vez más compleja y costosa para las empresas. Identificar y gestionar los posibles riesgos materiales, tanto en las operaciones directas como en la cadena de suministro —por ejemplo, contaminación, inundaciones, suministro irregular o reducido, gobernanza, regulación, cambio climático, amenazas de desastre y problemas de reputación— es un paso importante para proteger los resultados y evitar costes imprevistos.
En última instancia, garantizar el acceso al agua dependerá de una colaboración eficaz con otros usuarios de la cuenca hidrográfica. Cuando las partes interesadas se reúnen, incluso con las mejores intenciones de trabajar juntas, a menudo tienen perspectivas y demandas muy divergentes.
Más que el petróleo o el talento, el agua se está convirtiendo cada vez más en el recurso más problemático debido a la irregularidad del suministro, la calidad, la contaminación, las sequías y las inundaciones. Estos problemas no han pasado inadvertidos para el mundo empresarial. Según la encuesta anual de PwC a los directores ejecutivos, el 46 % está de acuerdo en que la escasez de recursos y el cambio climático transformarán sus empresas en los próximos cinco años.
En muchos casos, se prevé que el desarrollo económico tenga lugar en regiones y países donde ya existe una escasez significativa de agua, como Oriente Medio y África.
Sudáfrica es un país semiárido con escasez de agua, con una precipitación media anual de 450 mm (frente a una media mundial de 860 mm), y solo el 9 % de esas precipitaciones se convierte en escorrentía fluvial. Los recursos hídricos están distribuidos de manera desigual por el país: el 21 % del territorio, principalmente el árido oeste, recibe menos de 200 mm al año, y el 65 % recibe menos de 500 mm al año. Además, las tasas de evaporación pueden ser extremadamente altas; por ejemplo, en el noroeste del país, las pérdidas por evaporación pueden superar los 2750 mm. Esto ejerce una presión considerable sobre el suministro de agua para la agricultura y el consumo humano, ya que las altas tasas de evaporación reducen la escorrentía y la disponibilidad de aguas superficiales.
De los sectores económicos de Sudáfrica, el agrícola es, con diferencia, el mayor consumidor de agua. El sector depende en gran medida del riego: solo el 12 % de las tierras sudafricanas se considera apto para cultivar productos de secano, y una proporción aún menor (3 %) se considera fértil.
El agua no solo es vital para la producción de alimentos y el uso doméstico; también es un elemento integral de los sectores industrial, minero y de generación de energía, que utilizan alrededor del 10 % del agua dulce de Sudáfrica. La mayor parte del suministro eléctrico sudafricano depende de centrales térmicas de carbón que consumen grandes cantidades de agua para la refrigeración.
A medida que el país sigue experimentando un crecimiento demográfico y económico, Sudáfrica se acerca a la plena utilización de sus recursos hídricos disponibles, pues la demanda cada vez mayor de estos recursos acabará superando la oferta.
El deterioro de la calidad del agua debido a los vertidos urbanos e industriales en los sistemas fluviales, las plantas de tratamiento de aguas residuales con mantenimiento deficiente, la salinidad causada por los retornos de riego, el drenaje ácido de minas y las instalaciones inadecuadas plantea otro desafío hídrico para Sudáfrica.
El agua forma parte de la agenda de riesgos de todas las empresas, ya sea como problema operativo directo o en la cadena de suministro. Las empresas deben contar con una supervisión y una gestión eficaces, tanto desde su propia perspectiva como desde la de sus partes interesadas.
No solo está en juego la producción: también lo están la reputación y la licencia para operar, por lo que las decisiones relacionadas con el agua tienen consecuencias de gran alcance.
El Foro Económico Mundial sobre África 2015 se celebra en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, del 3 al 5 de junio.
Autora: Jayne Mammatt, socia a cargo del Departamento de Sostenibilidad e Informes Integrados de PwC
Imagen: Niños recogen agua de un pozo en las estribaciones de la cordillera Drakensberg, en la provincia de KwaZulu-Natal, al norte de Sudáfrica. REUTERS/Mike Hutchings


