Los recursos hídricos de África están sometidos a una presión cada vez mayor y es probable que el continente afronte una grave escasez de agua para 2030. El crecimiento de la población, combinado con el cambio climático y el continuo desarrollo económico, ejercerá aún más presión sobre los recursos hídricos y las infraestructuras.
Gobernar los recursos hídricos de África de manera eficaz y equitativa es de vital importancia. Una de las soluciones más eficaces será que la industria, la sociedad civil y todos los niveles de gobierno unan fuerzas.
Es imposible restar importancia al agua para las personas, las sociedades y el medio natural. Dependemos de ella para obtener alimentos y energía, así como para el funcionamiento natural de los ecosistemas.
Ignorar el problema o rezar para que llueva no resolverá la inseguridad hídrica de África. Queda por delante una tarea mucho más difícil: construir comunidades resilientes que reconozcan el carácter político del agua y, al mismo tiempo, trabajen juntas para gobernarla.
Un panorama sombrío
La seguridad general de los recursos mundiales de agua dulce ofrece un panorama sombrío. Lugares tan diversos como São Paulo, California, Zimbabue y Taiwán han sufrido recientemente sequías que han alterado gravemente las condiciones de vida.
A escala mundial, se abre una brecha cada vez mayor entre la disponibilidad y el suministro, nuestra conciencia del valor del agua y nuestra capacidad para gobernarla. Si a esto se suma la conmoción causada por los cambios en los patrones meteorológicos debido al cambio climático, la complejidad aumenta.
Si nada cambia, para 2030 el mundo afrontará un déficit del 40 % de agua entre la disponibilidad y la demanda. Esto se debe a la convergencia de las tendencias del cambio climático y el desarrollo económico en las economías menos desarrolladas y emergentes. Los autores de un informe reciente de la ONU sobre el agua escriben:
Esta convergencia intensificará sin duda la inseguridad hídrica de las personas pobres y marginadas de los países de bajos ingresos y aumentará la urgencia de adoptar nuevos enfoques para asignar los recursos hídricos al desarrollo.
Para África, que ya lucha contra la inseguridad hídrica, estos desafíos sumamente acuciantes no harán más que intensificarse con el tiempo.
Se prevé que la población del África subsahariana aumente hasta los 2.400 millones para 2050. Se prevé que la población urbana de África se duplique para 2030, y el desplazamiento hacia las ciudades también agravará la presión sobre los recursos hídricos.
Ya ha disminuido del 42 % al 34 % la proporción de personas que pueden contar con agua corriente en sus viviendas. El acceso al agua potable segura en las zonas urbanas seguirá siendo un problema importante en las ciudades de todo el continente.
Desentrañar la política del agua
Los problemas del agua son problemas políticos y requieren soluciones políticas. Cada vez más, investigadores de diversas disciplinas se centran en la gobernanza como variable clave en la búsqueda de una mayor seguridad hídrica. La gobernanza requiere un conjunto de reglas, procedimientos y normas, así como reconocer dinámicas de poder específicas. También se presta atención a cómo las alianzas pueden superar problemas complejos que requieren integración y coordinación.
Es evidente que el agua se cruza con una serie de cuestiones sociales y medioambientales que, a primera vista, no guardan relación con ella. El trabajo conjunto puede subsanar las enormes lagunas de gobernanza que surgen de la gestión vertical. También refleja nuestra sociedad cada vez más interconectada, en la que una decisión en un sector puede tener efectos en cadena, previstos o imprevistos.
Lo más importante es que la gobernanza colaborativa del agua puede superar las brechas derivadas de autoridades políticas centralizadas debilitadas o carentes de legitimidad.
Negociación, diálogo y compromiso
Como el agua está impregnada de política, puede provocar profundas divisiones entre comunidades enfrentadas. Del mismo modo, puede generar la voluntad necesaria para cooperar. Es preciso impulsar varios enfoques arraigados en los contextos locales, pero basados en un espíritu común de solidaridad hídrica .
Es fundamental que las ONG, las comunidades tradicionales y los intereses empresariales formen parte de alianzas con distintos niveles de gobierno para garantizar una gestión eficaz del agua.
La inclusión de una diversidad de partes interesadas en el proceso político tiene varios efectos positivos. Se difunden los conocimientos técnicos sobre los recursos hídricos locales, se encuentran soluciones eficaces para los conflictos, aumenta la legitimidad y se reducen los costos.
La cooperación regional también es absolutamente esencial, dado que hay más de 80 ríos y acuíferos internacionales en todo el continente.
También es necesario aprender de los ejemplos existentes de gobernanza colaborativa del agua y mejorarlos, entre ellos la uMngeni Ecological Infrastructure Partnership de Sudáfrica y el Bridge Program financiado por Suiza, que está activo en todo el continente.
Debemos entender que las bases de una seguridad hídrica sostenible suelen sentarse mediante el arduo trabajo de negociación, diálogo y compromiso.
No existe una solución milagrosa
Dada la inseguridad hídrica de África, quizá sorprenda saber que solo el 5 % de los recursos hídricos potenciales del continente están desarrollados. Es evidente que hay muchas oportunidades de crecimiento. El desafío será gestionar ese crecimiento de manera sostenible.
No existe ninguna innovación tecnológica milagrosa que garantice la seguridad hídrica, ni ningún paquete de financiación de donantes multilaterales o fondos nacionales que alivie por completo la escasez de agua.
La seguridad hídrica abarca varios elementos interrelacionados: población, alimentos, energía, tierra, saneamiento, infraestructuras, desarrollo social, relaciones internacionales e integridad medioambiental. Centrarse en construir una gobernanza colaborativa es un paso necesario para aumentar la seguridad hídrica.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lee el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Cameron Harrington es investigador posdoctoral del Global Risk Governance Programme de la University of Cape Town.
Imagen: Un superviviente de un terremoto bebe agua de un pozo en un campamento provisional en el centro de Puerto Príncipe, el 30 de octubre de 2010. REUTERS/ Eduardo Munoz


