Este artículo se publica en colaboración con The Washington Post.
Durante décadas, China ha vivido un auge de la construcción de una escala difícil de asimilar. En las últimas tres décadas, 260 millones de personas se han trasladado del campo a las ciudades chinas, una cifra equivalente a alrededor del 80 por ciento de la población de Estados Unidos. Para dar cabida a todas esas personas, la superficie de las zonas urbanas construidas de China casi se quintuplicó entre 1984 y 2010.
Gran parte de ese desarrollo ha mejorado la vida de las personas, pero no todo. En una carrera precipitada por impulsar el crecimiento y el desarrollo, algunas zonas urbanas han levantado enormes proyectos inmobiliarios sin uso: las célebres “ciudades fantasma” de China. Estos desarrollos inquietantes y resplandecientes están terminados, salvo por una cosa: las personas que los habiten.
Las ciudades fantasma de China han suscitado mucho debate en los últimos años. Algunos sostienen que estos desarrollos son una prueba del despilfarro de la planificación de arriba abajo, o el resultado de una financiación barata en exceso para las empresas. Otros atribuyen el fenómeno a la falta de otras opciones adecuadas para que la gente común invierta su dinero, o al afán de los funcionarios locales por hacer un negocio rápido: la venta de terrenos genera grandes ingresos para los gobiernos locales de China.
Otros afirman que la idea de las ciudades fantasma se ha exagerado. Defienden la filosofía de “construirla y vendrán”, señalando que, con el tiempo, algunas ciudades fantasma se llenan y se convierten en comunidades dinámicas.
Ha sido difícil evaluar estas afirmaciones, ya que la mayor parte de la investigación sobre las ciudades fantasma se ha basado en anécdotas. Incluso los métodos de investigación más rigurosos dejan mucho que desear; por ejemplo, las firmas de investigación de inversiones que envían a jóvenes empleados subalternos a lugares remotos para contar cuántas luces se encienden por la noche en los edificios.
Ahora, una nueva investigación de Baidu, una de las mayores empresas tecnológicas de China, ofrece uno de los primeros análisis sistemáticos de las ciudades fantasma chinas. Investigadores del Big Data Lab de Baidu y de la Universidad de Pekín utilizaron el tipo de datos de localización recogidos por teléfonos móviles y receptores GPS para rastrear, en tiempo real y a escala nacional, cómo entraban y salían las personas de las presuntas ciudades fantasma durante un período de seis meses. Puede ver el proyecto interactivo aquí.
Zonas residenciales vacías. Imagen de “Ghost Cities” Analysis Based on Positioning Data in China. Guanghua Chia, Yu Liu, Haishan Wu
Google lleva años bloqueado en China, y Baidu domina el mercado en cuanto a búsquedas, mapas móviles y otros servicios. Esto dio a los investigadores una enorme base de datos con la que trabajar: 770 millones de usuarios, una parte considerable de los 1.360 millones de habitantes de China.
Para identificar las posibles ciudades fantasma, los investigadores crearon un algoritmo que detecta zonas urbanas con una población relativamente escasa. Definen una ciudad fantasma como una región urbana con menos de 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, aproximadamente la mitad de la densidad recomendada por el Ministerio chino de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural.
El mapa siguiente muestra 20 de las 50 ciudades con grandes zonas residenciales vacías que rastrearon. (Los investigadores no revelan las 50 ciudades para evitar influir en los precios inmobiliarios, afirman.) Pero la mayoría son ciudades de tamaño medio del este de China, situadas en su mayor parte en la periferia de una ciudad o en una zona de nueva creación.

“Ghost Cities” Analysis Based on Positioning Data in China. Guanghua Chia, Yu Liu, Haishan Wu
Aquí los investigadores se encontraron con otro problema: quizá algunas de estas no eran ciudades fantasma, sino localidades turísticas. Como en otros lugares del mundo, los destinos turísticos están en gran medida vacíos en ciertas épocas del año, pero pueden llenarse en otras. El informe ilustra la diferencia con la historia de dos ciudades: Rushan, un desarrollo costero de la provincia de Shandong, en la costa este de China, y Kangbashi, un suburbio de Ordos, un área rica en carbón y recursos naturales situada en Mongolia Interior, en el norte de China.
Para descartar los destinos turísticos, los investigadores siguieron la evolución de la densidad de población en las grandes zonas residenciales vacías a lo largo del tiempo. Puede ver los patrones que midieron en el gráfico siguiente. La población de Kangbashi, representada por la línea azul, aumenta entre semana y disminuye durante los fines de semana y los festivos, una señal clara de que la gente trabaja allí pero vive en otro lugar, según los investigadores. Rushan, representada por la línea verde, registra un pico de población durante los festivos nacionales, periodos en los que Kangbashi se vacía.

“Ghost Cities” Analysis Based on Positioning Data in China. Guanghua Chia, Yu Liu, Haishan Wu
Según los investigadores, estos patrones indican que Kangbashi encaja en el perfil de una “ciudad fantasma” con escasa población, mientras que Rushan se describe mejor como una localidad turística. De las 50 ciudades, dicen que 26 acabaron pareciendo destinos turísticos, mientras que 24 eran ciudades fantasma.
Este tipo de datos podría ofrecer muchas lecciones al Gobierno chino mientras intenta evaluar la calidad, y no solo la cantidad, de su crecimiento económico. Con demasiada frecuencia en China, los funcionarios locales han buscado dar apariencia de desarrollo, a veces sin demasiada preocupación por lograr el desarrollo real.
Haishan Wu, uno de los investigadores, afirma que los datos pueden ayudar a los gobiernos locales a tomar mejores decisiones de planificación en el futuro, así como a comprender dónde mejorar la infraestructura básica, lo que puede contribuir a convertir una ciudad fantasma en una ciudad en funcionamiento. Wu cita el ejemplo de la nueva ciudad de Zhengzhou, que en su día fue ampliamente señalada como ciudad fantasma, pero que ahora atrae a más personas.
Los datos también podrían proporcionar abundante material a los inversores inmobiliarios más avispados, así como lecciones para los urbanistas chinos. Según los investigadores, la conclusión principal es que, para ser una comunidad en funcionamiento, una ciudad necesita empleo, industria, ocio, sanidad y escuelas. Una ciudad es mucho más que un conjunto de apartamentos vacíos.
Este artículo se ha actualizado para incluir los comentarios de Baidu.
La publicación no implica la aprobación de las opiniones expresadas por el Foro Económico Mundial.
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Autor/a: Ana Swanson es periodista de Wonkblog.
Imagen: Árboles recién plantados bordean una nueva calle frente a edificios residenciales en construcción. REUTERS/David Gray.


