Dos ideas falsas sobre la postura de Alemania ante el Brexit

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El 29 de marzo, la primera ministra británica Theresa May entregó a Bruselas una notificación de retirada. Este paso puso en marcha la cuenta atrás de dos años para la salida del Reino Unido de la UE.

Aunque la Comisión Europea dirigirá oficialmente las negociaciones por parte de la UE, los gobiernos de los Estados miembros querrán participar de lleno, dados los intereses en juego. Muchos esperan que Alemania desempeñe un papel destacado en estas conversaciones y que este esté determinado principalmente por los intereses de sus poderosas empresas exportadoras. Creo que ambas ideas son erróneas.

Para la mayoría de los alemanes, el Brexit realmente no importa mucho. Incluso Europa en su conjunto apenas figura en la lista de preocupaciones de los alemanes en este momento. El Brexit tampoco es un asunto importante en los círculos políticos. Cuando los políticos alemanes hablan públicamente del Brexit, suelen repetir lo que no debería ser («cherry-picking», «desmantelar el mercado único») en lugar de decir cómo debería ser.

¿Empresas o política?

La cuestión de las empresas alemanas es distinta. El Gobierno británico tiene razón al afirmar que hay mucho en juego para la economía alemana. En 2016, Alemania exportó al Reino Unido bienes por valor de 86.000 millones de euros, mientras que las importaciones procedentes del Reino Unido fueron menos de la mitad. Se dice que unos 750.000 puestos de trabajo en Alemania dependen de las exportaciones al Reino Unido. Además, 2.500 empresas alemanas operan allí y han invertido 120.000 millones de euros.

El sector automovilístico alemán depende especialmente de las fábricas y las ventas en el Reino Unido, pero también lo hacen los sectores farmacéutico y de construcción de maquinaria, las instituciones financieras y otros. No es de extrañar que cuatro de cada diez empresas alemanas esperen que el Brexit perjudique sus negocios.

¿Cederá la canciller Angela Merkel a las exigencias de las empresas alemanas y adoptará una postura más flexible en las negociaciones, como esperan muchos británicos? En el pasado, la política exterior alemana estuvo a menudo impulsada por intereses económicos. Pero hoy no tiene por qué ser así. Las sanciones contra Rusia son un precedente importante: ni siquiera los grupos de presión más poderosos pudieron alterar la determinación de Berlín de sancionar a Rusia por la anexión de Crimea.

La prioridad de Merkel es mantener unidos a los 27 países de la UE y proteger los logros de la Unión. En 2016, al dirigirse a la federación alemana de empleadores, Merkel pidió explícitamente a los empresarios reunidos que antepusieran la integridad del mercado único a sus intereses comerciales particulares. Y, de hecho, para muchas empresas alemanas, mantener sus cadenas de suministro paneuropeas —que, por ejemplo, conectan las plantas de montaje de automóviles alemanas con proveedores de Europa Central— es más importante que preservar los negocios que mantienen con el Reino Unido.

Es poco probable que Alemania adopte una postura flexible, pero tampoco pretende «castigar» al Reino Unido. Eso no significa que no haya decepción. «Los británicos siempre han sido miembros a medias», se quejan muchos alemanes. A muchos más les desconcierta que un país pudiera afrontar un referéndum tan trascendental sin estar en absoluto preparado para el resultado.

Pero los alemanes también recuerdan las grandes contribuciones del Reino Unido a la UE —el mercado único, la ampliación hacia el este y la política común de seguridad— y esperan que el país pueda seguir siendo un socio cercano y constructivo.

Angela Merkel: probablemente adoptará un enfoque «pragmático»Image: REUTERS/Eric Vidal

Una agenda muy cargada

En cualquier caso, Angela Merkel no es una política que afronte las negociaciones movida por la decepción o la nostalgia. Es pragmática.

Y aunque los políticos británicos suelen aludir a las limitaciones políticas internas para explicar sus políticas hacia la UE, es importante recordar que el Brexit solo ocupa una pequeña parte de la agenda de Merkel en 2017. Desde la compleja tarea de integrar a un gran número de refugiados hasta el conflicto latente en Ucrania y la gestión de un Donald Trump impredecible en Estados Unidos y de un Recep Erdoğan cada vez más beligerante en Turquía, Angela Merkel tiene mucho trabajo por delante. Debe hacer frente a todos estos desafíos mientras libra una difícil campaña de cara a las elecciones de septiembre. Sea cual sea el resultado de estos comicios, la campaña no se centrará en cuestiones de política exterior, como el Brexit, sino en asuntos internos, sobre todo la inmigración, la seguridad y la justicia social.

Negociaciones que no solo versan sobre el Brexit

Muchos expertos en la UE afirman que las conversaciones sobre el Brexit bien podrían ser las negociaciones más difíciles a las que se haya enfrentado jamás la Unión. Para complicar aún más las cosas, no habrá una sola negociación (entre el Reino Unido y los 27 de la UE), sino varias:

  • Entre los Estados miembros de la UE y las instituciones de Bruselas: para la Comisión Europea y el Parlamento, las negociaciones sobre el Brexit formarán parte de una lucha más amplia por preservar su papel tradicionalmente destacado en la formulación de las políticas de la UE.

  • Entre los 27: aunque los países que permanecen en la UE parecían firmemente unidos antes del inicio de las negociaciones del Brexit, cada país tiene prioridades y líneas rojas distintas en lo que respecta al Brexit. Además, las conversaciones se entremezclarán con debates más amplios sobre el futuro de la UE, por ejemplo, sobre una UE de varias velocidades o el acceso de los migrantes de la UE a los sistemas nacionales de seguridad social.

  • Dentro de cada país de la UE: el Brexit toca grandes debates actuales, como el libre comercio frente al proteccionismo, el nacionalismo frente al multilateralismo y la xenofobia frente a la tolerancia. En la medida en que las negociaciones del Brexit importen para el debate interno alemán, no se tratará de aranceles a los automóviles ni de servicios financieros. Se tratará de que los políticos tradicionales hagan concesiones a las fuerzas populistas.

El liderazgo alemán

Si a esta compleja combinación de negociaciones se suma que Alemania busca redefinir su papel en Europa y en el mundo, queda claro que la postura negociadora alemana sobre el Brexit responde a motivaciones diversas, algunas de las cuales poco tienen que ver con el Brexit.

Muchos de los vecinos europeos de Alemania han pedido a Berlín que muestre más «liderazgo», aunque su definición —a menudo, que Alemania aporte más dinero a los vecinos más pobres o asuma parte de su deuda— no coincide con las ideas alemanas sobre la responsabilidad nacional. Muchos alemanes se sintieron decepcionados cuando Berlín mostró «liderazgo» durante la crisis de los refugiados, pero muchos socios de la UE solo acogieron a unos pocos recién llegados.

En este contexto, los alemanes se preguntan ahora qué significa el liderazgo en Europa, qué precio están dispuestos a pagar y cuáles deberían ser las responsabilidades de los demás países de la UE. La elección de Donald Trump llevó a algunos comentaristas a declarar a Angela Merkel «líder del mundo libre», una oferta de trabajo que ella rechazó enérgicamente.

Estos debates sobre el liderazgo no son fáciles para los alemanes, por motivos históricos y de otra índole, lo que hace improbable que Berlín busque un papel destacado en las inminentes negociaciones del Brexit.

Al contrario, Berlín querrá mantenerse lo más cerca posible de París (suponiendo que Marine Le Pen no gane la presidencia en mayo), en un intento por reavivar la alianza franco-alemana tras una década difícil. Por eso, si quiere saber cómo definirá Alemania su postura negociadora sobre el Brexit, quizá también le interese fijarse en Francia.

Este artículo se basa en un discurso pronunciado en Chatham House, Londres, en diciembre de 2016.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no reflejan las de ninguna organización.

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