Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
El sur de África lleva meses registrando temperaturas elevadas. En octubre, Zimbabue sufrió una ola de calor con temperaturas de 45 °C en Kariba. A finales de octubre, las temperaturas en Vredendal (Sudáfrica) alcanzaron un máximo de 48,4 °C, lo que batió el récord mundial de temperatura máxima para ese mes.
El sur de África no es el único caso. 2015 es el año más cálido registrado.
Aún no está claro el impacto que las temperaturas elevadas tendrán en la salud de las personas que viven en el sur de África. Esto resulta especialmente preocupante, ya que se prevé que los aumentos continúen debido al cambio climático. Además, no existen sistemas ni herramientas de alerta y respuesta que garanticen la salud y la seguridad públicas durante las olas de calor.
Según una nueva publicación, a finales de siglo, las temperaturas en el África subtropical podrían aumentar entre 4 y 6 °C. En el África tropical, el aumento podría situarse entre 3 y 5 °C. A menos que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, estas temperaturas se convertirán en realidad.
Estos aumentos de temperatura probablemente tendrán un grave impacto en la salud en toda África.
Riesgos para la salud
Las temperaturas elevadas pueden afectar directamente a la salud al alterar el equilibrio termorregulador del cuerpo. El agotamiento por calor puede producirse cuando la temperatura corporal supera los 38 °C, y el golpe de calor cuando supera los 40 °C. Sin embargo, diversos estudios también han demostrado que pueden producirse efectos negativos para la salud y un aumento de la mortalidad incluso con temperaturas exteriores más bajas.
En general, la relación entre la temperatura y la mortalidad varía según la zona geográfica y el clima, así como según las características de la población. Cuando las temperaturas superan el intervalo óptimo, el riesgo de mortalidad aumenta rápidamente. Y, cuando las temperaturas elevadas se registran durante varios días consecutivos, como en una ola de calor, la salud humana puede verse afectada negativamente.
Por ejemplo, en agosto de 2003, Europa vivió el verano más caluroso en más de 500 años. Se estima que estas olas de calor causaron hasta 45 000 muertes relacionadas con el calor. En una reciente ola de calor en la India, donde las temperaturas alcanzaron unos 40 °C en algunas zonas, se informó de que habían fallecido 2300 personas.
Se han realizado numerosos estudios sobre los efectos del calor en la salud en países templados e industrializados. Pero se han llevado a cabo pocos en regiones climáticas subtropicales y tropicales, y en países en desarrollo. Esto se debe a la falta de datos, de financiación para la investigación y de priorización de la investigación para determinar la relación entre el calor y la salud.
Lo que ya se sabe sobre el riesgo
Las proyecciones climáticas prevén un riesgo importante para las vidas de la población africana por el aumento de las temperaturas.
El estudio utilizó la temperatura aparente en lugar de la temperatura normal. La temperatura aparente es un índice que combina la temperatura, la humedad relativa y la velocidad del viento para describir la sensación térmica. Dado que no se disponía de datos locales, el estudio asume los umbrales a partir de los cuales se vería afectada la salud. Se asumió un umbral de temperatura aparente de 27 °C. Utilizando este umbral y Adís Abeba como ejemplo, el estudio proyectó que en la actualidad la temperatura aparente en Adís Abeba supera los 27 °C solo dos días al año, de media. Pero a finales de siglo, las temperaturas en Adís Abeba podrían superar este valor hasta 160 días al año.
Este aumento se observó en toda África. En zonas como la República Democrática del Congo, los umbrales de temperatura eran mucho más cálidos. Esto se debe a que el país ya registra muchos días extremadamente calurosos.
Esta investigación tiene limitaciones debido a la falta de datos locales. Sin embargo, el mensaje sigue siendo claro. Si no se adoptan medidas firmes para frenar el cambio climático, aumentará el riesgo de que la salud de las personas en África se vea afectada negativamente por el aumento de las temperaturas.
Los sistemas de respuesta ayudarían
Existen algunas medidas prácticas que pueden aplicarse. Por ejemplo, el sistema Heat Alert and Response System combina la previsión meteorológica de episodios de calor y olas de calor con un plan de respuesta.
Cuando se prevé una ola de calor con unos pocos días de antelación, las comunidades emiten advertencias y explican qué medidas se están poniendo en marcha para proteger la salud pública. Los planes se distribuyen en los lugares de trabajo y en los centros comunitarios, e incluyen el intercambio de información a través de alertas públicas por radio, SMS y televisión. En ocasiones, los gobiernos también participan, ofreciendo centros de refrigeración de acceso gratuito y servicios de emergencia adicionales centrados en las personas vulnerables y aisladas.
Para que esto funcione, es necesario contar con sistemas de previsión meteorológica. Por ejemplo, las previsiones con una antelación de hasta 1 a 3 meses dan a la población tiempo para movilizar recursos y poner en marcha planes.
Los gobiernos y los empleadores africanos deberían estudiar la posibilidad de desarrollar un sistema de respuesta similar.
También se necesitan investigación y datos continuos para cuantificar la relación entre el calor y la salud en África. Es probable que la salud pública y la de los trabajadores al aire libre ya se hayan visto afectadas, aunque todavía no se haya cuantificado.
La publicación no implica la aprobación de las opiniones del Foro Económico Mundial.
Para mantenerse al día con la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Rebecca Garland es investigadora sénior del grupo Climate Studies, Modeling and Environmental Health Research Group, del Council for Scientific and Industrial Research.
Imagen: Un niño salta al río Nilo durante el tiempo caluroso en las afueras de El Cairo, Egipto, agosto de 2015. REUTERS/Mohamed Abd El Ghany.

