¿Qué necesita Nepal para recuperarse?

¿Qué necesita Nepal para recuperarse?
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La población de Nepal sabe desde hace mucho tiempo que se avecinaba un gran terremoto, y finalmente llegó. Hay aldeas que han quedado arrasadas, miles de personas han muerto o están desaparecidas y se han perdido extensas zonas de patrimonio cultural. Incluso ahora no está claro cuál es la situación en las zonas remotas de los distritos que han quedado aisladas de la ayuda por el colapso de las infraestructuras y los deslizamientos de tierra. La extraordinaria solidaridad de todo el mundo es alentadora, pero en un país que ha sufrido su cuota de traumas en los últimos tiempos, estas heridas físicas y psicológicas tardarán mucho en sanar.

La parte más previsible de todo esto no fue el terremoto en sí, sino la dinámica de la respuesta que ha desencadenado. La coordinación de los donantes ya está resultando difícil, mientras multitud de organismos extranjeros intentan ponerse de acuerdo sobre prioridades, planes y resultados. Más de 200 ONG internacionales trabajan en las labores de ayuda, pero muy pocas comprenden a fondo el contexto nepalí o a las personas a las que esperan ayudar.

Aunque a menudo se espera demasiado de las autoridades en estas situaciones, el Gobierno de Nepal ha demostrado estar mal preparado y ser excesivamente burocrático. A pesar de contar nominalmente con un plan de respuesta, no se habían establecido procedimientos básicos para hacer frente al desastre, y los suministros de socorro están atascados en la aduana. Mediante cuidadosas maniobras políticas, los dirigentes locales han evitado las elecciones distritales y municipales durante los últimos 18 años, por lo que en la última semana las líneas de autoridad y rendición de cuentas para la toma de decisiones a nivel local han sido prácticamente inexistentes. Las condiciones fuera de la capital no mejoran y el resentimiento hacia el Gobierno es palpable. El terremoto fue un golpe, pero la mala gobernanza en Nepal no lo es: hace mucho que se ha vuelto algo habitual.

Al mismo tiempo, lo que nos infunde esperanza en la recuperación aquí es la manera en que el propio pueblo nepalí ha respondido a este desastre. Grupos ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil se han unido para atender a los heridos, crear cadenas de suministro para las zonas de difícil acceso y acoger a las personas desplazadas. Incluso antes del terremoto, los jóvenes nepalíes de las ciudades demostraban una conciencia social que debería ser la envidia de cualquier sociedad occidental, y esto está impulsando una oleada de iniciativas de ayuda. Los grupos juveniles han hecho de todo, desde rescatar supervivientes hasta limpiar templos derrumbados. La guerra civil también creó una larga tradición de autosuficiencia y gestión comunitaria en las zonas rurales, que ahora puede servir de base para el apoyo colectivo fuera de Katmandú.

De cara al futuro, el problema no será el dinero ni los suministros, sino la logística y la rendición de cuentas. Algunas de las zonas afectadas son extraordinariamente difíciles de alcanzar y se extienden por miles de millas, mientras que hay una clara escasez de equipos esenciales, como helicópteros. En Katmandú, el Gobierno y sus socios deben acordar rápidamente reglas y procedimientos para distribuir con celeridad la ayuda allí donde más se necesita. Los nepalíes ya exigen saber cómo se están gastando los miles de millones que llegan en forma de ayuda, y solo es posible generar confianza entre la ciudadanía mediante mecanismos claros y transparentes para el uso de los fondos y la titularidad local del proceso.

Junto con nuestros socios de Local Interventions Group, Accountability Lab está ayudando a establecer canales de retroalimentación con la ciudadanía mediante el mapeo de las quejas que llegan a la línea telefónica de emergencia del Gobierno para el terremoto y el despliegue de puestos móviles de asistencia ciudadana para garantizar que las personas afectadas tengan la información y el acceso a la ayuda que necesitan para recuperarse. En la última semana hemos hecho de todo, desde ayudar a los heridos a registrarse en hospitales hasta conectar a familias desplazadas mediante anuncios en la radio pública.

A pesar de los desafíos, Nepal cuenta con un enorme capital social, la participación de su diáspora, la solidaridad internacional y acceso a recursos regionales. Es hora de que todos aprovechemos estos recursos y nos aseguremos de que la respuesta al terremoto sea oportuna, justa y sujeta a rendición de cuentas. Esto es lo mínimo que merece el pueblo de Nepal.

Este artículo se publica en colaboración con The Aspen Institute. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autores: Blair Glencorse y Narayan Adhikari son blogueros invitados de The Aspen Institute.

Imagen: Un monje pasa junto al monasterio y los santuarios derrumbados de la estupa de Swoyambhunath, sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, tras el terremoto del sábado en Katmandú, Nepal, el 28 de abril de 2015. REUTERS/Navesh Chitrakar.

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