El aumento de la esperanza de vida, la urbanización y los estilos de vida poco saludables están contribuyendo a un enorme incremento de las enfermedades no transmisibles (ENT) en el Sudeste Asiático. Según la Organización Mundial de la Salud, el 55 % de todas las muertes de la región se debe a las ENT: casi 8 millones de personas cada año. Más preocupante aún es que un tercio de quienes mueren como consecuencia de las ENT tiene menos de 60 años. Esta mortalidad prematura provoca enormes pérdidas sociales y económicas.
El aumento de las ENT también ha generado una «doble carga de enfermedad» para estos países: deben transformar unos sistemas de salud concebidos para combatir las enfermedades infecciosas y prestar atención aguda en sistemas capaces de gestionar la epidemia silenciosa de enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiopatías, las enfermedades respiratorias y el cáncer. ¿Qué implicaciones normativas y operativas tiene abordar esta doble carga?
Destacan cuatro aspectos importantes. El primero es la integración de los sistemas de salud. Muchos programas contra las enfermedades infecciosas se desarrollaron en los llamados formatos «verticales», con compartimentos separados para enfermedades como el VIH/sida, la tuberculosis y la malaria. Ahora es preciso integrarlos para prestar atención a través de distintas enfermedades y más allá de afecciones específicas, centrándose en el paciente y no solo en la enfermedad. Un ejemplo es el VIH: la necesidad de un tratamiento antirretroviral a largo plazo ha impulsado la mejora de las cadenas de suministro para reducir al mínimo el desabastecimiento en los países de menores ingresos. Del mismo modo, los tratamientos para las enfermedades crónicas requieren cadenas de suministro bien gestionadas.
La investigación es otra área fundamental. Por ejemplo, se sabe muy poco sobre cómo interactúa el VIH con las enfermedades cardiovasculares o qué ocurre con los pacientes con tuberculosis si desarrollan diabetes.
La educación es el tercer elemento, y esto significa educar no solo al personal sanitario (aunque debe contar con las herramientas necesarias para diagnosticar y tratar las ENT), sino también a las comunidades y a los jóvenes. Los factores de riesgo de las ENT suelen aparecer durante la adolescencia y la primera etapa de la edad adulta. Estas conductas de riesgo están aumentando entre los jóvenes asiáticos, lo que los expone a una peor salud en la edad adulta que la de los adultos actuales.
Las encuestas realizadas por la OMS revelan estadísticas muy preocupantes
Más de un tercio de los chicos indonesios de entre 13 y 15 años ha fumado o consumido productos de tabaco durante el último mes
En Filipinas, Tailandia y Vietnam, más de una quinta parte de los chicos ha consumido alcohol
Una cuarta parte de los chicos de Malasia y Tailandia tiene obesidad o sobrepeso. En gran parte del Sudeste Asiático, los alumnos de secundaria presentan niveles alarmantes de inactividad física
Las tendencias de los cuatro factores de riesgo principales —el tabaco, el alcohol, la inactividad y la mala alimentación— van en aumento. Estas estadísticas deberían preocupar a los responsables de formular políticas. Los malos hábitos adquiridos ahora contribuirán a una epidemia de ENT cuando estos jóvenes lleguen a la mediana edad. Se prevé que para 2050 la población mayor de 45 años se duplique en el Sudeste Asiático con respecto a su tamaño actual.
El cuarto elemento es una buena política. Los planes de estudio escolares deben incluir educación sobre estilos de vida saludables. Los alumnos de secundaria son activos por naturaleza, pero necesitan acceso a parques, espacios verdes y zonas de juego. Debe impedirse que los jóvenes accedan al alcohol y a los productos de tabaco; lo ideal sería gravar estos productos hasta que resulten inasequibles para los escolares. Debe restringirse la promoción de productos con alto contenido de grasas y azúcar dirigida a los jóvenes.
¿Qué puede hacer aquí la industria farmacéutica? Evidentemente, no estamos en las escuelas ni en las zonas de juego. Pero podemos contribuir a formar al personal sanitario sobre el diagnóstico y el tratamiento de las ENT, y sobre el hecho de que algunos factores de riesgo son, en efecto, hereditarios: por ejemplo, es probable que los padres con obesidad tengan hijos con obesidad. Hablar con pacientes de 40 años con diabetes o enfermedades respiratorias es una oportunidad para que un médico o enfermero los eduque y, a ser posible, los anime a conversar con sus propios hijos sobre la importancia de llevar un estilo de vida saludable. También podemos ayudar a transformar los sistemas de salud: mi propia empresa, Novartis, está haciendo mucho para mejorar las cadenas de suministro en los países de menores ingresos y colabora con organizaciones locales para ofrecer formación sobre el diagnóstico y el tratamiento de las ENT.
El futuro de los jóvenes del Sudeste Asiático está en juego. Tomar decisiones acertadas ahora marcará una diferencia significativa en la futura carga de ENT para los sistemas de salud y las economías del Sudeste Asiático.

