El año pasado fue una gran llamada de atención para la economía mundial. Dado que las catástrofes naturales causaron pérdidas económicas de aproximadamente 366.000 millones de dólares estadounidenses, la cifra más alta registrada, me queda esta pregunta: ¿Se ha despertado alguien ya?
Cuando repaso los titulares empresariales de los últimos seis meses, todo gira en torno a la crisis del euro, el empleo en Estados Unidos y el aterrizaje suave de China. No puedo evitar preocuparme de que una de las grandes historias de nuestro tiempo esté pasando inadvertida: los efectos de los desastres naturales en la economía mundial. La resiliencia ante sucesos de gran impacto y baja probabilidad se está convirtiendo en el factor que sustenta la competitividad económica en la economía mundial.
Nock-ten, Haitang, Nalgae, Washi: son nombres que Asia no olvidará pronto. Estas tormentas tropicales del año pasado causaron la pérdida de miles de vidas y medios de subsistencia. En Camboya, más de 250.000 edificios, 3.000 kilómetros de carreteras y 400.000 hectáreas de tierras agrícolas sufrieron daños o quedaron destruidos. De Filipinas a Vietnam y de Laos a Myanmar, la naturaleza causó estragos similares. Se estima que las pérdidas económicas causadas por las marejadas ciclónicas y las inundaciones solo en Tailandia ascienden a 45.700 millones de dólares estadounidenses, lo que sitúa las inundaciones de 2011 entre los cinco desastres naturales más costosos de la historia moderna.
¿Qué lecciones económicas pueden extraer las empresas y los gobiernos? Aunque ningún efecto de estas catástrofes es más trágico que el sufrimiento de las personas afectadas, la compleja interconexión de la economía mundial implica que estos desastres no pueden entenderse únicamente como crisis humanitarias. Así lo demostró la combinación del terremoto, el tsunami y el desastre nuclear ocurridos en Japón el año pasado. El informe Global Risks 2012 examina cómo las repercusiones de esta crisis se extendieron por todo el mundo de formas inesperadas y arroja luz sobre las estructuras de liderazgo mejor preparadas para hacer frente a los desastres.
Gran parte del crecimiento económico de la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) durante las dos últimas décadas se ha debido a la proliferación de redes de producción que emplean fabricantes nacionales y multinacionales como líneas de montaje de bajo coste, de manera muy similar a la generación anterior de los Tigres Asiáticos. Los países de la ASEAN han logrado hacerse con una porción considerable de la economía mundial y establecerse como centros globales de cadenas de suministro mediante la especialización y las economías de escala.
Las operaciones más ágiles, rápidas y concentradas «justo a tiempo» han sido fundamentales en las estrategias empresariales para crear y mantener esta ventaja competitiva. Sin embargo, como se debatirá en las sesiones de Responding to a Region @Risk del próximo World Economic Forum on East Asia, quizá haya llegado el momento de considerar una vía más sostenible ante la creciente vulnerabilidad frente a las catástrofes naturales.
La competitividad debe ir más allá de la productividad y la rentabilidad e incluir una evaluación de la capacidad de una empresa para mantener la continuidad de sus operaciones ante perturbaciones catastróficas.
David Gleicher es investigador de la Risk Response Network del World Economic Forum.
Imagen: Aviones de pasajeros permanecen en aguas de inundación en el aeropuerto Don Muang de Bangkok REUTERS/Damir Sagolj


