Por qué las mujeres de Ruanda están aprendiendo a pescar

A woman walks past a Rwanda flag at a polling station on the eve of a referendum as Rwandans will vote to amend its Constitution to allow President Paul Kagame to seek a third term in capital Kigali, December 17, 2015, REUTERS/James Akena - GF10000269406
Women in Rwanda are turning to fishing as a source of income.Image: REUTERS/James Akena
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Hace unos años, en Ruanda, las palabras «mujeres» y «pesca» no se habrían usado juntas en una misma frase. Desde hace mucho tiempo se cree en Ruanda que la pesca no es para las mujeres: es un oficio de hombres. En general, las mujeres también han aceptado esta idea, pero unas cuantas mujeres valientes de Nkombo, una isla del lago Kivu, en el distrito de Rusizi, están decididas a demostrar que lo que puede hacer un hombre también puede hacerlo una mujer.

Una de estas mujeres es Valeria Maniraguha, madre de cuatro hijos de 38 años, que empezó a pescar en 2010. Antes de iniciar su carrera como pescadora, vendía pescado, una experiencia que aún le resulta útil los días en que participa en la venta de lo que captura.

Valeria nació en la isla de Nkombo y tuvo que dejar los estudios a una edad temprana para ayudar a su madre en la granja. Describe su primera experiencia de pesca como una divertida oportunidad de aprendizaje.

«Me animé a pescar porque veía que los pescadores ganaban más que yo. Un día decidí probar con la red», cuenta Valeria. «La gente me apoyaba. Me ayudaban a recoger los aparejos junto con los peces, pero a veces les pedía que no me ayudaran porque quería aprender a hacerlo sola».

Su marido, que trabaja como vigilante nocturno en la farmacia del distrito, apoya el interés de su esposa por la pesca.

«A mi marido no le molesta en absoluto. De hecho, él también fue pescador, así que, cuando le conté que había descubierto esta pasión, no le preocupó», continúa Valeria.

Adaptar las tradiciones de una manera nueva

Valeria sale a pescar a las dos de la madrugada con un equipo de diez mujeres. Cada integrante de la tripulación tiene una tarea: algunas sostienen las luces, otras lanzan las redes y las demás sacan los peces del agua y los suben a la barca.

Capturan sardinas pequeñas, conocidas localmente como Isambaza, y otros peces locales, como Ndugu e Isamake, que Valeria y su equipo guardan en una de sus barcas hasta que pueden venderlos. Valeria pertenece a una cooperativa local llamada «Dushakumurimo», integrada por comerciantes de pescado y pescadoras y pescadores del lago Kivu. Venden una palangana (unos 15 kilos) de Isambaza por 22 500 RWF, o aproximadamente 26 USD.

«Podemos capturar entre 15 y 150 kg de pescado en tres horas, según la especie», informa Valeria. «Pero en nuestras barcas de remo, tardamos cuarenta minutos en transportar el pescado desde el agua hasta la orilla, en el distrito de Kamembe, en Rusizi».

La FAO entregó recientemente barcas motorizadas a Dushakumurimo y a otras tres cooperativas que operan en el distrito de Rusizi, para ayudarlas a trasladar con más eficiencia el pescado perecedero a los clientes que esperan en la orilla. Cada integrante de la cooperativa también recibió un chaleco salvavidas para ayudar a evitar ahogamientos cuando están en el agua.

«Las barcas nos permitirán entregar el pescado más rápido, aumentar nuestra clientela y nuestros ingresos», explica Valeria.

En 2015, la FAO puso en marcha un programa de Empleo Juvenil y Femenino para ampliar el acceso a oportunidades de empleo de calidad mediante el desarrollo de las competencias de jóvenes y mujeres y la creación de cadenas de valor que funcionen bien. Históricamente, las mujeres y los jóvenes de Ruanda han estado subempleados y han sufrido malas condiciones laborales. En este contexto, Valeria es una pionera del cambio en su comunidad.

Mejorar la seguridad, el saneamiento y el almacenamiento

Al preguntarle por los desafíos de la pesca, Valeria admite que puede ser arriesgada, sobre todo cuando hay lluvias intensas y vientos fuertes.

Image: FAO

«En abril de 2009 perdí a una compañera pescadora. Se ahogó cuando su barca volcó a causa de los fuertes vientos. Era buena pescando», recuerda Valeria. «Si hubiéramos tenido chalecos salvavidas, quizá seguiría viva. Es bueno que ahora tengamos los chalecos».

La FAO impartió a Valeria y a otros trabajadores locales del sector pesquero formación sobre diversas pautas de seguridad. La formación se centró en el saneamiento de los aparejos de pesca; los procedimientos de higiene y seguridad para pescadores y pescadoras; la manipulación, el almacenamiento y el procesamiento del pescado que capturan y venden; y las normas de inocuidad alimentaria. Por ejemplo, aprendieron a secar el pescado con humo para prolongar su conservación y preservar su sabor.

«Nuestras prácticas de higiene no eran buenas. Solíamos llevar ropa de pesca sucia y usar palanganas viejas para vender el pescado. Desde entonces hemos aprendido a lavar bien las redes de pesca y a almacenar el pescado para que sea más seguro para todos», dice Valeria.

«Vendíamos pescado fresco, que se echaba a perder si no se vendía el mismo día de la captura. Si no conseguíamos venderlo antes de que se estropeara, perdíamos dinero. Pero el pescado ahumado dura más y alcanza un precio relativamente más alto que el pescado fresco», afirma Enock Nshimiyimana, un pescador local que ha puesto en práctica la formación de la FAO.

Además de la formación sobre saneamiento y seguridad en el sector pesquero que Valeria y otras personas de su comunidad ya han recibido, tienen previsto recibir más instrucción sobre la producción de alevines, su manipulación adecuada y la gestión de criaderos. También están en marcha los planes para construir un centro de procesamiento para las cooperativas pesqueras de Rusizi, otra señal de que la pesca es un sector en crecimiento en Ruanda.

Ayudar a mantener a su familia

Valeria cuenta que ahora puede contribuir al sustento de su familia con ingresos adicionales. Los ingresos de su marido pagan las matrículas escolares de los hijos, mientras que los ingresos de Valeria por la pesca ayudan a la familia a comprar una mayor variedad de alimentos.

Hoy en día, Valeria alimenta orgullosa a su familia con una dieta equilibrada de arroz, harina, frijoles y verduras de su huerto y, por supuesto, pescado.

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