Cómo prevenir el próximo brote de ébola

Cómo prevenir el próximo brote de ébola
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La epidemia de ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona sigue propagándose pese a los esfuerzos nacionales e internacionales por detenerla de raíz y garantizar que no vuelva a aparecer. Al 1 de octubre,3.338 personas habían muerto y 7.178 habían sido infectadas. Más personas han perdido la vida en este último brote de ébola que en todos los brotes anteriores del virus en el continente juntos.

Además del elevado número de fallecidos y de la constante aparición de nuevas infecciones, los tres países más afectados también sufren elevados costes económicos derivados de las restricciones al comercio y a los viajes, la escasez de alimentos y otras repercusiones. Mientras los trabajadores sanitarios, las agencias internacionales de salud y las organizaciones benéficas trabajan intensamente para contener el brote, también debemos pensar en el futuro para evitar epidemias similares.

¿Cuál podría ser el primer paso? Comprender mejor los orígenes animales del ébola y de otras enfermedades infecciosas para que podamos evitar que vuelva a producirse una epidemia como esta.

El ébola es una enfermedad zoonótica, lo que significa que se transmite de animales a humanos. En brotes anteriores, esto ha ocurrido durante la manipulación de fauna silvestre: murciélagos, gorilas, chimpancés, monos e incluso puercoespines. La hipótesis predominante para este brote es que procede de murciélagos, aunque al principio la atención se centró en primates objeto de tráfico a través de ciudades capitales.

Independientemente de la vía exacta de transmisión, está claro que debemos examinar la relación humana con la fauna silvestre para garantizar la protección frente a este y otros futuros riesgos de enfermedades.

Por un lado, los seres humanos abrazamos nuestra relación con la naturaleza, abogando por una mayor protección de los espacios naturales y las especies. Por otro, la explotamos, en ocasiones de forma descuidada e insostenible. A medida que crecen las poblaciones humanas, se abren nuevos frentes de deforestación y degradación y el clima cambia, propiciamos nuevas interacciones con la fauna silvestre cerca de centros de población (humana) densos en climas cálidos y húmedos, ya propicios para la transmisión de enfermedades.

Peor aún, los brotes no se limitan únicamente a las zonas geográficas cercanas a los focos de fauna silvestre. Los viajes y el comercio internacionales implican que estas enfermedades pueden exportarse con la misma facilidad que cualquier mercancía en un contenedor. En muchos casos existen medidas para protegerse frente a ello, como la regulación de lo que puede transportarse al extranjero, junto con los controles en aeropuertos y astilleros.

Sin embargo, hay mucho que escapa a estas precauciones, y ninguna de ellas representa quizá una amenaza más grave que el tráfico de fauna silvestre.

A nivel mundial, el mercado ilegal de comercio de fauna silvestre representa entre 10.000 y 20.000 millones de dólares anuales, e incluye tanto especies vivas como muertas. En África Central, la estimación del mercado de carne de animales silvestres supera los mil millones de kilogramos al año. Como la fauna silvestre se comercia entre cazadores, intermediarios y consumidores, existen, literalmente, miles de millones de oportunidades de transmisión de enfermedades entre la fauna silvestre, los humanos y los animales domésticos cada año.

A nivel global, el tráfico de fauna silvestre lo perpetran redes criminales organizadas que transportan ilícitamente fauna silvestre y productos animales de un país a otro. Durante su transporte, a menudo a través de ciudades densamente pobladas y muy transitadas, se producen innumerables oportunidades de transmisión de enfermedades. Además de los riesgos sanitarios, el tráfico de fauna silvestre también puede amenazar al ganado, a los medios de vida rurales, a las poblaciones de fauna silvestre autóctona y a la salud de los ecosistemas, poniendo aún más en peligro a las comunidades más próximas a la interfaz entre humanos y animales.

El Banco Mundial destina 60 millones de dólares anuales a combatir los delitos contra la vida silvestre, que incluye proyectos para abordar la tala ilegal, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), la caza furtiva de elefantes y otros. Mediante nuestra experiencia en gestión de recursos naturales, economía, facilitación del comercio, lucha contra el blanqueo de capitales, asuntos jurídicos, judiciales y de gobernanza, podemos desempeñar un papel significativo en la lucha contra los delitos contra la vida silvestre. También hemos publicado una hoja de ruta para promover y lograr el cumplimiento normativo con el fin de mitigar los riesgos derivados de esfuerzos de aplicación de la ley mal concebidos o mal orientados y, por separado, participamos en el International Consortium on Combatting Wildlife Crime (ICCWC), con UNODC, Interpol, la Secretaría de la CITES y la OMA. Mediante estos esfuerzos creemos que podemos comprender mejor y superar los problemas que rodean a los delitos contra la vida silvestre, que pueden tener efectos en cadena en la comunidad mundial.

Aunque la crisis del ébola sigue en curso, nos está ayudando a comprender mejor nuestras deficiencias en materia de salud pública y gestión ambiental, y la absoluta necesidad de vincular mejor ambas. El tráfico de fauna silvestre es solo uno de los problemas que vinculan la sostenibilidad ambiental con la salud y el bienestar humanos. Si queremos abordar colectivamente estos asuntos en el futuro, debemos aprovechar ahora la oportunidad de dar mayor visibilidad a estos debates para que puedan incorporarse a la práctica general y a las acciones futuras.

Publicado en colaboración con The World Bank Blog.

Autores: Timothy Bouley es especialista en salud mundial y medio ambiente del Banco Mundial. Sara T. Thompson es especialista en delitos contra la vida silvestre del Banco Mundial.

Imagen: Orangutanes en una jaula en un centro de protección de fauna silvestre en la provincia de Ratchaburi, a unos 125 km (78 millas) al oeste de Bangkok, el 15 de abril de 2006. REUTERS/Sukree Sukplang

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