Hay un pulso entre China e India en el Himalaya. Ambas partes explican

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Las fuerzas indias y chinas están enfrascadas en un pulso en las alturas del Himalaya, donde confluyen las fronteras de India, China y Bután. En los últimos años, los observadores se han acostumbrado a que este tipo de disputas se resuelvan pacíficamente, mediante una solución que permita a ambas partes salvar las apariencias. Pero, con el paso del tiempo, crece la preocupación de que este incidente pueda marcar el comienzo de una tendencia descendente a largo plazo en las relaciones entre China e India.

Para ayudar a comprender los orígenes, la importancia y la posible resolución del pulso de Doklam, pedimos al profesor Wang Dong, de la Universidad de Pekín, y al doctor Samir Saran, vicepresidente de la Observer Research Foundation de India, que expusieran sus perspectivas sobre estas cuestiones.

¿Cuál es el origen de esta disputa?

Wang Dong: El 16 de junio de 2017, la parte china estaba construyendo una carretera fronteriza en Dong Lang (o Doklam), cerca del punto de confluencia de las fronteras de China, Bután e India, pero en territorio chino.

El 18 de junio de 2017, tropas fronterizas indias, en un intento por interrumpir la construcción habitual de la carretera por parte de China, cruzaron ilegalmente la sección de Sikkim de la frontera, demarcada y reconocida mutuamente, y entraron en territorio chino, lo que desencadenó un pulso que hasta ahora no ha terminado. En el pasado, todos los pulsos fronterizos entre China e India tuvieron lugar en zonas disputadas. Esta vez, sin embargo, el pulso se produjo a lo largo de una frontera demarcada, establecida por la Convención de 1890 entre Gran Bretaña y China relativa a Sikkim y el Tíbet y aceptada por sucesivos gobiernos indios desde la independencia, en 1947. Dado que la meseta de Doklam está en el lado chino, tal como estipula con precisión la Convención, y que la zona de Doklam ha estado bajo la jurisdicción continua y efectiva de China, está clarísimo que el pulso de Doklam se debe a que tropas fronterizas indias entraron ilegalmente en territorio chino. La incursión ilegal de las tropas fronterizas indias en territorio chino no solo ha cambiado unilateralmente el statu quo de la frontera, sino que también ha socavado gravemente la paz y la estabilidad de la zona fronteriza entre China e India.

La afirmación de India de que Nueva Delhi actúa para ayudar a Bután a defender su territorio carece de fundamento jurídico. Nada en el Tratado de Amistad entre Bután e India justifica la intervención transfronteriza de India. La incursión de India en territorio chino con el pretexto de proteger los intereses de Bután no solo ha violado la soberanía de China, sino que también ha vulnerado la soberanía y la independencia de Bután. Cabe señalar que, en realidad, fueron la presión y las trabas de India las que impidieron que Bután concluyera un acuerdo fronterizo con China y, así, culminara las negociaciones para establecer relaciones diplomáticas entre ambos países. En definitiva, India no tiene derecho a obstaculizar las conversaciones fronterizas entre China y Bután, y mucho menos a formular reclamaciones territoriales en nombre de Bután. De hecho, la conducta de India sentará un muy mal precedente en las relaciones internacionales. ¿Sugiere la postura de Nueva Delhi que China también tiene derecho a intervenir en nombre de otro país que tenga una disputa territorial con India?

Además, India ha citado las «preocupaciones de seguridad» por la construcción de la carretera de China para justificar su incursión ilegal en territorio chino, una postura que contradice los principios básicos del derecho internacional y las normas que rigen las relaciones internacionales. Dado que, a lo largo de los años, India ha construido numerosas infraestructuras, incluidas fortificaciones y otras instalaciones militares, en la sección de Sikkim de la zona fronteriza —una cantidad que eclipsa con creces la escasa infraestructura que China ha construido en su lado de la frontera— y que esto supone una grave amenaza para la seguridad de China, ¿implica la postura de India que China también podría invocar «preocupaciones de seguridad» y enviar sus tropas fronterizas a territorio indio para bloquear el desarrollo de las infraestructuras de India?

Como dice Confucio: «No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti». Nueva Delhi debería atender a la sabiduría del sabio.

Samir Saran: La disputa se desencadenó por las actividades de construcción de China en la meseta de Doklam, situada en el punto de confluencia de las fronteras de Bután, India y China. India y Bután reconocen que Doklam es un punto de confluencia y, por tanto, los puntos fronterizos de los tres países que la rodean deberían acordarse mediante consultas. De hecho, en 2012, el diálogo entre representantes especiales de India y China acordó precisamente hacer eso. La actividad militar de China busca cambiar la realidad sobre el terreno, lo que vuelve irrelevante cualquier negociación diplomática o política sobre la frontera. China puede afirmar unilateralmente dónde se encuentra en realidad el punto de confluencia, pero en una época en que los mapas se trazan, examinan y cuestionan en las redes sociales, le corresponde a Pekín adoptar una postura de estadista ante esta disputa.

India trató de impedir que China continuara esas obras en la meseta de Doklam por dos motivos. En primer lugar, en consonancia con el Tratado de Amistad entre India y Bután, India coordinaba con Bután todos los asuntos de interés mutuo, incluidos los de seguridad. India es plenamente consciente de que es el principal proveedor de seguridad de Asia meridional y de que las actividades militares deben llevarse a cabo mediante consultas mutuas, por pequeño o grande que sea el país vecino. Ojalá los dirigentes de Pekín también adoptaran este principio. Al pedir a China que desistiera de actuar unilateralmente en Doklam, India buscaba asegurar a su vecino más pequeño que no permitiría que Pekín cambiara unilateralmente la situación fronteriza en perjuicio de Bután. En segundo lugar, a India le preocupan las implicaciones militares de las actividades de China en materia de infraestructura en la región, cerca del estrecho corredor de Siliguri, que conecta la India continental con sus estados del noreste. Al intervenir, India deja claro que actuará con firmeza para proteger no solo sus reivindicaciones territoriales, sino también su soberanía y sus intereses de seguridad nacional.

Desde una perspectiva más estratégica, esta disputa quizá presagie una línea de fractura en el Himalaya que se agudizará a medida que crezca la economía de India y China siga buscando mayor influencia política y normativa en el subcontinente. China debe asimilar que un mundo multipolar también dará lugar necesariamente a una Asia multipolar, y que podría cuestionarse su intento de convertirse en el único factor determinante de los resultados políticos de la región.

¿Qué cuestiones influyen en las percepciones sobre el significado más amplio de este pulso?

Samir Saran: No cabe duda de que la disputa fronteriza es producto de una rivalidad más amplia entre China e India, dos países capaces de orientar decisivamente el futuro de Asia. Nueva Delhi desconfía de la ambición de China de afianzar su influencia en la región mediante proyectos de infraestructura y conectividad, para convertirse en la única potencia continental. Las relaciones entre India y China ya se han deteriorado a raíz del Corredor Económico China-Pakistán —que atraviesa la Cachemira ocupada por Pakistán y disputada—, considerado por India una afrenta clara a su soberanía.

Una Asia unipolar no favorece los intereses de India. Por ello, India está decidida a ser un socio fiable para sus interlocutores de Asia meridional y de otras regiones. Nueva Delhi entiende que debe aprovechar el rápido crecimiento de su economía y sus capacidades militares para ofrecer acuerdos comerciales y de seguridad a otros países del continente. Al acudir en ayuda de Bután en esta frontera, Nueva Delhi deja claro que la disputa no se resolverá sin tener en cuenta los intereses de Bután. El mensaje implícito de la última edición de los ejercicios navales Malabar, en la que participan Estados Unidos y Japón (y posiblemente Australia en el futuro), fue una señal para China de que no se tolerará la militarización unilateral, como la que China llevó a cabo en el mar de China Meridional.

India entiende la importancia de poder resolver pacíficamente las disputas bilaterales con China. Somos los dos países más grandes de Asia —con fronteras terrestres y marítimas que se extienden en todas direcciones— y la forma en que ambos gestionen sus diferencias determinará la estabilidad de la región. Nueva Delhi ha respetado sistemáticamente un orden internacional basado en normas, a menudo incluso en contra de sus propios intereses. En 2014, por ejemplo, India aceptó un laudo arbitral desfavorable en una disputa con Bangladés en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). En cambio, China ha pasado por encima de sus vecinos en el mar de China Meridional, hasta el punto de amenazarlos con la guerra. Al destacar la necesidad de resolver pacíficamente la actual disputa fronteriza, India le dice a China: «Mira, tenemos un problema. Por nuestro bien y por el de la región, debemos adoptar una actitud madura y sensata para resolverlo».

Wang Dong: Las causas profundas del pulso en Doklam son múltiples. En primer lugar, desde que Narendra Modi asumió el cargo de primer ministro de India, en mayo de 2014, India se ha alejado gradualmente de su tradicional política de no alineamiento y se ha acercado a Estados Unidos y sus aliados, como Japón y Australia. Muchos funcionarios y analistas indios creen que Pekín ha tomado partido por Pakistán en el conflicto entre India y Pakistán, que sigue en curso. También consideran que China es un obstáculo para los esfuerzos de India por ingresar en el Grupo de Suministradores Nucleares (NSG). En segundo lugar, la percepción errónea de India también podría deberse a que siempre ha sido muy sensible, e incluso a veces paranoica, ante los proyectos de infraestructura que China emprende en las regiones fronterizas, mientras que no ha tenido en cuenta el desarrollo de sus propias infraestructuras militares, mucho más intenso, a lo largo de la zona fronteriza.

Aunque el «Corredor Económico China-Pakistán» se ha convertido en el proyecto emblemático de la muy promocionada «Iniciativa de la Franja y la Ruta» de China, India lo considera parte de la estrategia de la «Nueva Cadena de Perlas» para cercar a India. En tercer lugar, el creciente nacionalismo indio de los últimos años, exacerbado por una percepción cada vez mayor de la amenaza que representa China, podría haber desorientado las deliberaciones políticas del país. Tras el inicio del pulso en Doklam, un alto mando militar indio afirmó que «India ya no es la India de 1962», lo que indica que India aún no ha salido por completo de la sombra psicológica de víctima del conflicto fronterizo entre China e India de 1962. Los dirigentes indios deberían resistir la tentación de avivar el nacionalismo interno y evitar decisiones equivocadas que tendrían un grave impacto negativo tanto en el bloqueo de Doklam como en el futuro de las relaciones entre China e India.

Pese a las reiteradas exhortaciones y advertencias de la parte china, hasta ahora India se ha negado a retirar por completo sus tropas fronterizas. Si sigue negándose, es probable que se llegue al peor escenario posible: el estallido de un conflicto armado entre ambos países. Sin embargo, esto supondría un duro golpe para los logros diplomáticos alcanzados por ambos países en los últimos 30 años.

Además, India también tendrá que pagar un alto precio por su error diplomático. Desde que el Partido Bharatiya Janata llegó al poder en 2014, el nacionalismo hindú dentro del país ha ido en aumento. Si Nueva Delhi no logra imponerse en caso de estallar un conflicto militar, es probable que se intensifiquen las tensiones étnicas y religiosas en India, lo que provocaría agitación interna y pondría en peligro la posición política del BJP. También podrían retrasarse las enormes inversiones necesarias para desarrollar las infraestructuras internas de India y, en última instancia, el país podría perder la oportunidad de desarrollarse económicamente. Por otra parte, aunque China se impusiera en un conflicto militar, su relación con India se resentiría. Es probable que el conflicto también genere una enemistad duradera entre Nueva Delhi y Pekín, los encierre en una rivalidad geoestratégica prolongada y cause graves daños a pilares importantes de un mundo multipolar, como la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), los BRICS y el Grupo de los Veinte (G20). Por lo tanto, es necesario que China e India, los dos países en desarrollo más importantes del mundo, resuelvan pacíficamente el pulso de Doklam, eviten que sus relaciones bilaterales entren en una espiral descendente y mantengan la paz y la estabilidad regionales.

¿Qué posibilidades hay de que la situación se descontrole?

Samir Saran: India reconoce la importancia de una solución diplomática, pero también teme que se la perciba como indecisa o incapaz de hacer frente a la agresión china. Sabe que el coste reputacional de ceder ante Pekín (o de que se la vea ceder) sería tan perjudicial como cualquier pérdida territorial. La retórica de Nueva Delhi ha sido contundente. También hay informes que indican que el ejército indio ha reforzado sus posiciones en las zonas que rodean el área disputada.

El Gobierno indio ha mostrado claramente más moderación ante la disputa que Pekín. Por eso, es poco probable que India busque intensificar el conflicto. Por otro lado, también es poco probable que Nueva Delhi se retire unilateralmente y, con ese fin, quizá esté dispuesta a seguir plantando cara a China si las tensiones se agravan.

Wang Dong: En este momento, la naturaleza del pulso de Doklam está totalmente clara: se debe a la incursión ilegal de tropas fronterizas indias en territorio chino para obstaculizar la construcción habitual de la carretera por parte de China. Por tanto, la prioridad máxima es que India retire sus tropas a su propio lado de la frontera. Aunque China está dispuesta a resolver pacíficamente el pulso de Doklam y hasta ahora ha actuado con la máxima contención, el Gobierno chino ha dejado claro que está decidido a defender con firmeza la soberanía de China «a cualquier precio» si India se niega a retirar sus tropas y, con ello, a resolver pacíficamente el pulso.

Cabe destacar que China no desea que el pulso de Doklam se descontrole y se esforzará por resolverlo pacíficamente. Sin embargo, la causa fundamental del pulso es que India cruzó ilegalmente la frontera y entró en territorio chino, por lo que la iniciativa para resolver el bloqueo está en manos de India.

¿Cómo pueden las partes rebajar la tensión?

Samir Saran: Ni India ni China pueden permitirse ignorar las implicaciones geopolíticas de sus actos. Para resolver el conflicto, hay que rebajar la tensión en Doklam mediante la retirada mutua de las tropas, seguida de una conversación bilateral al más alto nivel. En julio ya tuvo lugar una reunión de asesores de seguridad nacional de los países BRICS, que quizá haya abierto la puerta al diálogo, pero la importancia del asunto exige abordarlo al nivel de los dirigentes. Probablemente sea un buen momento para reactivar el proceso de diálogo entre representantes especiales sobre la delimitación de la frontera. Ambas partes tendrán que moderar su retórica y, lo que es más importante, ofrecer concesiones que les permitan salvar las apariencias, a fin de calmar el sentir interno y la ansiedad estratégica más amplia. Este pulso también recuerda que ambos países deben crear nuevos grupos de apoyo, en la industria, los grupos de reflexión, el ámbito académico y la sociedad civil en general, que aboguen por unas relaciones bilaterales más estrechas.

Wang Dong: China e India se beneficiarán de la cooperación y saldrán perjudicadas por la confrontación. China mantiene una postura clara y constante ante el pulso de Doklam: la condición previa y la base de cualquier diálogo entre las dos partes es que India retire primero sus tropas fronterizas. En las últimas semanas, India parece haber mostrado su disposición a resolver el bloqueo mediante la diplomacia y las negociaciones. El asesor de Seguridad Nacional de India, Ajit Doval, acaba de asistir en Pekín a la reunión de asesores de seguridad nacional de los BRICS y se ha reunido tanto con el presidente Xi Jinping como con el consejero de Estado Yang Jiechi.

Cuanto más dure el pulso, más perjudicará las relaciones bilaterales entre los dos países. Ahora le toca actuar a India. Nueva Delhi debería tomar medidas responsables para corregir sus acciones y reducir las tensiones. Si India retira al personal que cruzó ilegalmente la frontera y entró en territorio chino, se crearán las condiciones para que ambas partes encuentren una solución diplomática al pulso. Además de las negociaciones entre gobiernos, la diplomacia pública, incluidos los diálogos entre grupos de reflexión, también podría ayudar a romper el bloqueo de represalias y enviar señales mutuas para reducir aún más las tensiones y resolver la disputa. En cierto sentido, el pulso es un síntoma del dilema de seguridad cada vez más profundo entre China e India en los últimos años. A largo plazo, ambas partes deben ejercer voluntad y sabiduría políticas para interpretar correctamente las intenciones estratégicas de la otra, revertir el agravamiento del dilema de seguridad y encauzar las relaciones entre China e India hacia una trayectoria de suma positiva que contribuya enormemente a un mundo multipolar estable y próspero.

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