Imaginemos un país donde una quinta parte de la población vive en la pobreza. La gente tiene que elegir entre comer o calentar sus hogares, y los niños van a la escuela con hambre. La falta de vivienda va en aumento. Además, los servicios básicos están en crisis y muchas personas apenas consiguen salir adelante.
Esta es la contundente denuncia formulada por un funcionario de la ONU, no sobre una economía en desarrollo ni una nación asolada por la guerra, sino sobre el Reino Unido, la quinta economía más grande del mundo.
El Relator Especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, Philip Alston, afirma que las políticas de austeridad del Gobierno británico aplicadas desde la crisis financiera de 2008 han creado «una mentalidad dura e indiferente» que ha eliminado la red de protección social y está agravando la pobreza.
Su informe, que el Gobierno calificó de «difícil de creer», se publicó después de que visitara el Reino Unido a finales de 2018 y hablara con muchas personas británicas para evaluar la situación del país.
Grietas en el sistema
El informe señala que una reforma fundamental del sistema de prestaciones y los recortes generalizados han aumentado la presión sobre servicios ya saturados y con financiación insuficiente, como la policía y la atención médica. El enfoque «punitivo, mezquino y a menudo cruel» del Gobierno para apoyar a las personas más necesitadas de la sociedad ha agravado aún más las desigualdades.
Para subrayar los problemas, el informe señala:
Aumentos significativos de la falta de vivienda y de las personas que duermen a la intemperie desde 2010. La organización benéfica Shelter estima que en Gran Bretaña hay 320.000 personas que actualmente carecen de hogar; una investigación de otra organización benéfica, Crisis, calcula que 24.000 personas duermen a la intemperie, más del doble de la cifra estimada por el Gobierno
El déficit en la construcción de viviendas sociales: en 2017 había 1,2 millones de personas en lista de espera para obtener una vivienda social, pero se construyeron menos de 6.000 viviendas
Más de una décima parte de la población sufre pobreza energética
Uso generalizado de los bancos de alimentos: hoy hay más de 2.000 en el Reino Unido, frente a solo 29 en el punto álgido de la crisis financiera.
Un informe de la Joseph Rowntree Foundation, organización dedicada a la movilidad social, concluyó que el Reino Unido gasta alrededor de 78 millones de libras para combatir la pobreza al año; de cada 5 libras gastadas en servicios públicos, 1 se destina a aliviar el impacto de la pobreza en la vida de las personas.
El informe de la ONU acusa al Gobierno de no reconocer la gravedad de la difícil situación causada por la pobreza en el Reino Unido y afirma que este no la supervisa de manera exhaustiva.
En respuesta, el Gobierno citó datos de la propia ONU según los cuales el Reino Unido ocupa el puesto 15 en la lista de los lugares más felices del mundo para vivir.
«Esta documentación sobre Gran Bretaña es difícil de creer y se basa en un periodo muy breve de estancia aquí. Presenta una imagen completamente inexacta de nuestro enfoque para combatir la pobreza», declaró un portavoz.
«Todas las pruebas demuestran que trabajar a tiempo completo es la mejor manera de aumentar los ingresos y mejorar la calidad de vida», añadió.
Los ministros criticaron el informe por estar poco documentado.
Es solo la segunda vez que un enviado para la pobreza visita Europa occidental desde 2000; la otra visita fue a Irlanda. En ese periodo, se ha visitado Estados Unidos en dos ocasiones.
El informe sí destacó algunos avances positivos en el Reino Unido, entre ellos el papel del salario mínimo en la reducción de los salarios bajos y los cambios en el sistema de prestaciones, que sacarán a 200.000 personas de la pobreza.
Dividido y desigual
El aumento de las desigualdades sociales en el Reino Unido y las dificultades para lograr un crecimiento inclusivo quedaron reflejados en el Índice de Desarrollo Inclusivo 2018, publicado por el Foro Económico Mundial, que situó al país por detrás de muchos de sus pares.
El país ocupó el puesto 21 en la clasificación general y quedó cerca de los últimos lugares en muchos indicadores clave, como la esperanza de vida saludable y la desigualdad de ingresos.





