La gran brecha

La gran brecha
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Por mucho que una sociedad se esfuerce por asignar eficientemente los recursos escasos, siempre hay un segmento que no recibe una porción suficiente. En la mayor parte de Asia, por ejemplo, se percibe el creciente bienestar de los consumidores al pasear por los concurridos centros comerciales y zonas de restaurantes, pero la realidad golpea cuando se ven mendigos o barrios de chabolas.

En Asia Oriental y la región del Pacífico, el 14.3% de la población vive con U$1.25 al día, el umbral de la pobreza extrema. La tasa de pobreza en mi país, Filipinas, supera el promedio y alcanza el 18.4%, mientras que en China, que ha atravesado un prolongado período de alto crecimiento (aunque ahora aterriza lentamente), es del 13.1%. Tenemos incluso más suerte que nuestros vecinos del sur de Asia, India y Bangladesh, cuyas tasas son del 32.7% y el 43.3%, respectivamente; y más aún si nos comparamos con Nigeria (68%), Madagascar (81.3%) o Liberia (83.8%), donde vivir con U$1.25 al día o menos es la norma y no la excepción.

Porcentaje de personas que viven con $1.25 al día o menos (fuente: Banco Mundial)

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Sin embargo, no es un flagelo exclusivo del mundo en desarrollo. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que el ingreso promedio del 10% más rico de la población de la OCDE es aproximadamente nueve veces el del 10% más pobre, y que la disparidad se ha ampliado en las últimas dos décadas. Así, también hay mendigos en ciudades occidentales como Nueva York o París.

Como refleja la encuesta del World Economic Forum Global Agenda Councils, el problema de las disparidades mundiales de ingresos es la tendencia más subestimada, y el menor peso que recibió en la encuesta de este año, del 14% frente al 22.8%, probablemente solo pone de relieve hasta qué punto se subestima. Es una bomba de relojería, como la que envió a María Antonieta y Luis XVI a la guillotina durante la Revolución francesa. El aumento de las disparidades puede alimentar la agitación sociopolítica, las disputas territoriales y el extremismo, y frenar las perspectivas de crecimiento.

Pero, a medida que los países en desarrollo comprenden cada vez más que deben buscar un modelo de crecimiento inclusivo, esta cuestión plantea más preguntas que respuestas. ¿Es la plutocracia el orden natural de la humanidad? ¿Hay que culpar a la globalización? ¿Deberíamos vivir, en cambio, en la sociedad sin clases que imaginaban los socialistas? ¿En qué medida pueden los sistemas de prestaciones e impuestos, las redes de protección social, las tecnologías cambiantes, la responsabilidad social empresarial, la sociedad civil y el emprendimiento social cerrar la brecha?

Lo que está claro es que el multilateralismo y el regionalismo pueden desempeñar un papel clave. Además de ampliar la atención sanitaria, la educación, las infraestructuras, la financiación y las oportunidades de empleo dentro de cada territorio, los expertos afirman que replantear los sistemas de comercio e inversión transfronterizos, los flujos de capital humano y la ayuda oficial al desarrollo puede marcar la diferencia. Y, a la luz de lo que hemos visto en las recientes crisis mundiales, no podemos dejarlo todo en manos de las fuerzas del mercado.

Incluida entre las 20 mujeres más influyentes de Filipinas, Maria Doris Dumlao es reportera sénior de negocios en Philippines Daily Inquirer y miembro del Global Agenda Council on South-East Asia

Foto: Se ven barrios marginales junto a un río, con el perfil urbano de Makati, el distrito financiero de Manila, al fondo. Cheryl Ravelo / Reuters

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