La segunda visita de Angela Merkel, canciller alemana, a Londres en menos de un año es una clara señal del decidido esfuerzo que están realizando tanto el Reino Unido como Alemania para comprenderse mejor.
Ya era hora de que lo hicieran. A pesar de que, como miembros destacados de la Unión Europea, ambos países tienen numerosos asuntos en los que necesitan encontrar puntos en común, las relaciones llevan años plagadas de malentendidos mutuos. Más recientemente, David Cameron, primer ministro británico, hizo el ridículo al intentar bloquear el nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea; estaba convencido de contar con el respaldo de Berlín, pero descubrió que la señora Merkel estaba en el bando contrario.
A primera vista, no debería haber ningún problema. Los dos países no solo son socios en la UE, sino también aliados en la OTAN, y comparten un firme compromiso con la alianza transatlántica. Son firmes defensores del libre comercio, los mercados abiertos y la aplicación estricta de las normas de competencia leal. Ambos gobiernos tienen mucho interés en alcanzar pronto un acuerdo sobre el TTIP —la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión que están negociando actualmente la UE y Estados Unidos—.
Además, tanto Merkel como Cameron pertenecen a partidos políticos de centro-derecha y tienen buena química personal. A pesar de que Cameron retiró a su Partido Conservador de la alianza del Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo —el grupo al que pertenece la Unión Demócrata Cristiana de Merkel—, la canciller alemana se ha esforzado por mantener estrechos vínculos personales con su homólogo de Downing Street.
Entonces, ¿qué ha salido mal en los últimos años? Inevitablemente, la respuesta radica en sus percepciones muy distintas sobre el rumbo que debe tomar la UE. Dicho de la forma más sencilla, Cameron ve la UE como un problema, mientras que ella la ve como una solución. Él quiere que se devuelvan más competencias a Westminster y que haya «menos Europa». Merkel considera que la UE y una integración más estrecha en la eurozona pueden ofrecer una solución a las crisis actuales. Está a favor de «más Europa». Sus posturas siempre son difíciles de conciliar.
El motivo oficial de la visita de la canciller a Londres es tratar el orden del día de la próxima cumbre del G7, que se celebrará en Alemania en junio. Eso significa centrarse en la situación de la economía mundial, las medidas contra el cambio climático y cómo abordar la cuestión de Rusia. El motivo extraoficial es que permitirá a Cameron demostrar su buena relación con la política más poderosa de Europa antes de las elecciones generales de mayo, pero con suficiente antelación para que no resulte políticamente embarazoso para Merkel.
Coinciden en gran medida en la política hacia Rusia, pero incluso en este asunto se impone la cuestión de la UE. Ambos consideran que la intervención de Vladimir Putin en Crimea y el este de Ucrania es peligrosamente desestabilizadora, y ambos han respaldado la imposición de sanciones en respuesta, con Merkel al frente y Cameron apoyándola. En privado, el primer ministro británico admite que, de no ser por la UE, habría sido imposible acordar una política común hacia Moscú. Pero en público no lo dirá, por temor a enfadar a sus diputados euroescépticos de las bancadas traseras.
El único asunto que ambos desearían resolver —la agenda de reformas de la UE que Cameron intentará negociar en Bruselas antes de convocar el prometido referéndum sobre la permanencia británica, y hasta qué punto lo respaldará Merkel— probablemente quedará en segundo plano. Es sencillamente demasiado arriesgado concretar en vísperas de unas elecciones.
Pero la canciller querrá tener garantías de que Cameron no se verá obligado a hacer promesas electorales sobre la reforma de la UE que sabe que no puede cumplir. Cuestionar el principio de la libre circulación de los ciudadanos de la UE es una de ellas. Emprender una renegociación importante de los tratados de la UE es otra.
En Berlín se dice que Merkel hará «todo lo que pueda» para garantizar que el Reino Unido siga siendo miembro de la UE. Pero hay una advertencia: no puede aspirar a emular a Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y prometer que hará «todo lo que sea necesario». El primer ministro haría bien en prestar atención a esta advertencia si espera presentar un paquete de reformas aceptable para someterlo a un referéndum en el Reino Unido.
Este artículo se publica en colaboración con Chatham House. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Qunetin Peel es investigador sénior Mercator del Programa de Europa.
Imagen: El primer ministro británico David Cameron (D) acompaña a la canciller alemana Angela Merkel durante su visita al Museo Británico en Londres, el 7 de enero de 2015. REUTERS.

