2017 será un año decisivo para Europa. Esto es lo que lo marcará

European Union flags fly outside the European Commission headquarters in Brussels June 15, 2005. The EU budget battle and salvaging the proposed constitution will top the summit agenda for the 25-nation bloc when it meets on June 16-17 at its Brussels headquarters. UNICS REUTERS/Thierry Roge THR/CCK - RTREFSU
2017 will be an important year for Europe.Image: REUTERS/Thierry Roge
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Tras el impacto del referéndum sobre el Brexit en el Reino Unido y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2016, este será un año decisivo para Europa. Las próximas elecciones parlamentarias en Francia, Alemania, los Países Bajos y, posiblemente, Italia determinarán si la Unión Europea se mantiene unida o se desintegra bajo la ola neonacionalista que recorre Occidente.

Mientras tanto, las negociaciones del Brexit comenzarán en serio y ofrecerán un anticipo del futuro de la relación entre la UE y el Reino Unido. Y es posible que algún día se recuerde la investidura de Trump, el 20 de enero, como un momento decisivo para Europa.

A juzgar por las declaraciones anteriores de Trump sobre Europa y su relación con Estados Unidos, la UE debería prepararse para conmociones profundas. El presidente electo de Estados Unidos, exponente del nuevo nacionalismo, no cree en la integración europea.

En esto cuenta con un aliado: el presidente ruso, Vladímir Putin, que lleva mucho tiempo intentando desestabilizar la UE al apoyar a fuerzas y movimientos nacionalistas en sus Estados miembros. Si la Administración Trump apoya esos esfuerzos o hace la vista gorda, la UE —atrapada entre los troles rusos y Breitbart News— tendrá que prepararse para tiempos verdaderamente difíciles.

Las consecuencias para la UE serán aún más graves si, además de establecer una nueva base para la relación de Estados Unidos con Rusia, Trump sigue poniendo en duda la garantía de seguridad estadounidense para Europa. Una medida así iría en detrimento de la OTAN, que ha institucionalizado el paraguas de seguridad de Estados Unidos durante más de seis décadas. De pronto, los europeos se encontrarían solos frente a una Rusia que ha recurrido cada vez más a medios militares para desafiar fronteras, como en Ucrania, y reafirmar su influencia —o incluso su hegemonía— sobre Europa Oriental.

Pronto sabremos qué le depara el futuro a la OTAN, pero ya se ha causado mucho daño. Las garantías de seguridad no son solo una cuestión de equipamiento militar. Quien las ofrece también debe transmitir un mensaje creíble de que está dispuesto a defender a sus aliados cuando sea necesario. Por tanto, estos acuerdos dependen en gran medida de factores psicológicos y de la fiabilidad de un país tanto ante sus amigos como ante sus adversarios. Cuando esa credibilidad se ve dañada, aumenta el riesgo de provocaciones y, con ello, la amenaza de que estas escalen hasta convertirse en crisis mayores o incluso en un conflicto armado.

Ante este riesgo, la UE debería ahora reforzar lo que le queda de su relación con la OTAN y centrarse en salvar su propia integración institucional, económica y jurídica. Pero también debería contar con que sus Estados miembros ofrezcan una segunda opción en materia de seguridad.

La propia UE se basa en el poder blando: no fue concebida para garantizar la seguridad europea y, en su forma actual, no está preparada para afrontar un desafío de poder duro. Esto significa que corresponderá a sus dos países más grandes y económicamente más fuertes, Francia y Alemania, reforzar la defensa de Europa. Otros países como Italia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo, España y Polonia también tendrán un papel, pero Francia y Alemania son indispensables.

Por supuesto, vivir en la Europa continental implica tener a Rusia como vecina, y las relaciones de buena vecindad, en términos generales, deberían basarse en la paz, la cooperación y el respeto mutuo (sobre todo cuando el vecino es una potencia nuclear). Pero los europeos no pueden hacerse ilusiones sobre las intenciones de Rusia. El Kremlin aborda la política exterior como un juego de suma cero, lo que significa que siempre dará prioridad a la fuerza militar y al poder geopolítico frente a los acuerdos de seguridad cooperativa.

Rusia no considera que la debilidad o la ausencia de una amenaza por parte de sus vecinos sean una base para la paz, sino una invitación a ampliar su propia esfera de influencia. Por eso, la asimetría de poder en Europa Oriental solo conducirá a la inestabilidad. Si Europa quiere una paz estable y duradera, primero debe asegurarse de que la tomen en serio, algo que claramente no ocurre hoy. Europa solo podrá reforzar su seguridad de forma creíble si Francia y Alemania trabajan juntas con el mismo objetivo, algo que tendrán la oportunidad de hacer después de sus elecciones de este año.

Los diplomáticos de la UE solían comentar en voz baja y extraoficialmente que Alemania y Francia nunca se pondrían de acuerdo en cuestiones militares y financieras debido a sus distintas historias y culturas. Pero si las condiciones de seguridad empeoran, puede que ya no sea así. De hecho, alcanzar un compromiso a ambas orillas del Rin no debería ser tan difícil: sin duda, Francia tiene experiencia para liderar en materia de defensa, y lo mismo puede decirse de Alemania en asuntos financieros.

Si la búsqueda de esta opción europea de seguridad lleva a Estados Unidos a renovar su propia garantía de seguridad, tanto mejor. Mientras tanto, la UE también debería forjar un acuerdo estratégico de cooperación con el Reino Unido para la etapa posterior al Brexit, ya que su posición geopolítica y sus intereses de seguridad seguirán siendo los mismos.

La antigua UE se convirtió en una potencia económica porque estaba protegida bajo el paraguas de seguridad estadounidense. Pero, sin esa garantía, solo podrá afrontar sus realidades geopolíticas actuales desarrollando su propia capacidad para proyectar poder político y militar. Seis décadas después de que el Tratado de Roma estableciera la Comunidad Económica Europea, la historia y los acontecimientos actuales están impulsando a Francia y Alemania a volver a moldear el futuro de Europa.

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