En el mundo de la salud internacional y el desarrollo, está tomando forma un nuevo modelo. La estructura tradicional de las agencias de ayuda de Suecia, Estados Unidos y otros países donantes, que destinan sus propios recursos, herramientas y programas a las comunidades africanas, se está transformando por cambios drásticos en los paradigmas económicos globales. Los datos demográficos y los niveles de vida están cambiando, al igual que las políticas y los supuestos que orientan el desarrollo de nuevas tecnologías y mercados comerciales. Sorprendentemente, los cambios más importantes no tienen su origen en crisis económicas, sino en las tendencias positivas generadas por un mundo más sano y cada vez más conectado que se está desarrollando.
Esta semana, el Foro Económico Mundial pone el foco en África, donde casi la mitad de los países han alcanzado el estatus de ingreso medio, pero el continente sigue enfrentando una desigualdad creciente, un desempleo generalizado y precios de las materias primas volátiles. Estoy en Sudáfrica para visitar los proyectos de salud infantil que dirige mi organización, PATH, y también estoy aquí para trabajar con líderes de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil en la definición de estrategias que permitan profundizar en la sostenibilidad del desarrollo de África mientras el continente sigue transformándose al ritmo de un crecimiento acelerado.
El primero de estos grandes cambios es que la innovación está ocurriendo en todas partes. Nuevos productos de Brasil llegan a Estados Unidos, la India exporta a países africanos y buenas ideas a lo largo de la cadena de valor de la innovación –desde la investigación y el desarrollo hasta la entrega en el último tramo– surgen en todo el mundo.
En segundo lugar, los cambios de poder en las estructuras económicas, políticas y de innovación están alejando la ayuda y el desarrollo de los modelos del pasado basados en la oferta («constrúyelo y vendrán») para orientarlos hacia una actividad impulsada por la demanda. A medida que muchos países africanos desarrollan sus propias estrategias y capacidades en salud, educación y desarrollo, el mercado de la ayuda se orienta más hacia un negocio de importación. Los programas más eficaces estarán en estrecha colaboración con los líderes de los países a los que sirven, cuando no bajo su dirección.
Este entorno dinámico genera retos y oportunidades para las organizaciones internacionales no gubernamentales (ONGI). Aunque hay muchos actores nuevos y distintos en el ámbito del desarrollo, la experiencia, la pericia técnica, los recursos, las redes y los conocimientos de las ONGI son más indispensables que nunca. Sin embargo, debemos repensar dónde y cómo desplegar nuestra asistencia y apoyo. Debemos ser más cohesionados en nuestros enfoques y centrarnos más en demostrar impacto y valor por el dinero invertido.
También debemos conocer mejor que nunca a nuestros beneficiarios, así como a los líderes de los países que marcan las agendas, y entender cómo podemos trabajar directamente con ellos para generar cambios. Debemos encontrar una forma sólida de vincular las inversiones con proyectos que puedan aprovechar la innovación social y ampliar nuevas ideas para llegar a poblaciones enteras. Y debemos cumplir la promesa de aumentar la escala de las innovaciones capaces de provocar transformaciones reales.
En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, a principios de este año, mantuve numerosas conversaciones con líderes de todos los sectores que creen firmemente que las ONGI son fundamentales para abordar estas cuestiones y orientar el camino a seguir. Existe un claro interés global por alinear inversiones, aprovechar el capital financiero y filantrópico y generar un impacto positivo que beneficie al bien común en África y más allá.
Para PATH y muchas ONGI, nuestra capacidad para tender puentes entre los sectores público, privado y de la sociedad civil mediante alianzas y compromisos sofisticados será clave para lograr un impacto impulsado por la misión. Como ONGI en el dinámico entorno actual, tenemos la oportunidad de encontrar nuevas formas de responder a las voces y los impulsores poderosos que están aquí, en África, para que juntos podamos satisfacer las necesidades de África y guiar un crecimiento sostenible, la competitividad y la resiliencia hacia un futuro más sólido.
Autor: Steve Davis es presidente y director ejecutivo de PATH.
Imagen: Una niña mira el agua del Nilo que sale de una bomba en el este de El Cairo. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh


