El continente africano ha realizado importantes esfuerzos para fortalecer la capacidad de los Estados para prevenir y combatir mejor la proliferación de armas de destrucción masiva y sus medios de lanzamiento; en particular, para impedir que lleguen a manos de actores no estatales, como los terroristas.
Diversas actividades, como la formación, las consultas, la sensibilización y las campañas de concienciación, convergen hacia un mismo objetivo: garantizar que los Estados adopten todas las medidas necesarias para impedir que se adquieran, trafiquen o utilicen armas nucleares, químicas o biológicas (o los materiales necesarios para producirlas).
El Departamento de Paz y Seguridad de la Comisión de la Unión Africana merece reconocimiento por su papel en el desarrollo de un marco para las políticas de no proliferación en el continente.
El nombramiento del jefe de la División de Defensa y Seguridad, el Dr. Tarek Sharif, para ocuparse de asuntos relacionados con la Resolución 1540 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) ha sido un logro importante para la Unión Africana (UA) y ha elevado su perfil en cuestiones químicas, biológicas, radiológicas y nucleares (QBRN).
También cabe reconocer a varias otras organizaciones internacionales por desarrollar alianzas eficaces en el continente y facilitar la creación de capacidades de no proliferación. Entre ellas figuran el Comité 1540 y su Grupo de Expertos, la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, por nombrar algunas. Estos y otros organismos continentales llevan a cabo notables actividades de fortalecimiento de capacidades a nivel nacional, subregional y regional. Algunos Estados no africanos también aportan recursos técnicos y financieros a organismos regionales y subregionales, así como a Estados africanos individuales.
Como afirmó El-Ghassim Wane, director del Departamento de Paz y Seguridad de la Comisión de la UA: «Cuanto más nos impliquemos en asuntos de desarme y no proliferación, más acceso tendremos a recursos para desarrollar nuestras capacidades humanas en materia de aplicación de la ley y en los ámbitos de la ciencia y la tecnología, con miras al desarrollo socioeconómico en los campos de la salud humana y animal, la agricultura y muchos otros».
Aunque el continente sigue afrontando numerosos desafíos socioeconómicos y de seguridad, los Estados africanos tienen el deber de proteger a sus ciudadanos de los riesgos que plantea el posible uso, o la amenaza de uso, de armas de destrucción masiva. La adquisición y el uso de estas armas por grupos terroristas podrían tener consecuencias devastadoras, más graves que las de los atentados terroristas más trágicos que ha sufrido el continente hasta la fecha.
Dado que esos grupos, en África como en otros lugares, recurren sistemáticamente a nuevas técnicas para lograr el máximo impacto mediático, solo cabe suponer que, tarde o temprano, considerarán utilizar armas de destrucción masiva en el continente. De hecho, los conocimientos técnicos y algunos de los materiales necesarios para esas armas ya están al alcance, y los responsables adquirirían de inmediato una notoriedad sin precedentes.
Por lo tanto, sin caer en un pesimismo excesivo, cabría suponer que es solo cuestión de tiempo: un tiempo que debe aprovecharse para elevar el nivel de exigencia en materia de no proliferación y reducir la probabilidad de que los intentos de proliferación tengan éxito.
El riesgo de que se utilicen armas de destrucción masiva con fines terroristas no es la única razón por la que los Estados tienen tanto interés en impedir su proliferación. Demostrar esfuerzos concretos para garantizar que equipos, materiales y tecnología sensibles destinados a fines legítimos no caigan en las manos equivocadas genera confianza y facilita las alianzas económicas, industriales y estratégicas.
Los inversores extranjeros evalúan cada vez más si existen medidas eficaces para impedir el uso indebido de bienes de doble uso. Ningún grupo farmacéutico querría ver su marca asociada al desarrollo de armas biológicas, y ningún fabricante de drones civiles querría que sus sistemas se utilizaran para dispersar agentes químicos.
Las comunidades económicas regionales (CER) y los mecanismos regionales (MR) de prevención, gestión y resolución de conflictos están adquiriendo actualmente mayor protagonismo en asuntos de no proliferación, lo cual constituye otra tendencia positiva. Esto debería marcar una diferencia significativa, ya que los esfuerzos colectivos a nivel subregional siempre ofrecen los mejores resultados.
Los numerosos avances positivos que se están produciendo en el continente para abordar mejor la amenaza de las armas de destrucción masiva no deben eclipsar los desafíos pendientes. A pesar de importantes avances, los Estados africanos siguen afrontando dificultades humanas, técnicas, organizativas y financieras para desarrollar sus capacidades de no proliferación.
En un momento en que las restricciones presupuestarias son la norma en todo el mundo, y no la excepción, es necesario hacer más con menos. Por ello, los proveedores de asistencia tienen la responsabilidad de sincronizar mejor sus programas, ya que con demasiada frecuencia ambas partes consideran que las actividades de asistencia no están suficientemente coordinadas.
El Comité 1540 de la ONU y el Grupo de Trabajo de la Asociación Global, establecido por el Grupo de los Ocho, están bien posicionados para facilitar el intercambio de información entre los proveedores de asistencia y garantizar que se asignen los recursos adecuados a las prioridades correctas. En el continente, la UA, las CER y los MR pueden desempeñar un papel destacado en la estructuración de los debates sobre el fortalecimiento de capacidades QBRN y, así, garantizar que las necesidades de asistencia se expresen y satisfagan adecuadamente.
Este artículo se publica en colaboración con ISS. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Nicolas Kasprzyk es consultor de la División de Amenazas Transnacionales y Delincuencia Internacional, ISS Pretoria.
Imagen: Una mujer reparte pegatinas contra la guerra durante una manifestación y marcha contra las armas nucleares en Nueva York, el 2 de mayo de 2010. REUTERS.

