Las percepciones y las ideas erróneas suelen asociarse, sin duda, con «la crisis del agua». Por ejemplo, a menudo se considera que el África subsahariana es una región árida. Sin embargo, esta idea oculta el hecho de que enormes extensiones del continente africano cuentan con abundantes recursos hídricos; esto puede explicar por qué, de todas las regiones encuestadas por el Foro Económico Mundial, los encuestados africanos situaron el estrés hídrico en un lugar más bajo de su lista de tendencias mundiales para 2015. Aunque la región pueda tener mucha agua, la falta de acceso de la población a un suministro de agua mejorado constituye una crisis actual.
Estos son los dos componentes principales de la crisis del agua: los recursos hídricos y el acceso al agua. Al considerar el concepto de crisis del agua, tendemos a centrarnos en el primero, sobre todo en lugares donde el agua escasea.
Incluso donde los recursos son abundantes, hay millones de personas que carecen de acceso. Por ejemplo, aunque los Emiratos Árabes Unidos cuentan con muy pocos recursos hídricos, disponen de medios financieros para garantizar el suministro de agua limpia. Etiopía, por otro lado, es conocida como la torre de agua de África, pero más de la mitad de su población no tiene acceso a una fuente segura y fiable.
En Asia, la limitación de recursos quizá no sea el factor principal, pero estos pueden agotarse rápidamente dada la alta densidad de población. Las crisis surgen donde hay pobreza y falta de recursos financieros para combatir el problema. En la India, más de 100 millones de personas carecen de acceso a suministros de agua mejorados, y esto se debe principalmente a la pobreza.
Sin duda, el cambio climático será un factor importante en el futuro, pues tendrá un efecto drástico en la distribución del agua. A medida que suba el nivel del mar en Bangladesh, la intrusión de agua salada será muy problemática para el gran número de personas que viven en zonas de baja altitud, especialmente porque la capacidad para tratar el agua es limitada. Si imaginamos vivir en una zona con abundante agua que se ve sometida a estrés hídrico en el transcurso de una década, es fácil prever que las crisis surgirán rápidamente.
A medida que aumente el estrés hídrico en todo el mundo, habrá consecuencias políticas. ¿Veremos a gobiernos vecinos, como los de Pakistán y la India, cooperar o generar más tensiones para apoderarse de los recursos?
Los gobiernos deben desempeñar un papel central. Para empezar, el tratamiento y la distribución del agua en zonas urbanas constituyen un monopolio natural, ya que no tiene sentido construir varias redes de tuberías de distintas empresas. En muchos países desarrollados, hay mayor voluntad financiera y política de invertir en infraestructuras a largo plazo; en cambio, en los países en desarrollo no es raro que las empresas de servicios públicos carezcan de medios para invertir en infraestructuras a largo plazo, y a menudo los pobres quedan excluidos cuando estas infraestructuras no llegan a los barrios marginales.
Nuestro trabajo en Water.org demuestra que incluso las personas que viven en la base de la pirámide económica pueden ser clientes. Aunque creemos que el acceso asequible al agua es un derecho humano fundamental, los pobres pueden dar un paso hacia nosotros si les ofrecemos acceso a las herramientas financieras adecuadas, como los microcréditos, y la posibilidad de conectarse a la infraestructura de suministro de agua.
El informe Panorama de la Agenda Global 2015 ya está disponible.
Autor: Gary White es director ejecutivo y cofundador de Water.org, una organización sin ánimo de lucro dedicada a empoderar a las personas del mundo en desarrollo para que obtengan acceso al agua potable y al saneamiento.
Imagen: Palestinos llenan recipientes con agua de grifos públicos en Beit Lahiya, cerca de la frontera entre Israel y el norte de la Franja de Gaza, el 25 de febrero de 2014. REUTERS/Mohammed Salem

