Este año, Sudáfrica celebrará 25 años de democracia, celebrará sus sextas elecciones nacionales democráticas y acelerará el proceso de recuperación y crecimiento económicos.
En el último cuarto de siglo, el país ha logrado avances extraordinarios en la ampliación de las oportunidades para su población, la mayoría de la cual aún vive con los efectos del sistema del apartheid. Millones de sudafricanos pobres han recibido viviendas, apoyo social, electricidad y agua. La clase media negra ha crecido significativamente y se ha ampliado el acceso a la atención sanitaria y la educación.
Sin embargo, durante la última década, el crecimiento ha sido lento, los avances en varios ámbitos se han estancado y la corrupción ha socavado instituciones públicas clave y empresas estatales. Hay más sudafricanos empleados que nunca, pero nuestros niveles de desigualdad siguen estando entre los más altos del mundo.
En el último año, hemos tomado medidas firmes para corregir esta situación. Como resultado, el país está saliendo ahora de un período de estancamiento económico e incertidumbre política y ha entrado en una nueva era de renovación en apoyo de nuestras ambiciones de crecimiento.
Contamos con una base sólida sobre la que construir. El alto nivel de industrialización de Sudáfrica, nuestra posición como centro manufacturero clave y destino de servicios en el continente africano, y nuestro sólido sector financiero son grandes atractivos para los inversores.
Además, somos uno de los países de África con más recursos tecnológicos. Ocupamos sistemáticamente puestos destacados en capacidad de ancho de banda de internet y penetración de banda ancha, y tenemos una de las tasas de suscripción de telefonía móvil más altas del continente.
Ya sea en la minería, la manufactura, la agricultura, la confección y los textiles, los servicios, el turismo o la economía oceánica, la economía de Sudáfrica es tan diversa como sofisticada. Nuestra ambición es diversificar aún más nuestra cesta de exportaciones y avanzar hacia una mayor productividad y una competitividad global reforzada.
Somos conscientes de los graves errores de política que llevaron a nuestra economía al estancamiento y del efecto que la corrupción y el clientelismo político han tenido en la confianza pública.
Pero el panorama político y económico de Sudáfrica ha mejorado enormemente. Hace un año expuse planes ambiciosos para reactivar nuestra economía, recuperar la confianza empresarial, combatir decididamente la corrupción y lograr que nuestra gente vuelva a trabajar.
Hemos logrado avances significativos. Como parte de una ambiciosa iniciativa para captar 100.000 millones de dólares en nuevas inversiones en cinco años, nombré a cuatro enviados de inversión y reuní un equipo especializado para movilizar y facilitar las inversiones. A pocos meses de iniciado este camino, los compromisos de más de 6.000 millones de dólares demuestran que los inversores confían en el conjunto de medidas de reforma que hemos puesto en marcha.
El Gobierno trabaja con las comunidades empresariales local e internacional, los trabajadores, la sociedad civil y otras partes interesadas para impulsar nuestra recuperación económica. Estos interlocutores sociales también han acordado una serie de medidas para crear nuevos empleos y proteger los existentes.
Nos comprometimos a restablecer la buena gobernanza, combatir la corrupción y recuperar la confianza en nuestras instituciones públicas. Se han creado comisiones de investigación para examinar la captura de instituciones gubernamentales y entidades estatales clave por intereses privados. Hemos nombrado nuevos consejos de administración y equipos directivos para estas entidades y hemos comenzado a encauzar decididamente su recuperación.
Los esfuerzos por inaugurar una nueva era de rendición de cuentas están dando fruto. Se está estabilizando el servicio estatal de recaudación de impuestos, pieza vital de la economía. También se está recuperando la confianza en el sistema de justicia penal mediante el nombramiento de nuevos equipos directivos.
Hemos avanzado de manera importante en la resolución de la incertidumbre y la falta de coherencia en materia de políticas. Tras consultar con todas las partes interesadas, hemos revisado la política minera del país, equilibrando la necesidad de crecimiento con la necesidad de transformar el sector. Tras años de demora, por fin está sobre la mesa un plan que define la combinación energética del país hasta 2050.
Hemos iniciado un proceso para allanar el camino hacia una reforma agraria más rápida y sostenible, esencial para aportar certidumbre y previsibilidad en materia de políticas y respaldar el crecimiento estable de nuestra economía. Este diálogo en curso entre los distintos sectores de nuestra sociedad puede dar lugar a una solución integral y sostenible para una cuestión que ha dividido a nuestra nación durante siglos.
Estamos comprometidos con llevar adelante las reformas económicas y políticas necesarias para recuperar la confianza de nuestros ciudadanos, así como de los inversores nacionales e internacionales.
Mientras la agitación política azota el mundo, Sudáfrica vuelve a destacar como un faro de esperanza y cooperación en un nuevo orden mundial. Los destinos económicos de todas las naciones siguen entrelazados y, como puente entre el mundo en desarrollo y el desarrollado, Sudáfrica ofrece una visión renovada de un futuro de prosperidad compartida.

