¿Debería Grecia prepararse para el Grexit?

¿Debería Grecia prepararse para el Grexit?
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En los juegos estratégicos, los puntos de amenaza determinan el resultado. En las negociaciones entre Grecia y sus acreedores, el punto de amenaza siempre fue el Grexit. Los griegos podían marcharse y dejar una cuantiosa factura pendiente. Los acreedores podían cortar el flujo de efectivo. Pero, por supuesto, los puntos de amenaza deben ser creíbles, y los griegos no estaban preparados para el Grexit.

No se imprimieron billetes de dracma, no se acuñaron monedas, no se prepararon algoritmos bancarios y, lo que es crucial, no había legislación lista para redenominar los contratos. Por otro lado, el señor Schäuble había indicado desde hacía tiempo que el Grexit era su opción preferida y la canciller empezó a hablar de asistencia humanitaria. El presidente de la Comisión afirmó audazmente que se habían elaborado planes de contención. Al suspender la nueva provisión de liquidez y, con ello, forzar el cierre de los bancos, el BCE dio a los griegos una muestra de lo que podía significar el Grexit.

La única cuestión era si los acreedores estaban dispuestos a recurrir a una medida tan agresiva. La ferocidad de las condiciones impuestas a Grecia ha demostrado que sí, y más aún.

¿Qué ocurre ahora?

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha indicado claramente que no cree que estas condiciones vayan a traer nada bueno a su país; por tanto, de un modo u otro, Grecia no cumplirá. Los acreedores están decididos a imponer sus condiciones. Un nuevo enfrentamiento es inevitable. Si no quiere sufrir otra derrota humillante, Tsipras debería empezar a prepararse.

Hay un abismo de diferencia entre una salida precipitada por el pánico y una ruptura cuidadosamente preparada y gestionada.[1]

  • A juzgar por la experiencia de Argentina en 2001, el Grexit apunta a ser un desastre (Levy-Yeyati 2012), Cavallo 2015).

  • A juzgar por la ruptura de Checoslovaquia, quizá no sea así.

La preparación marcará la diferencia. Salir de la eurozona es mucho más complicado que una devaluación, y hay que hacer muchas cosas para aprovechar los beneficios del cambio de régimen.

Lista de tareas para preparar la salida

Lo más obvio es preparar la infraestructura. Imprimir billetes y producir monedas que se acepten en las máquinas expendedoras, distribuirlos de antemano por todo el país y redactar la legislación que definirá la nueva moneda de curso legal y la transición entre el euro y la dracma. Los bancos también tendrán que prepararse. Se trata de una tarea conceptualmente sencilla, que ya se realizó hace una década en sentido inverso, por lo que existe el conocimiento necesario. Sin embargo, requiere meses para completarse. En ese sentido, es una tarea urgente.

Hacer que la depreciación funcione

Más difíciles son las condiciones previas para que el nuevo régimen tenga éxito. Cuando el peso argentino se desvinculó del dólar estadounidense, perdió enseguida casi la mitad de su valor, lo que desencadenó una inflación elevada, un enorme impuesto para los sectores más pobres de la sociedad. No tiene por qué ocurrir así, aunque una depreciación ayudaría mucho.

Sabemos por Eichengreen y Sachs (1985) que el momento en que los países salieron de la Gran Depresión estuvo determinado en gran medida por la rapidez con que abandonaron el patrón cambio oro. Recuperar la flexibilidad del tipo de cambio podría crear una condición previa crucial para la recuperación económica, pero eso no bastará. La economía debe estar preparada para beneficiarse del cambio. Esto requiere tres pasos preliminares:

  • Evitar el conocido círculo vicioso de depreciación e inflación.

El Banco de Grecia debe recibir un mandato claro y plena independencia para actuar en consecuencia. Las metas de inflación son actualmente la práctica más avanzada, y las condiciones para la independencia están bien establecidas. Los responsables del banco central deben poder navegar aguas turbulentas con una combinación de determinación y flexibilidad. La red de los viejos amigos no servirá en absoluto.

El modelo británico de un comité de política monetaria (MPC, por sus siglas en inglés), que incluye funcionarios internos de competencia intachable y miembros externos con excelentes aptitudes analíticas, parece ser el modelo adecuado. Hay suficientes economistas monetarios griegos de primer nivel, tanto en Grecia como en el extranjero, para formar un MPC de primera categoría. Deben empezar a trabajar de inmediato para definir una estrategia y trazar cómo puede aplicarse.

  • Crear las condiciones para que la devaluación sea eficaz.

Se entiende que los mercados de bienes no funcionan correctamente y que esto ha limitado desde hace tiempo la capacidad de Grecia para ser un exportador competitivo en las industrias donde tiene ventajas comparativas. Numerosos estudios han indicado qué debe hacerse (Papaioannou et al. 2015) y en qué orden (Campos y Coricelli 2015).

Entre las condiciones impuestas por los acreedores hay varias reformas prometedoras. Al gobierno griego le convendría aplicar las reformas importantes —con lo que se daría cierto margen de maniobra frente a sus acreedores— en el orden adecuado, e ignorar las absurdas, como abrir las tiendas los domingos o malvender los activos estatales. Tener estas reformas bien encaminadas para cuando llegue el Grexit marcará toda la diferencia entre el éxito y el fracaso.

  • El nuevo régimen cambiario debe ser compatible con la pertenencia a la UE.

Los tratados exigen que los países miembros que no tengan una excepción se incorporen a la eurozona con el tiempo. Muchos países que pueden incorporarse a la eurozona (por ejemplo, la República Checa, Hungría, Polonia y Suecia) incumplen alegremente esta obligación sin que el resto de la UE tome represalias. Grecia debe elaborar su estrategia para sumarse a ellos.

Resolución bancaria

Habrá que resolver los bancos con prontitud y, si es posible, sin coste para los contribuyentes. La Directiva de Reestructuración y Resolución Bancaria (BRRD) representa la práctica más avanzada. Lamentablemente, aún no se ha incorporado a la legislación griega. Es fácil hacerlo: la directiva ya está disponible. También hace falta un protocolo preliminar entre el banco central y el Tesoro. El banco central tendrá que aportar el efectivo, pero el Tesoro debe garantizar las posibles pérdidas.

Deuda y disciplina fiscal

Para no depender de los préstamos oficiales y de las condiciones que los acompañan, Grecia debe recuperar el acceso a los mercados y, a partir de entonces, mantener la disciplina fiscal. Se requieren varios pasos:

  • Es evidente que Grecia tendrá que incurrir en impago, pero deberá hacerlo con cuidado.

Junto con la depreciación, este es un requisito necesario para la recuperación.[2] Hay que atender la deuda con el FMI, porque quizá siempre se necesite al FMI, aunque solo sea para recibir asistencia técnica. No se debería dejar de pagar la deuda con el sector privado, aunque solo sea porque gran parte de ella pertenece a instituciones financieras griegas; no tiene sentido cancelar esas deudas y luego pedir préstamos para recapitalizar los bancos. El resto de la deuda se debe a diversas instituciones y gobiernos europeos. Habrá que cancelarla por completo. Esta es la parte fácil.

La parte más difícil será llegar a un acuerdo. Como es bien sabido (Levy-Yeyati y Panizza 2011), los acreedores siempre empiezan indignados y convencidos de que recuperarán el dinero perdido. Sin embargo, con el tiempo —y tampoco hace falta mucho— reconocen que lo pasado, pasado está, y la negociación se vuelve posible. Grecia debe prepararse para esas negociaciones futuras. Los bonos Brady son un ejemplo; hay otros.[3]

  • Recurrir a los mercados para endeudarse es óptimo en tiempos difíciles, pero no puede convertirse en una forma de vida.

Tanto si Grecia pertenece a la eurozona como si no, la restricción presupuestaria no es una opción, sino una obligación. Es de esperar que Grecia haya aprendido a no confiar en los banqueros y otros inversores que sonríen y prestan de forma irresponsable en los buenos tiempos, solo para retirarse y buscar la protección de sus autoridades en los malos. Muchos países han adoptado marcos sólidos que combinan una regla sencilla con cierto margen de discreción en manos de un consejo independiente (Wyplosz 2011). Eslovaquia y el Reino Unido ofrecen buenos modelos, y deben extraerse lecciones del fiasco húngaro (Kopits, 2012).

Asesoramiento

Preparar al país para un Grexit exitoso es una tarea enorme. Requiere competencias que probablemente no abundan hoy en Grecia. Además, es una tarea que debe empezar de inmediato y avanzar a un ritmo inusualmente rápido. No puede ser un proceso de ensayo y error.

El gobierno griego necesita asesoramiento de personas de gran calidad y experiencia. Muchas de las mejores trabajan en el FMI, pero recurrir a ellas podría ser demasiado delicado políticamente. Sin embargo, los griegos podrían aprovechar los amplios conocimientos del numeroso grupo de antiguos empleados del FMI que aún están dispuestos a colaborar. Muchos están descontentos con el desempeño del Fondo. Otro recurso son los antiguos funcionarios de países que atravesaron experimentos similares, así como el pequeño ejército de excelentes economistas académicos griegos. El gobierno debería evitar la conocida trampa de pedir ayuda a bancos y consultoras, que tienen objetivos institucionales ocultos, también de índole comercial.

Administración

Es notorio que la administración griega está muy mal preparada para llevar a cabo reformas, por una serie de razones no especificadas que incluyen la corrupción, el corporativismo, el nepotismo y la incompetencia. Las decisiones mejor meditadas seguirán siendo teóricas si no llegan a los distintos niveles de la administración para ejecutarse como se pretende. Arreglar una administración disfuncional lleva años. Organizaciones internacionales como la OCDE y el Banco Mundial pueden prestar asistencia técnica, pero el proceso será demasiado lento. Grecia debería aceptar que necesita incorporar expertos extranjeros de forma temporal. Estos expertos deberían trabajar con jóvenes griegos talentosos, recién contratados y seleccionados por méritos, no por vínculos familiares.

Si quieres la paz, prepárate para la guerra

Debe quedar claro que el Grexit sigue siendo una opción desastrosa, pero se ha convertido en la opción por defecto tanto para Grecia como para sus acreedores. Prepararse para el Grexit no significa salir de la eurozona. Quizá paradójicamente, un punto de amenaza creíble podría ofrecer un mejor resultado tanto para Grecia como para sus acreedores. El objetivo del ejercicio debería ser hacer del Grexit una solución plausible y, después, no llevarlo a cabo.

Referencias

Campos, N. F. y F. Coricelli (2015), «Reformar Grecia», VoxEU, 17 de julio.

Cavallo, D. (2015), «Mirar a Grecia en el espejo argentino», Vox EU, 15 de julio.

Eichengreen, B. (2010), «La ruptura de la zona del euro», en A. Alesina y F. Giavazzi (eds.), Europe and the Euro, The University of Chicago Press: 11-51.

Eichengreen, B. y J. Sachs (1985), «Tipos de cambio y recuperación económica en la década de 1930», Journal of Economic History XLV(4): 925-946.

Kopits, G. (2012), «¿Puede reconciliarse la soberanía fiscal con la disciplina fiscal?», Acta Oeconomia 62(2): 141-160.

Levy-Yeyati, E. (2011), «Cómo salió Argentina de su eurozona», VoxEU, 2 de octubre.

Levy-Yeyati, E. y U. Panizza (2011), «Los esquivos costes de los impagos soberanos», Journal of Development Economics 94(1): 95-105.

Mody, A. (2013), «Deuda soberana y su marco de reestructuración en la zona del euro», documento de trabajo 05, BRUEGEL.

Papaioannou, E., R. Portes y L. Reichlin (2015), «Grecia: en busca de un camino a seguir», VoxEU, 19 de junio.

Reinhart, C. (2015), «Lecciones para Grecia: conversiones forzosas de moneda de 1982 a 2015», VoxEU, 09 de julio.

Reinhart, C. y C. Trebesch (2014), «Alivio de la deuda soberana y sus consecuencias: las décadas de 1930 y 1990, ¿y el futuro?», VoxEU, 21 de octubre.

Wyplosz, C. (2011), «Disciplina fiscal: reglas en lugar de instituciones», National Institute Economic Review 217, R19-R30.

Nota final

[1] Eichengreen (2010) establece paralelismos y diferencias entre la ruptura de Checoslovaquia y la situación en la eurozona.

[2] Reinhart y Trebesch (2014) nos recuerdan que, históricamente, los impagos han ido seguidos de recuperaciones. Reinhart (2015) nos recuerda que las autoridades siempre tardan demasiado y expone los desafíos de las quitas de deuda exitosas.

[3] Mody (2013) ofrece una revisión reciente de las opciones.

Este artículo se publica en colaboración con Vox EU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Charles Wyplosz es profesor de Economía Internacional en el Graduate Institute de Ginebra, donde dirige el International Centre for Money and Banking Studies.

Imagen: El Parlamento griego aparece detrás de unas banderas puestas a la venta durante una manifestación contra la austeridad organizada por el mayor sindicato del sector público del país, ADEDY, en Atenas, Grecia. REUTERS/Yannis Behrakis

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