Durante mucho tiempo, los tiburones han sido retratados como devoradores de hombres, una amenaza para cualquier nadador lo bastante valiente (o insensato) como para compartir el agua con ellos. Pero esta representación no podría estar más alejada de la realidad. De hecho, los tiburones son extremadamente vulnerables, y sus poblaciones, en disminución en gran medida por el comportamiento humano, necesitan con urgencia una protección mundial.
Es cierto que en los últimos años se han realizado muchos esfuerzos loables para proteger a los tiburones. Una campaña encabezada por la organización estadounidense Wild Aid ha contribuido a una fuerte caída de la demanda de aleta de tiburón en toda Asia. China, por ejemplo, ha prohibido la sopa de aleta de tiburón, un manjar tradicional, en las cenas y actos oficiales del gobierno, una medida que contribuyó a una caída del 30 % en las ventas de aleta de tiburón desde diciembre pasado hasta abril. En la ciudad sureña de Guangzhou, centro del comercio de aleta de tiburón de China, los vendedores han informado de un descenso del 82 % en las ventas durante los últimos dos años.
No debería ser difícil incitar a los países a tomar medidas para proteger sus poblaciones de tiburones, dado que el valor económico de un tiburón se desploma cuando es matado. Un estudio del Australian Marine Institute reveló que la industria del buceo con tiburones de Palaos vale mucho más que su industria de pesca de tiburones. Un solo tiburón de arrecife que frecuenta los principales lugares de buceo de Palaos vale aproximadamente 179 000 dólares al año, o 1,9 millones de dólares a lo largo de su vida; el mismo tiburón valdría unos 108 dólares muerto.
Del mismo modo, la industria del buceo con tiburones ha generado unos 110 millones de dólares anuales para Tailandia, 22 millones para las Islas Canarias y la enorme cifra de 800 millones de dólares para las Bahamas en los últimos 20 años. No es difícil entender por qué permitir que los pescadores diezmen las poblaciones de tiburones de estos países sería contraproducente.
La creación de zonas protegidas y de corredores para la migración de los tiburones también es importante. El mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama amplió el límite marítimo del Monumento Nacional Marino de las Islas del Pacífico Remoto, desde 50 millas hasta el límite de 200 millas, fusionando de hecho los parques nacionales de la región en una enorme área protegida en la que la pesca comercial está prohibida.
Se han creado zonas protegidas similares en los últimos años en Palaos, Micronesia, Indonesia y las Maldivas. Pero el nuevo santuario del Pacífico —con una superficie equivalente a la suma de Texas, California, Montana y Arizona— podría ser la zona de este tipo más grande del mundo.
Aunque estas medidas son sin duda pasos positivos, ningún país que actúe por su cuenta puede garantizar una protección adecuada de las poblaciones de tiburones. Después de todo, los tiburones son viajeros globales; no respetan los límites de las zonas económicas exclusivas, las áreas protegidas ni las aguas territoriales de los países. Los esfuerzos para proteger a los tiburones no pueden ser realmente eficaces sin una acción internacional coordinada.
Esa acción no solo debe tener como objetivo proteger directamente a las poblaciones de tiburones; también debe abordar las principales amenazas para los tiburones, como el comercio ilegal, la captura accidental y la sobrepesca.
Consideremos el cambio climático. Un estudio reciente del Centro de Oceanografía de la Universidad de Lisboa informa de que la acidificación por las emisiones de CO2 podría provocar una disminución de hasta el 40 % de la población mundial de tiburones para 2100. A eso se suma que ya se pierden más de 73 millones de tiburones individuales cada año, y la situación es claramente insostenible.
Por el momento, no existe un tratado mundial para proteger a los tiburones. Pero ya existen marcos para el desarrollo de medidas internacionales de conservación. La Convención sobre las Especies Migratorias, por ejemplo, tiene un historial de trabajo con los países, así como con organizaciones internacionales, ONG, medios de comunicación y el sector privado, para impulsar una acción coordinada que cumpla las normas internacionales.
El memorando de entendimiento de la Convención sobre la conservación de los tiburones, que enumera siete especies en peligro de extinción, ha atraído hasta ahora a 35 signatarios. El próximo mes, representantes de estos países se reunirán en Quito (Ecuador) para debatir la ampliación de la lista e incluir al tiburón martillo gigante y al tiburón martillo festoneado, al tiburón sedoso, a los tiburones zorro, a los peces sierra y a las mantarrayas mobula. Dado el número de especies de tiburón propuestas, algunos han empezado a referirse a la Conferencia de las Partes de la Convención como la “COP de los tiburones”.
Pero las propuestas deben dar paso a la acción. Las amenazas que enfrentan los tiburones están bien documentadas. Es hora de poner en marcha esfuerzos mundiales concertados para proteger a algunas de las especies más antiguas, más vulnerables y más valiosas de nuestros mares.
Publicado en colaboración con Project Syndicate.
Autor: Bradnee Chambers es el Secretario Ejecutivo de la Convención del PNUMA sobre las Especies Migratorias de Animales Silvestres (PNUMA/CMS).
Imagen: Tiburones ballena nadan junto con otros peces dentro de un tanque, que el acuario afirma que es el más grande del mundo, en el Acuario Okinawa Churaumi, en la localidad de Motobu, en la isla meridional japonesa de Okinawa. REUTERS/Yuriko Nakao.


