Para los refugiados, 2016 fue un año de contradicciones

A displaced Iraqi girl, who fled the Islamic State stronghold of Mosul, stands at Khazer camp, Iraq December 13, 2016. REUTERS/Ammar Awad TPX IMAGES OF THE DAY - RTX2UV15
Fewer migrants, more deaths ... How does the migrant crisis compare to this time last year?Image: REUTERS/Ammar Awad
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Mucho ha cambiado en el año transcurrido desde que escribí un artículo en el que repasaba la crisis de refugiados en Europa en 2015. El artículo destacaba cifras récord de refugiados, principalmente de Siria, distribuidos de manera desigual por un continente que luchaba por hacer frente a la situación.

Si 2015 fue el año de la crisis, 2016 ha sido el año de las contradicciones.

Menos refugiados, más muertes

Unos 360.000 refugiados llegaron a Europa en 2016, casi dos tercios menos que el millón de 2015. Una de las razones es el refuerzo de los controles fronterizos en Europa central y los Balcanes occidentales: Albania, Austria, Bulgaria, Croacia, Hungría, Macedonia y Eslovenia han levantado vallas en respuesta a la afluencia de 2015. Una segunda razón es el controvertido acuerdo entre Turquía y la Unión Europea, que permite a Grecia devolver refugiados a Turquía e incentiva a Turquía a impedir que los refugiados salgan rumbo a Grecia; a cambio, se reasienta directamente en Europa a refugiados procedentes de Turquía.

Y, sin embargo, a finales de octubre, el número de refugiados que se habían ahogado en el Mediterráneo en 2016 ya había superado las 3.771 muertes registradas en 2015. Antes de distraerse demasiado con las estadísticas, deténgase un momento a pensar que unas 4.000 personas se han ahogado en los últimos 12 meses al intentar llegar a un lugar seguro en Europa.

178.882 llegadas por mar, 737 desaparecidosImage: Organización Internacional para las Migraciones

He aquí un buen ejemplo de la ley de las consecuencias imprevistas. La explicación de la discrepancia entre la fuerte reducción del número de refugiados que llegan a Europa y el aumento de quienes se ahogan es que, a medida que se cierran las vías legales de entrada, se abren vías ilegales para sustituirlas. Estas rutas ilegales están dominadas por traficantes que explotan a los refugiados y los hacinan en embarcaciones no aptas para navegar. También parece probable que algunas de las personas que antes habrían cruzado a Europa desde Turquía hasta Grecia por la ruta relativamente segura del mar Egeo estén siendo desviadas ahora hacia el norte de África y la ruta mucho más peligrosa del Mediterráneo.

Las políticas europeas han frenado los flujos, pero no el derramamiento de sangre.

Menos histeria, aún menos perspectiva

En comparación con 2015, también ha habido mucha menos atención de los medios de comunicación y del público a los refugiados en Europa. Una razón, por supuesto, es la reducción de las cifras, aunque no se ha distribuido de manera uniforme: Alemania siguió recibiendo las cifras más altas, mientras que estas descendieron significativamente en Austria, Hungría y Suecia, pero aumentaron en Italia. Otra razón es la fatiga por compasión. Sin duda, en 2016 se ahogaron tantos bebés en el Mediterráneo como en 2015, pero no hubo una reacción pública comparable a la provocada por la muerte de Alan Kurdi en septiembre de 2015.

Pero la menor atención en Europa no se ha traducido en una mayor atención a otras partes del mundo, donde se está desarrollando la verdadera crisis de refugiados. Más del 80 % de los refugiados del mundo se encuentran en países más pobres; y hay muchos más sirios en Jordania, Líbano o Turquía que los que llegaron a toda Europa en 2016. Cada vez más refugiados huyen de Eritrea y Sudán del Sur. Durante 2016, casi medio millón de refugiados afganos se vieron obligados a regresar a su país desde Pakistán.

En otras palabras, en lo que respecta a los refugiados, 2016 supuso el regreso de una máxima: ojos que no ven, corazón que no siente.

Image: Amnistía Internacional

Retórica negativa, acción positiva

Si en 2016 se ha moderado la retórica sobre los refugiados entre el público y los medios de comunicación, desde luego no ha sido así entre algunos políticos. Las vallas fronterizas europeas se han construido sobre los cimientos de una campaña alarmista contra la inmigración. La xenofobia se instrumentalizó tanto durante la campaña del Brexit como durante la campaña presidencial de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la comunidad internacional y el sector privado han redoblado sus esfuerzos durante el último año. El 22 de septiembre, la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes y se comprometió a desarrollar, para 2018, una forma más equitativa de compartir la carga y la responsabilidad respecto de los refugiados.

El sector privado, encabezado por Hikmet Ursek, de Western Union y Hamdi Ulukaya, de Chobani, ha invertido considerablemente en soluciones para los refugiados, desde la inversión social y la filantropía hasta la promoción de causas y la participación en políticas públicas, así como las alianzas y la acción colectiva.

Ante la ausencia de liderazgo político en 2016, ha surgido en otros ámbitos un liderazgo receptivo y responsable.

Los refugiados en 2017: un año de certezas

Si 2015 fue el año de la crisis para los refugiados y 2016 el año de las contradicciones, 2017 debe ser el año de las certezas. Los refugiados necesitan tener la certeza de su derecho a solicitar asilo en condiciones de seguridad. La comunidad internacional necesita tener claro dónde está la verdadera crisis. Los líderes mundiales deben tener la certeza de que cumplirán sus compromisos con la Declaración de Nueva York. El sector privado debe tener la certeza de que seguirá comprometiéndose a actuar desde el ámbito empresarial en favor de los refugiados.

La Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos de este messe centrará de manera muy significativa en los refugiados y el futuro de la respuesta humanitaria. ¿Qué mejor lugar para afianzar las certezas para el año que comienza?

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