En las populares listas de «los 10 mejores» empleos «mejor pagados» o «más atractivos», difícilmente cabe esperar que los empleos agrícolas ocupen alguno de esos puestos. ¿Por qué habrían de hacerlo? Al fin y al cabo, la agricultura es un sector agotador, poco remunerado y desagradablemente incómodo. Es, en todos los aspectos, el tipo de ocupación que nadie elegiría voluntariamente para sí mismo. Pero ¿debería ser así? ¿Es posible cambiar la cara de la agricultura para que acabe figurando en la lista de los empleos más atractivos?
Las cifras son inequívocas: dentro de unos años tendremos una población de 9000 millones de personas. La producción agrícola debe aumentar un 70 % si queremos alimentar a todos. Esto convierte a los trabajadores agrícolas, los agricultores y los jornaleros en los superhéroes del planeta, ya que contribuirán directamente a la supervivencia de la humanidad al proporcionar alimentos. De hecho, si seguimos esa lógica, también deberían ser nuestros superhéroes en el momento presente. Y, sin embargo, resulta muy irónico que las personas que trabajan para producir alimentos sean el grupo demográfico más vulnerable. Más de 2600 millones de personas se dedican a la agricultura, y la mayoría vive en zonas rurales de países en desarrollo. La mayoría vive en la pobreza, con menos de 1 dólar al día. Es especialmente significativo en el contexto africano, y resulta aún más irónico que los propios productores de alimentos sufran en gran medida inseguridad alimentaria.
Esta paradoja pasa factura a la tarea de los «superhéroes» de alimentar al mundo. Como es lógico, la edad media de los trabajadores agrícolas aumenta a medida que los jóvenes se alejan de este sector. Al fin y al cabo, ¿por qué iba a interesar a la gente un empleo de bajo estatus que ofrece escaso rendimiento por el trabajo, poca autonomía o muy pocas perspectivas de desarrollo?
La implicación normativa de esta compleja tendencia es que la agricultura necesita cambiar: no solo debe parecer atractiva, sino también serlo . Y hay muchas formas de lograrlo. En primer lugar, es justo que quienes producen nuestros alimentos no sean meros rostros anónimos de algún país remoto, sino que sepamos quién produjo qué. ¿Por qué no prescindir del intermediario, incorporar tecnología y situar a nuestros productores de chocolate, café y arroz al frente del mercado?
Se necesita un cambio total de actitud: este grupo no debería ser visto como un grupo demográfico vulnerable que necesita ayuda, asistencia y compasión. Este grupo es la fuerza motriz de la raza humana y debería ser reconocido como tal. Imaginemos que cada agricultor y trabajador agrícola se dirigiera al mundo y dijera: «dependes de mí. Soy yo quien te sustenta». ¿No pondría eso las cosas en perspectiva?
Toda nuestra energía y creatividad deberían dedicarse a lograr que la agricultura sea reconocida y valorada: ¿quién no querría ser un superhéroe? Deberíamos renovar la imagen de la agricultura como una empresa para «salvar el mundo», con tecnología y una combinación de técnicas de producción nuevas y tradicionales. Este paradigma podría ser crucial para cambiar la perspectiva sobre África.
Barkha Mossae es defensora del desarrollo sostenible e idealista, y Global Shaper del hub de Port Louis. Ha participado activamente en la capacitación de jóvenes y tiene un interés particular en la modernización de la agricultura.
Crédito de la foto: Barkha Mossae

